En 1960, el entonces presidente Adolfo López Mateos y quien era el líder nacional del PRI, Alfonso Corona del Rosal, reflexionaron sobre la ideología de aquel régimen: “de extrema izquierda dentro de la Constitución” o, expresado de una manera que asustara menos al poder económico, de “atinada izquierda ante los problemas de México”.
El pasado viernes recuperó tal concepto —“izquierda atinada”— la familia Junco, propietaria del grupo de diarios más conservadores de nuestro país, a saber: Reforma, de la Ciudad de México; El Norte, de Monterrey, y Mural, de Guadalajara.
Para hacer público su pensamiento, la familia Junco utiliza dos seudónimos que cotidianamente publican el mismo texto: Manuel J. Jáuregui en Reforma y Mural, y El Abogado del Pueblo en El Norte.
Con tales alias, la propiedad del Grupo Reforma dijo el pasado viernes, en estas 31 palabras: “Difícil sería encontrar en México una representación más contrastante de la izquierda racional, o izquierda ‘atinada’ de Cuauhtémoc Cárdenas, frente a la delirante, intolerante y antidemocrática que representan sus actuales protagonistas”.
Son 31 palabras que sintetizan la opinión mayoritaria de la comentocracia, manifestada en nado sincronizado desde el fallecimiento de Cuauhtémoc: que este sí era de verdadera izquierda, mientras que el expresidente AMLO no lo es. Por supuesto, según tan peculiar razonamiento, la presidenta Claudia Sheinbaum tampoco pertenece a la izquierda atinada, pero podría ser admitida en ella si cumpliera la condición que la derecha le exige: romper con López Obrador.
La izquierda atinada es la izquierda derrotada o domesticada
Pienso en los Chuchos del PRD, hoy en el nuevo partido conservador Somos; en Castañeda, Aguilar Camín, Fernández Menéndez, Gómez Leyva, Woldenberg, etcétera, quienes en otro tiempo se presentaron como progresistas, pero abjuraron de sus antiguas convicciones cuando comprendieron que sus intereses, legítimos o no, de ninguna manera tenían cabida en el proyecto de izquierda que finalmente triunfó con AMLO y Sheinbaum.
Cuauhtémoc Cárdenas de ninguna manera fue un perdedor ni alguien que se dejó domar por la derecha. Después de tres intentos de buscar, con todo en contra, la presidencia de México para cambiar el rumbo hacia el neoliberalismo que había decidido el expresidente Miguel de la Madrid en el periodo 1982-1988, finalmente no contendió en 2006 —tenía 72 años de edad al comenzar aquel año—, así que dejó la estafeta en manos del mucho más joven AMLO, quien apenas había superado las cinco décadas de vida.
En la cuarta elección de la izquierda, ya bien organizada como partido eficaz, se repitió la historia de 1988: ganó, pero le robaron la presidencia. Pasaron otros dos sexenios hasta que, en 2018, se impuso el proyecto iniciado por Cárdenas: el de llevar al país hacia menos economía de mercado y más justicia social. En 2024, con Claudia Sheinbaum al mando, volvió a ganar aquel movimiento.
A López Obrador y a Sheinbaum no se les considera de “izquierda atinada” porque han gobernado con una lógica distinta a la del poder económico, acostumbrado a ser el patrón de los presidentes del PRI y del PAN.
Hoy la derecha califica de “izquierda atinada” o “verdadera izquierda” a Cuauhtémoc solo para golpear a AMLO y a Sheinbaum. Pero se olvida —mala memoria de los dueños de Grupo Reforma y del resto de la comentocracia— la forma tan vulgar en que la mayor parte de la prensa combatió al hijo del general Cárdenas cuando sus propietarios entendieron que tenía más popularidad, y por lo tanto más votos, que el priista Carlos Salinas de Gortari.
Así que las expresiones “izquierda atinada” o “izquierda verdadera” no describen a Cuauhtémoc Cárdenas, quien no luchó tantos años para que en México dominara para siempre el proyecto de gobierno, tan subordinado a la derecha empresarial, que diseñaron De la Madrid y Salinas y que profundizaron Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto; esto es, el llamado neoliberalismo que hoy añora la comentocracia.
Cárdenas luchó para que se hiciera realidad la 4T; esta es la verdad, por más diferencias democráticas que haya tenido con AMLO. Actuó de la mano de Andrés Manuel y con el apoyo de gente de bien que ahora gobierna.
El gran triunfo de Cuauhtémoc —en 1997, cuando se convirtió en el primer jefe de gobierno electo de la Ciudad de México— posibilitó las demás victorias de la izquierda hasta llegar a la presidencia en 2018. Aquella hazaña de derrotar al PRI y al PAN en la capital se logró por la fuerza del hombre recientemente fallecido, pero también por la capacidad de organización de AMLO, quien dirigía el partido que representaba las aspiraciones del progresismo mexicano.
Tres fotos resuelven el problema de decidir quiénes estaban verdaderamente con Cuauhtémoc Cárdenas —y con AMLO— a principios de los años noventa del siglo pasado y quiénes no han traicionado el proyecto. Antes de analizarlas, hablaré de una película.
Identitti, el filme
En Alemania se estrenará el próximo 12 de noviembre Identitti, película basada en la novela homónima de Mithu Sanyal.
La historia es interesante. Una estudiante y podcastera de la Universidad de Düsseldorf descubre, gracias a una foto vieja, que su admirada profesora de estudios poscoloniales, Saraswati, quien durante años se presentó como mujer de color, en realidad es blanca.
La revelación hace estallar las redes sociales y llega a la prensa, que exige su despido. Pero la estudiante que detonó el escándalo, en lugar de sumarse al linchamiento, intenta entender por qué su maestra mintió, hasta que termina cuestionando su propia identidad.
Leí en una crítica que la autora se burla por igual del activismo de redes, de la academia, de la prensa y de los cazadores de impostores.
Pero la pregunta de fondo de Mithu Sanyal es muy seria: ¿quién tiene derecho a reclamar una identidad y quién se arroga el derecho de negársela a otras personas?
Es una pregunta perfectamente aplicable al debate, iniciado por la derecha, que reclama como propio todo lo que simboliza Cuauhtémoc Cárdenas y niega la lucha de tantos años de este hombre al lado de quienes hoy gobiernan México.
Es terrible que comentócratas como Sergio Sarmiento, los seudónimos de la familia Junco, Ciro Gómez Leyva, Héctor Aguilar Camín, Jorge Fernández Menéndez, José Woldenberg, etcétera, se erijan en jueces de la autenticidad de la izquierda.
Lo que se busca es deslopezobradorizar. Pero esto no interesa a la presidenta de México porque, por elemental honestidad intelectual, sabe que no puede deslopezobradorizar ni tampoco descardenizar el sheinbaumismo.
Ya la historia decidirá el justo papel de cada personaje que actuaba en la política y en el periodismo de México en 1991, cuando la izquierda se organizaba para llegar a ser una potencia electoral. Y, sobre todo, la historia dirá en qué bando se alinearon en el actual sexenio, el de la consolidación de la izquierda en el gobierno.
Para entender este debate ayudan tres fotos, dos publicadas en La Jornada y una en cierto diario estudiantil.
En la primera de La Jornada aparece Leticia Ramírez, actual secretaria de Bienestar, con AMLO y Cuauhtémoc a principios de los noventa. En la otra, Rosa Icela Rodríguez, hoy secretaria de Gobernación, camina con los dos dirigentes durante el Éxodo por la Democracia, de Tabasco a la Ciudad de México, en noviembre de 1991.


Hay otra imagen de aquellas fechas: Claudia Sheinbaum en la Universidad de Stanford, protestando contra Carlos Salinas con una pancarta que exigía comercio justo y democracia. Apareció el 1 de octubre de 1991 en la portada de The Stanford Daily, uno de los diarios universitarios más antiguos de Estados Unidos.

Claudia, Leticia y Rosa Icela siguen trabajando para hacer posible el México por el que luchaban, con Cuauhtémoc y Andrés Manuel, a principios de los noventa.
Las tres están teniendo éxito. Sinceramente pienso que lo mejor que le ha pasado a México es la 4T, sobre todo su consolidación con la primera mujer presidenta.
Si Claudia, Leticia y Rosa Icela siguen luchando por lo mismo que las hermanó en el activismo desde principios de los años noventa, ¿qué hacen hoy Sarmiento, Aguilar Camín, Gómez Leyva, Castañeda, Fernández Menéndez, los Chuchos, Woldenberg, etcétera? Se han entregado a la derecha que combate a la 4T.
Ahora mismo, tristemente, tales líderes de opinión están decididos a sacar a Cuauhtémoc Cárdenas, con mentiras, del grupo de personas de bien a quienes su ejemplo llevó a gobernar México para transformarlo con la lógica cardenista de principios de los noventa: contraria al llamado neoliberalismo que la comentocracia y las clases empresariales tanto extrañan porque vivieron los sexenios del PRI y del PAN como casta divina.


