“Una mentira que es media verdad es siempre la más negra de las mentiras”.
Alfred Tennyson
No es la primera vez. Cuando encabezaba la Fiscalía de la Ciudad de México, Ernestina Godoy sostuvo la persecución contra Alejandra Cuevas por la muerte de Federico Gertz Manero, hermano del entonces fiscal general de la República.
Cuevas pasó 528 días en prisión. La Suprema Corte terminó concediéndole un amparo liso y llano y ordenó su libertad absoluta e inmediata: la supuesta calidad de “garante accesoria” con la que se le encarceló, simplemente no existía en la ley. Tampoco había pruebas de que hubiera asumido el cuidado del enfermo. La orden de aprehensión y el auto de formal prisión fueron inconstitucionales.
Godoy permitió aquel uso faccioso de la justicia. Naturalmente, lo negó todo. Hoy dirige la FGR y vuelve a construir una verdad oficial con piezas verdaderas acomodadas de forma engañosa.
Eso hizo al informar sobre Fernando Farías Laguna y la red de huachicol fiscal incrustada en la Marina y las aduanas de la 4T. Lo tramposo no está necesariamente en cada dato, sino en el relato: presenta como ofensiva temprana, eficaz y casi consumada lo que fue una estructura criminal que operó durante años desde el Estado comandado por López Obrador y cuyos principales integrantes comenzaron a ser perseguidos tardíamente.
Empecemos por los famosos 340 millones de pesos. Godoy asegura que la Fiscalía recuperó hidrocarburos cuyo valor supera esa cantidad. La cifra es plausible: aproximadamente 18 millones de litros fueron asegurados en Tamaulipas y Ensenada. A precios comerciales, la multiplicación puede aproximarse a esos 340 millones.
Pero eso no significa que la organización haya “perdido” 340 millones de pesos en ganancias, que Hacienda los haya recuperado ni que ese sea el monto de impuestos evadidos. Es, en principio, el valor bruto estimado del producto decomisado. Convertir inventario asegurado en dinero arrebatado al crimen es una pequeña acrobacia contable y una gran operación propagandística. Solo eso.
Tampoco basta afirmar que la investigación comenzó en 2024. Abrir una carpeta, recibir información o escuchar rumores no equivale a investigar eficazmente. Fernando Farías salió de México desde agosto de aquel año; el decomiso que destapó públicamente la estructura ocurrió hasta marzo de 2025; su hermano Manuel Roberto fue detenido en septiembre y Fernando cayó en Argentina hasta abril de 2026. Si ya conocían la red en 2024, ¿qué investigaron? ¿A quién vigilaron? ¿Por qué uno de sus presuntos dirigentes pudo abandonar el país, atravesar Estados Unidos y Colombia e ingresar a Argentina con identidad falsa? “Investigábamos desde 2024” también puede traducirse como “sabíamos desde 2024 y no hicimos absolutamente nada”.
Más artificiosa resulta la reivindicación de la Marina como fuente original de la investigación. Los Farías no eran dos marinos marginales que engañaron a la institución: eran altos mandos, sobrinos políticos del entonces secretario Rafael Ojeda y presuntamente utilizaron el control naval de puertos y aduanas para construir la red. ¿Quién conocía sus operaciones?, ¿quién respaldó sus nombramientos y ascensos?, ¿qué denuncias internas existieron?, ¿por qué Ojeda habló con Gertz, pero —según información publicada— no presentó entonces una denuncia formal?, ¿cómo pudo prosperar semejante estructura dentro de las aduanas militarizadas?
La Marina pudo proporcionar información y, al mismo tiempo, haber albergado, encubierto, ascendido o tolerado a quienes ahora denuncia. Una verdad no borra la otra.
La propia FGR reconoce que todavía busca accionistas, apoderados, socios, enlaces, financiadores y otros servidores públicos. Entonces la red NO está desarticulada: se detuvo a una parte. Si faltan empresarios, distribuidores, lavadores, funcionarios y beneficiarios políticos, falta precisamente el sistema que permitió funcionar al huachicol. Sistema 4T.
Godoy también presenta a Farías como dirigente de la organización. Puede serlo; existen indicios graves y una orden de aprehensión por delincuencia organizada. Pero sigue siendo la hipótesis del Ministerio Público, no una sentencia. La presunción de inocencia, por lo visto, solo apasiona al régimen cuando el investigado pertenece a Morena o pierde la visa estadounidense…
La inconsistencia menor termina por retratar el descuido mayor: la fiscal habla de órdenes y enlaces en seis entidades, pero los reportes enumeran únicamente Tamaulipas, Baja California, Colima, Sonora y Ciudad de México. Cinco. Quizá exista una sexta; entonces debe nombrarla. La aritmética tampoco puede quedar reservada por razones de seguridad nacional. ¿O ya llegamos a esos niveles?
El relato de Godoy es redondo: la Marina detectó, la FGR investigó, el gobierno decomisó, Argentina entregó y los criminales perdieron 340 millones. Mas la historia completa es mucho menos heroica: una red operó dentro de las aduanas militarizadas del obradorismo; uno de sus presuntos jefes salió del país cuando supuestamente ya se investigaba; fue detenido por Argentina y todavía ignoramos cuánto contrabandeó, cuánto robó al fisco, quién lo protegió y hasta dónde llegaban sus vínculos políticos.
Ese es el gran engaño de Ernestina: convertir el valor de lo incautado en ganancia arrebatada; a los detenidos en culpables; una fracción de la estructura en toda la red, y el comienzo del proceso en el final de la historia.
La pregunta no es cómo cayó Farías. Es cómo pudo crecer bajo el mando de la Marina obradorista sin que nadie arriba viera, oyera ni oliera millones de litros de combustible.
Giros de la Perinola
(1) México desistió de la extradición formal y Farías terminó expulsado por Argentina mediante una ruta jurídica cuya explicación sigue incompleta. Fue más rápido, ciertamente. También exige esclarecer qué ocurrió con el juicio de extradición y la solicitud de asilo que aún estaban pendientes.
(2) Ya trajeron a Farías. Falta saber si vino a declarar, a cargar con todos los pecados de la Marina o a protagonizar el próximo “usted disculpe”. En México, detener al incómodo suele ser el principio del espectáculo y el final de la investigación.






