“No empeñarse con quien no tiene qué perder”.

Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia

“Nuestros enemigos se acercan más a la verdad en sus juicios sobre nosotros que nosotros mismos”.

François de La Rochefoucauld, Máximas

A la 4T podría salirle más cara la memoria de Guadalupe Taddei que su finiquito. Quitarle el cargo resuelve una fotografía. Lo que sepa, lo que haya escuchado y lo que pueda documentar plantea otro problema. Ese no cabe en una carta de renuncia.

La Silla Rota publicó que habría viajado a Arizona después de dejar el INE. Los demás repiten esa versión. No son confirmaciones independientes. Mucho menos prueban que vaya a declarar ante autoridades estadounidenses o sea testigo protegida. Esa posibilidad es una suposición. Sobre ella va este análisis. No sobre una comparecencia inventada (eso ya lo dirán otros, yo no).

El contexto sí pesa. Taddei entregó su renuncia el 26 de octubre, tras los señalamientos sobre su cercanía con proveedores. El País documentó después 853 millones de pesos en 21 licitaciones donde participaron empresas de una misma red. Su investigación identificó contratos en 25 órganos electorales durante una década. Demasiadas ventanillas para despachar el asunto como una amistad indiscreta.

Ahí está la primera trampa política: reducirlo todo a la señora, el contratista y los videos. Una fiesta tiene anfitriones. Una red de contratos necesita funcionarios, decisiones y controles que operen o se hagan de la vista gorda. Sacar a Taddei no explica quién abrió cada puerta. Tampoco quién cobró por mantenerla abierta, si eso ocurrió.

Yo no supondría que presidió el INE con los ojos cerrados y los oídos tapados. Conoció actores, conflictos, presiones y negociaciones. Tuvo acceso a información institucional. Otra cosa es qué podría probar. Pero quienes estuvieron cerca de ella deberían distinguir entre una funcionaria desacreditada y una funcionaria desinformada. No son sinónimos.

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¿Qué podría interesar del otro lado? Si existieran datos sobre dinero criminal en campañas, amenazas para imponer candidatos o intermediarios entre grupos delictivos y operadores políticos, el asunto desbordaría las compras del INE. Esa es la hipótesis fuerte. Afirmar que Taddei dispone de esas pruebas sería inventar. Preguntar por las consecuencias de que las tuviera es análisis político. Eso es a lo que yo me dedico.

Y hacerlo, obliga a mirar una contradicción. Se exige soberanía frente a Washington mientras se deja que el esclarecimiento de los grandes escándalos dependa de lo que Washington quiera investigar... Yo, en cambio, quiero las respuestas aquí. Con documentos públicos. Con responsabilidades. Sin esperar a que un fiscal extranjero vuelva incómodo lo que las autoridades mexicanas encontraron perfectamente tolerable.

Porque sacrificar a una funcionaria tiene una dificultad: hay que convencerla de que acepte comerse con toda la factura. La lealtad suele ser espléndida mientras reparte cargos. Cuando empieza a repartir responsabilidades penales, conviene haber leído con cuidado las letras pequeñas.

Si Taddei se sintiera abandonada, cambiarían sus incentivos. Ya no tendría un puesto que conservar. Tendría una defensa que construir. En ese escenario, la información podría convertirse en su principal recurso. La gratitud hacia quienes la impulsaron competiría con algo bastante menos romántico: salvarse.

Ese es el riesgo para cualquier grupo que concentra decisiones —¡y vaya que a Morena le gusta concentrarlas!— y después pretende individualizar las culpas. Exige disciplina colectiva para mandar. Solo descubre las responsabilidades individuales cuando llega la auditoría. Muy revolucionarios para la foto. Muy liberales para pagar los platos rotos.

Insisto: el viaje reportado no acredita cooperación alguna con Estados Unidos. Tampoco acredita delitos electorales. Pero la hipótesis deja una pregunta que Morena debería contestar sin mañanera de por medio: ¿hasta dónde quiere investigar, si el camino conduce a quienes sostuvieron a Taddei?

La renuncia les quitó un escándalo de la mesa. NO les garantiza silencio. Pueden retirarle el respaldo, desconocer su cercanía y borrar la fotografía. Borrarle la memoria será más difícil.

Giros de la Perinola

(1) España guardó tres días de luto por la tragedia ferroviaria de Urda, que dejó 69 muertos. El duelo reconoce que una pérdida así también le pertenece al país. México debería preguntarse qué mensaje envía cuando una tragedia se administra primero como un problema de imagen. Las víctimas merecen más que una conferencia para explicar por qué nadie renuncia.

(2) El ciclón Vance dio para bromas. El vicepresidente estadounidense, para cálculos sucesorios. Yo no perdería de vista a Marco Rubio rumbo a 2028. Ocupar la vicepresidencia de Trump no equivale a heredar sus votos. Vance tiene el puesto. Falta ver quién se queda con el partido.