“No hay amenaza más peligrosa para la civilización que un gobierno de incompetentes, corruptos u hombres viles. Los peores males que la humanidad haya tenido que soportar fueron infligidos por los malos gobiernos.”
LUDWIG HEINRICH EDLER VON MISES
Las cosas claras: no se puede ser más porro que Noroña. Y eso ya es decir mucho en el manual del obradorismo (hoy llamado 4t). El hombre convirtió la presidencia del Senado en un ring de barrio: insultos, gritos, reglamentos retorcidos como si fueran ligas baratas. Todo para demostrar que, en efecto, la campanilla de la presidencia de la cámara alta no era instrumento parlamentario sino juguete de macho ¿alfa? en desgracia.
El colmo fue su último numerito: cancelar de un plumazo el debate acordado entre todas las fracciones y salir corriendo con el Himno Nacional como cortina de humo. Un “se acabó la fiesta porque lo digo yo”. El presidente del Senado usando la bandera como barricada personal. ¡Qué patriota! Quizá por eso se le quedará el mote de… cobarde.
Y como en cualquier bronca de secundaria, no podía faltar el otro bando. Alejandro Alito Moreno, priista de catálogo, subió a la tribuna con refuerzos que más parecían guaruras disfrazados de legisladores. Resultado: empujones, gritos y una que otra cachetada guajolotera. México entero convertido en espectador de una pelea de cantina transmitida en vivo.
Lo insólito es lo que vino después: Alito, ¿héroe nacional? ¿#TodosSomosAlito? Pues no, gracias. Pero tampoco se puede negar que, en ese instante, el priista encarnó el repudio contra el oficialismo. Una imagen vale más que mil discursos: el priista enfrentado al matón de Morena…
Y hablando de imágenes deplorables, Noroña diciendo que esta gresca fue para él “como una violación”. ¿Le agregamos tumultuaria, señor Llorona? Sí, lo leyeron bien: ¡una violación! Fernández Noroña hace la banalización más grotesca posible de la violencia sexual contra las mujeres. Esto en boca de quien presume ser progresista. Comparar un manotazo legislativo con el crimen más brutal y silencioso contra millones de mexicanas. ¿Ignorancia o vileza? Difícil escoger.
La presidenta, por supuesto, no tardó en terciar… pero no para condenar semejante exabrupto ni para exigir responsabilidad y seriedad institucional de los de su partido. No. Su instinto fue defender al suyo, a los porros de SU bando. Para Claudia Sheinbaum, el mártir era Noroña. Alejandro Moreno, el villano. ¿Gobernar un país? Eso puede esperar. Lo urgente es salir al rescate de la tribu. De lo que se trata es acumular popularidad, no hacer bien las tareas de la administración pública. ¡Entiendan, no son lo mismo!
Así, Sheinbaum se muestra cada día menos presidenta de todos y cada vez más gerenta de partido (el jefe de jefes sigue siendo AMLO).
La que dijo no iba a meterse en asuntos internos de Morena ahora dedica sus mañanas, tardes y noches a cuidar la imagen de los muchachos que López Obrador le dejó encargados. Ni una palabra sobre la casa millonaria de Noroña, pero sí un sermón contra el priista. El silencio selectivo que desnuda prioridades. Ni de tapadera lo hace bien doña Sheinbaum.
Porque, no nos engañemos, detrás de los sombrerazos hay algo más grave: un Congreso que ya no debate, que ya no concilia, que ya no legisla. Un Congreso que se ha convertido en mera extensión del Ejecutivo, con redes de corrupción que lo atan a otros poderes fácticos del país. El pleito en la tribuna no es síntoma de fuerza: ¡ES la evidencia de la podredumbre!
Y ahí está la presidenta, sonriente, ocupada en defender al señor Llorona. Prefiere ser árbitro parcial en un pleito de gallos que garante de las instituciones. Les repito, todo menos gobernar.
Si de eso se trataba —de montar un espectáculo circense para tapar la corrupción, los acuerdos rotos, los abusos del poder—, lo están logrando. Aplaudan: México se gobierna desde los golpes bajos y las frases histéricas. El futuro convertido en un “por mis pistolas” permanente.
La foto de este sexenio es bien nítida: Sheinbaum celebrando, Noroña de llorona, Alito en papel de héroe improbable. Y el país hundiéndose en el foso que ellos han cavado.
Giro de la Perinola
Y a todo esto, ¿alguien ha visto a Adán Augusto? El exsecretario de Gobernación que ha transmutado de vampiro a fantasma. ¿Será que la estrategia de todos estos desvergonzados es precisamente esa?: Armar el circo para distraer de lo verdaderamente importante: un personaje ligado al narco; un Poder Legislativo domesticado, corrupto hasta la médula y absolutamente sometido a los caprichos de AMLO y compañía.