“Los hechos no dejan de existir porque se les ignore”.
Aldous Huxley
Conté cuarenta interrupciones para aplaudir el Segundo Informe de Claudia Sheinbaum. Cuarenta. El número remite inevitablemente a ciertos ladrones…, aunque los de ayer no pretendían llevarse un tesoro: intentaban robarnos el momento en que muchos nos percatábamos de que la narrativa no coincidía con la realidad. En otras palabras, cada ovación cumplía la función de interrumpir cualquier duda antes de que pudiera formularse.
Un Informe de Gobierno debería ser un ejercicio de rendición de cuentas. El de ayer fue otra cosa: una representación ante correligionarios, funcionarios y beneficiarios —que desafortunadamente son muchos, los más— del poder. La presidenta hablaba; el oficialismo celebraba; los hechos, mucho menos educados, la contradecían.
En el mensaje pronunciado no hubo una sola mención a las madres buscadoras. Tampoco a los miles de desaparecidos que explican su existencia —así como parte del descenso en el registro de asesinatos— ni a los delincuentes que los desaparecieron. El silencio no fue un olvido menor: fue una decisión discursiva. En el México descrito desde Palacio Nacional hay indicadores “halagüeños”, trenes, refinerías y programas sociales; las personas que recorren cerros con una pala siguen sin caber en el encuadre.
Pero también hablaron otras ausencias. No acudieron Andy López Beltrán, Rubén Rocha Moya, Adán Augusto López ni Gerardo Fernández Noroña. Sheinbaum aseguró que dentro de su movimiento no existen divisiones —escribí ayer sobre ello— mientras algunas de las figuras que mejor podían demostrarlo optaban por no presentarse. La unidad de Morena fue proclamada frente a las sillas vacías de Morena. Extrañamente, nadie aplaudió la ironía.
Esas ausencias no son una anécdota protocolaria, sino el contorno del peligro que el Informe evitó nombrar: una parte considerable del gobierno, del partido y del país está secuestrada por las mafias políticas, familiares, económicas, militares y territoriales incubadas o empoderadas por la propia 4T. Algunas ya no obedecen a Claudia Sheinbaum y quizá nunca lo hicieron. Ella encabeza formalmente el movimiento, pero no controla todos los poderes que lo integran: cacicazgos estatales, tribus legislativas, redes de negocios, mandos armados y herederos presidenciales que protegen sus parcelas. La 4T no es un bloque disciplinado, sino una federación de impunidades unida por la necesidad de conservarse. Sheinbaum está atrapada en el mecanismo: si enfrenta a esas mafias, pone en riesgo la coalición que la sostiene; si las tolera (que es lo que hace), pone en riesgo al Estado que debería gobernar.
Ahora, debo admitir que el acto produjo en mí cierta fascinación. A cada afirmación presidencial parecía corresponderle, dentro o fuera del recinto, una prueba aportada por la propia 4T para desmentirla. No hacía falta que interviniera la oposición (que de por sí ni existe). El movimiento se encargaba de refutar a su presidenta.
“Se utilizaban los recursos públicos para excentricidades y lujo. Eso terminó con la llegada de la Cuarta Transformación”, sostuvo Sheinbaum. ¿Pues en qué planeta vive la presidenta? De entrada, quizá Mara Lezama no recibió el memorándum: una investigación periodística documentó al menos 43 vuelos al extranjero de la gobernadora de Quintana Roo y su familia en aeronaves administradas por una empresa VINCULADA corporativamente con un proveedor de su gobierno. Lezama niega haber usado dinero público, pero todavía falta esclarecer quién pagó cada traslado y si existieron cohecho o conflicto de interés. En la austeridad republicana, al parecer, el misterio también vuela en jet privado.
Está además Layda Sansores, gobernadora de Campeche, viajera en primera clase y promotora de un jaguar de bronce que presentó como regalo hasta que su propio gobierno reconoció haber desembolsado 1.6 millones de pesos por la escultura. Todo muy franciscano: vuelos premium, felino monumental y una reasignación presupuestal para cubrir la modestia.
“La separación entre el poder económico y el poder político es una realidad y se gobierna con honestidad”, afirmó después la mandataria. Debió escucharse peculiar en el país donde una red de contrabando de combustibles fue presuntamente dirigida desde posiciones estratégicas de la Marina. Los hermanos Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna —vicealmirante y contralmirante, respectivamente— son señalados por la FGR como piezas centrales de la trama. El exsecretario de Marina Rafael Ojeda no está imputado; conviene decirlo. También conviene decir que, según la defensa de Fernando Farías, la Fiscalía alegó desconocer su domicilio para citarlo como testigo. En México, el poder político ya fue separado del económico; aparentemente también fue separado de la guía telefónica…
Luego vino el Tren Maya. Sheinbaum celebró que ha transportado a 2.5 millones de pasajeros desde su inauguración y atribuyó las críticas a quienes “auguran” que no funciona. Pero la viabilidad de una obra pública no se determina mediante augurios ni contando usuarios sin explicar cuánto cuesta transportar a cada uno. Una investigación de Reuters calculó que los ingresos por boletaje cubren ¡menos del 13% de sus costos operativos. Un Informe que presume pasajeros y esconde subsidios no informa: hace turismo con las cifras. Nos quiere ver la cara, pues.
La presidenta comparó además esos 2.5 millones con los más de 25 millones acumulados por el Tren Insurgente. La comparación le resultó menos favorable al Tren Maya de lo que pareció advertir. Claro que un tren urbano y uno turístico atienden mercados distintos; precisamente por eso equipararlos no demuestra nada. Si el propósito era acreditar eficiencia, faltaron costos, ocupación, ingresos y subsidios. Si el propósito era llenar una diapositiva, bastaba un número grande y otro aplauso.
Dos Bocas permitió una nueva acrobacia causal. Según Sheinbaum, su funcionamiento ha impedido que aumente el precio de la gasolina. Sin embargo, el propio reporte de Pemex para el segundo trimestre muestra que la refinería Olmeca procesó alrededor de 141 mil barriles diarios: cerca del 41% de su capacidad de diseño de 340 mil. ¿La verdad? Contener el precio ha requerido estímulos fiscales —subsidios financiados con nuestros impuestos— y decisiones gubernamentales. Atribuirlo todo a una refinería que ni siquiera opera a la mitad de su capacidad no es soberanía energética; es pensamiento mágico con chimeneas.
Con Pemex ocurrió algo semejante. Sheinbaum celebró una reducción de 20 mil millones de dólares en su deuda, pero omitió el tamaño del salvavidas —esto es, del nuevo endeudamiento—. Durante sus primeros dos años, el gobierno federal ha respaldado operaciones por aproximadamente 25 mil 800 millones de dólares para amortizar obligaciones de la petrolera, cuya deuda financiera todavía ascendía a 77 mil 500 millones de dólares al cierre de junio. No desapareció la deuda: cambió parcialmente de bolsillo. Pemex debe menos gracias a que México se ha endeudado más. Si yo renegocio el pago de mi hipoteca no significa que deba menos; simplemente hago más manejable el pago actual a cambio de endeudarme durante mucho más tiempo.
Y ese “auxilio” momentáneo ya pesa sobre la evaluación de las finanzas nacionales. Moody’s redujo la calificación soberana de México a Baa3, el último peldaño del grado de inversión —después viene la categoría especulativa, los llamados bonos basura—, y S&P cambió la perspectiva a negativa. Ambas calificadoras han señalado entre los riesgos la presión fiscal derivada del respaldo a Pemex. Perder el grado de inversión sería un detalle incómodo para un Informe dedicado a “probar” que todo marcha conforme a lo planeado, ¿no creen?
En salud, Sheinbaum volvió a negar el desabasto y aseguró que el suministro de medicamentos alcanza el 90 por ciento. La asociación Nariz Roja respondió ese mismo día: faltan fármacos, estudios e insumos para pacientes con cáncer, particularmente dentro del IMSS-Bienestar. La denuncia de una organización no basta para medir por sí sola todo el sistema, pero sí basta para derrumbar la pretensión de que una cifra presidencial resuelve la experiencia de los enfermos. El porcentaje puede alcanzar 90% en un informe y cero por ciento en la receta de quien necesita una quimioterapia.
Timur Kuran llamó “falsificación de preferencias” al mecanismo mediante el cual las personas expresan públicamente adhesiones que quizá no sostienen en privado. Morena perfeccionó el modelo: todos aplauden la versión oficial mientras los hechos de sus propios dirigentes la contradicen.
Eso es, en realidad, la 4T que se asomó detrás del Informe: no tanto una ideología como un método para perpetuarse mediante el engaño. Toma una cifra cierta, le extirpa el contexto, esconde el costo y la convierte en propaganda; después repite la versión hasta que cuestionarla parezca una extravagancia. El método resulta especialmente eficaz frente a una población cuyas vulnerabilidades educativas no son un insulto mío, sino una tragedia documentada: PISA 2022 encontró que 47% de los estudiantes mexicanos de 15 años de edad no alcanzaba siquiera el nivel básico de comprensión lectora; la CNBV situó el índice nacional de alfabetización financiera en apenas 58.2 puntos sobre cien, y la ENCUCI reveló que más de una cuarta parte de los mexicanos mayores de 15 años ni siquiera sabía o había escuchado qué es la democracia. A una sociedad privada de herramientas para leer, comparar, calcular y exigir cuentas se le puede secuestrar el presente durante mucho tiempo. La mentira oficial no necesita ser perfecta; le basta con haber debilitado sistemáticamente las defensas de quienes deben descubrirla.
No necesito afirmar que cada cifra del Informe es falsa. Sería tan tramposo como afirmar que cada cifra aislada demuestra que el país está bien. El maquillaje más eficaz no inventa necesariamente los datos: selecciona los que embellecen, elimina los que incomodan y jamás coloca en la misma página el logro y su costo.
“Estamos transformando la vida pública del país”, concluyó Claudia Sheinbaum. En eso tiene razón. La rendición de cuentas fue transformada en ceremonia de adhesión; la austeridad, en explicación pendiente; las obras públicas, en números sin costo; la deuda de Pemex, en deuda de todos, y los desaparecidos, en una ausencia dentro de otra ausencia. Cuarenta veces aplaudieron los invitados, pero la realidad jamás se puso de pie.
Giro de la Perinola
¿Y la oposición? Fiscalizando el menú de Andy, persiguiendo fotografías de sus bebidas y comentando cada extravagancia como si ejercer de paparazzi equivaliera a ejercer de contrapeso. Mientras tanto, el Informe escrito contiene presupuestos, subsidios, contratos, deudas y omisiones que deberían ser revisados cifra por cifra, auditados por verdaderos profesionales y utilizados para estructurar mecanismos que lleven a quitar a Morena del poder.
No se necesita una oposición que averigüe qué come el hijo del expresidente, sino una que descubra cuánto nos cuesta lo que su partido se niega a explicar. Su tarea no consiste en seguirle la sobremesa a Andy, sino que apenas comienza por ponerle precio a cada aplauso.






