Antes de entrarle “a la carnita” del asunto, hablemos un poco de los sindicatos. Gracias a las políticas neoliberales, y sobre sobre todo a la visión impuesta por los gobiernos norteamericanos, es una realidad que hoy se vea al sindicalismo como algo “vetusto”, que solamente sirve “para el enriquecimiento de los líderes sindicales”. No descalifico ese punto de vista, pero tampoco voy a aceptar que todo esté perdido.

En nuestro México surrealista, la famosa reforma que iba a combatir el charrismo sindical se quedó en mera simulación, porque los líderes sempiternos ahí siguen, despachando bien a gusto desde sus sindicatos y centrales obreras. Este tipo de sindicalismo anquilosado funciona de maravilla para el discurso neoliberal, que pretende que los trabajadores sigamos desarticulados. Justamente es a la oligarquía del país a quien más le favorece que estemos divididos, para que nada cambie.

Por eso en Estados Unidos, que lamentablemente suele ser el modelo a seguir, su tasa de sindicalización ronda el 10% del total de las empresas que operan por aquellos lares, y eso es justamente lo que en México se busca copiar, tener sindicatos débiles o patronales para mantener a la fuerza trabajadora sometida.

Lo traigo a colación, porque una de las grandes causas del desplome de Boeing fue que decidieron “mover” la fabricación de aeronaves de su base en Seattle, en el estado de Washington, a la ciudad de Charleston, en Carolina del Sur, por una sencilla razón: en dicha planta no existe “el sindicato”.

La nueva planta la pusieron a más de 4,700 kilómetros de distancia de la original porque ven al sindicalismo como un ente maligno que solamente busca “chuparle recursos” a las pobrecitas empresas.

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Sin embargo, si cruzamos el Océano Atlántico la historia es muy diferente. En Europa la gran mayoría de los trabajadores están sindicalizados, y estas asociaciones de trabajadores no son estos entes charros, al contrario, son combativos y siempre están buscando la mejora de las condiciones laborales de sus agremiados.

Esa es justamente la lección que hoy están dando estos trabajadores en huelga, y dejen les cuento. Airbus tiene plantas en Getafe, provincia de Madrid, y en Tablada y San Pablo en Sevilla; el 81% de sus trabajadores han votado a favor de continuar la huelga que mantienen, y eso no es todo, ahora se han sumado también los de Cádiz y Albacete.

Los sindicatos que están a cargo de esta huelga en España son la Unión General de Trabajadoras y Trabajadores (UGT), la Confederación General del Trabajo (CGT) y el Sindicato Independiente de Profesionales (ÚTIL), tal y como lo documenta el medio español “La Vanguardia”. Todos ellos estarían a la espera de nuevas reuniones para saber si continúan presionando a Airbus; mientras la fabricante de aviones ha informado a través de un comunicado de su última oferta, en la que busca responder a las necesidades de sus trabajadores.

La postura de Airbus es contundente, y es que según lo dado a conocer por el medio español “La Razón”, después de saber la votación tan abrumadora por parte de la plantilla laboral, la fabricante de aviones francesa declaró que velará por los intereses de la compañía, y que deben de cumplir con los acuerdos y obligaciones previamente adquiridas.

Que se sienten las dos partes a negociar me parece perfecto. Al final lo que los trabajadores están solicitando es recuperar el poder adquisitivo que se perdió; y sí, a todos nos pegó la pandemia de COVID-19, por tal motivo su pliego petitorio se basa en un aumento salarial del 12%, más una paga “extraordinaria” de 7,500 euros. Lo que Airbus ofrece es una recuperación gradual del poder adquisitivo dentro de un plazo de cinco años, con un aumento del 7.6%, además de un pago “extraordinario” de 2 mil euros que haría en enero del 2027.

Para destrabar esta situación, el Gobierno Español ha intervenido y sentado en la misma mesa a todos los sindicatos involucrados y a Airbus para que encuentren una salida. Es evidente que Roma no se hizo en un día, y para Guillaume Faury, el director ejecutivo de Airbus, el problema: “… no se soluciona de la noche a la mañana y pese a que Airbus ha ofrecido alguna mejora de las condiciones laborales (incluido aumento de salarios y mantener dos días de teletrabajo a la semana), aún no ha logrado la paz social que ansía”. Declaró lo anterior a diferentes medios de comunicación.

La presión es para todos: para la fabricante de aviones Airbus, para el Gobierno de España y por supuesto, para los trabajadores. Quienes crean que sostener una huelga es “bordar y cantar” no tienen ni la más remota idea de todo lo que conlleva un movimiento de este calado.

La Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) es “nuestra agencia favorita”, porque siempre voltea para otro lado cuando se trata de Boeing, pero con Airbus usa una vara diferente. Resulta que aparte la FAA está exigiendo que Airbus realice inspecciones en más de mil aviones, modelos A320 y A321, por “posibles” grietas. ¡No, bueno!, en mi pueblo a eso le llaman “hipocresía”.

Desde este lado esperamos que los trabajadores alcancen un acuerdo con Airbus, y que ambas partes queden contentas. También es mi deseo que la gente que está por estos lares, se percate de la importancia de contar con sindicatos fuertes, de los que realmente velan por las mejoras laborales de sus agremiados.

Y por favor, no caigamos en la falacia de que “los sindicatos no sirven para nada”, porque esa es la narrativa que la derecha, oligárquica y neoliberal, quiere que los trabajadores repitan como periquitos de feria.

La realidad es muy distinta, por eso me molesta mucho -y por ello no dejaré de decirlo- la famosa Reforma Laboral del 2019. Desde su publicación me pareció una mera simulación, y en escasos seis años de vigencia he comprobado que los poemas plasmados en su grandilocuente exposición de motivos se han ido cayendo poco a poco como muro de caramelos. Con la pena, yo sí quiero cambios radicales dentro del sindicalismo mexicano, no más líderes sempiternos y sindicatos patronales charros.

¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”, dijo Fito Páez.