El pasado jueves, 10 de septiembre, tuve el agrado de conversar con Julio Hernández LópezAstillero”, columnista del diario La Jornada y periodista independiente, en su programa informativo que se transmite a través de redes sociales digitales. En esa oportunidad intercambiamos algunas ideas acerca de la evaluación educativa, los resultados de la aplicación más reciente de la Prueba PISA (2025) y sobre el proyecto educativo nacional alternativo.

A continuación, comparto con ustedes las preguntas y las respuestas de la entrevista que se efectuó en el espacio virtual de Julio, y que también se puede consultar en la plataforma Youtube (canal de Julio Astillero).

Julio: ¿Qué opinas? He leído parte de lo que has estado escribiendo, colocando en tus columnas y en tus posteos, es decir, lo que colocas en la Red “ X”. ¿Qué nos dices respecto a la prueba PISA, los resultados y la polémica que se ha generado, Juan Carlos?

J.C.: Gracias por el espacio, Julio. Pues en el artículo de antier, en particular, que lleva por título “PISA 2025, repartir responsabilidades” (SDP Noticias, 9 de septiembre, 2026 https://www.sdpnoticias.com/opinion/prueba-pisa-2025-repartir-responsabilidades/), la tesis principal que expongo consiste en señalar que las evaluaciones que se hacen tienen diferentes responsables, (porque además hay que decir que son evaluaciones de los aprendizajes en estudiantes de 15 años, que están activos en los sistemas educativos, y que se aplican en un poco más de 80 países en el mundo), y que la evaluación es un asunto que, para el caso local, del caso nacional, hay que analizar las responsabilidades del tiempo en el que se supone se evalúa y en que se hacen las respectivas inferencias de esas evaluaciones. ¿Qué quiero decir con eso? Que hay una visión en retrospectiva.

Me explico. Los estudiantes que fueron evaluados el año pasado, en el 2025, porque esta evaluación se hace cada 3 años, la evaluación que se hizo y los resultados se entregaron apenas esta semana (septiembre de 2026). Si tomamos en cuenta a las y los estudiantes que participaron en la muestra de esta prueba, en el 2025, éstos habrían nacido en el 2010. Entonces, más o menos en el 2013, entraron a preescolar y aproximadamente en el 2016 entraron a la escuela primaria. Por lo tanto, ahí diría, “hay que repartir responsabilidades políticas”, porque tratar de solamente señalar a culpables en los dos últimos gobiernos federales, me parece que es un despropósito.

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Un poco la tesis con estos argumentos es que, al menos, con estos estudiantes de 15 años, hay que calcular, cuando se aplica la prueba PISA, historias escolares con trayectorias o recorridos de entre 10 y 12 años.

Julio: En la polémica, parte de lo que se ha polarizado es quién tiene responsabilidad política administrativa en términos hasta sexenales de lo que está sucediendo. Tú has planteado que hay que repartir o que hay que ubicar bien las responsabilidades. ¿De qué se trata?

A eso es a lo que me refiero. Estudiantes que una parte de su educación primaria la vivieron, digamos, en un contexto de una administración pública federal, por ejemplo, de Peña Nieto en el 2013 y todo el sexenio. Y entonces quienes fueron responsables como Emilio Chauffet, como Aurelio Nuño, o como el mismo Otto Granados Roldán, que fueron los tres secretarios de educación del gobierno de Enrique Peña Nieto, tienen que dar la cara en la parte que corresponda, de lo que sucedió entre 2013 y 2018.

¿Qué sucedió ahí?, en términos de los cambios curriculares para la educación básica, pues hubo un cambio de planteamiento curricular para ese nivel educativo hasta el 2017; de tal manera que fue hasta el último año de ese sexenio en que se planteó un cambio curricular.

Otra responsabilidad, si lo vemos desde el punto de vista de los cambios de planteamientos curriculares, planes y programas, es que antes del 2017 hubo un cambio curricular muy importante, de alcance nacional, que fue el cambio al final del sexenio de Felipe Calderón, en el 2011, cuando se hablaba de la articulación de la educación básica.

Esas son responsabilidades políticas en términos de realización de políticas públicas educativas, cambios de planes y programas para la educación básica, cuyos efectos se empiezan a medir o se empiezan a valorar entre 10 y 12 años después. Entonces, eso es lo que lo que nos dicen estos resultados del 2025, no solamente asumir responsabilidades sobre lo que sucedió hace 2 años o hace 6 años, sino, al menos, 10 o 12 años atrás. Hay que hacer así esa valoración, que me parecería mucho más equilibrada.

Julio: Juan Carlos, hace unos minutos entrevistábamos o platicábamos con Gonzalo Rocha, caricaturista de La Jornada y de otros medios, y hablábamos acerca del tipo de personajes que fueron colocados por la llamada 4T en la Secretaría de Educación Pública. Esteban Moctezuma Barragán, que había sido secretario de educación (o de gobernación) en un gobierno priista con malos resultados, según mi punto de vista, pero bueno, colocado ahí. Luego Delfina Gómez, que parecía que estaba en una estación de paso rumbo a la candidatura al gobierno del Estado de México. Leticia Ramírez, después de ella, y ahora Mario Delgado, muy impugnado por sus hechuras como dirigente partidista de Morena. ¿La 4T ha hecho esfuerzos notables y eficaces para modificar el rumbo de la educación, Juan Carlos?

J.C.: No, yo creo que no, Julio. Lo he afirmado y escrito, está en los libros que he publicado, en los artículos, también, que he tenido oportunidad de escribir y de publicar. El comienzo es un poco contradictorio, porque, si tú recuerdas, Julio, el expresidente Andrés Manuel López Obrador inició con algunas pinceladas de un proyecto político o con un trazo de líneas de políticas públicas educativas alternativas. Sin embargo, ese proyecto no se consolidó. La idea era modificar el sistema educativo y modificar, en efecto, las políticas públicas educativas desde su raíz. Él habló de un cambio radical. Pero, al colocar en su primera etapa de gobierno a un personaje como Esteban Moctezuma, pues ahí entró en contradicción, porque un personaje así, al frente de la SEP, no podría encabezar un movimiento radical al interno del sistema educativo y en la hechura de las políticas públicas educativas.

¿Qué es lo que teníamos ahí? Pues un personaje con una historia más, digamos, congruente con paquetes de políticas públicas e iniciativas de corte tecnocrático neoliberal. Era como tratar de juntar al aceite con el agua, comparado con las intencionalidades del gobierno, en un principio, de Andrés Manuel López Obrador. Entonces desde ahí se registró la falta de un proyecto educativo nacional alternativo. Y esa fue la nota, esa fue la característica de ese sexenio 2018-2024.

Lo que he caracterizado, lo que he dicho en la problematización como balance general de ese proceso, es que la reforma educativa de la 4T fue una “reforma reactiva”, no una reforma alternativa, sino “reactiva”, en términos de tratar de sepultar las iniciativas del gobierno inmediato anterior 2012-2018, aunque en 2013 ya se concretó la reforma al artículo tercero constitucional del gobierno de Peña Nieto. En resumen, el gobierno de López Obrador, y ahora con la continuidad de la doctora Sheinbaum, sólo han reaccionado, porque la reforma propuesta en 2018-2019 fue prácticamente una reacción al tratar de sepultar la iniciativa anterior, pero ahí hay un vacío todavía, hay un vacío de un proyecto nacional de largo alcance, alternativo.

La Nueva Escuela Mexicana es un ideario, no es un proyecto de reforma educativa de fondo. La Nueva Escuela Mexicana lo único que tiene es, digamos, un conjunto de principios, un ideario que quedó enlatado en la Ley General de Educación. Hay que decirlo con todas sus palabras. Entonces, esa sería, digamos, mi conclusión. Todavía carecemos de un proyecto educativo nacional alternativo.

Julio: Bien, pues Juan Carlos, vamos a ver qué sigue en la polémica, en la discusión. Cierro sólo preguntándote, si tuviéramos que sintetizar o simplificar el análisis, ¿qué diríamos? ¿Los educandos mexicanos están mejor o peor que hasta hace pocos años atrás?

J.C.: Mira, Julio, lo que hay que revisar es qué es lo que evalúa PISA. Y lo que evalúa PISA es lo que yo le llamo el “currículum duro”. El currículum duro es, en parte, sí, pensamiento matemático, comprensión lectora o procesos de lectura y ciencias. Son, digamos, la parte “dura” del currículum escolar, pero la Prueba PISA, por ejemplo, no evalúa educación física, no evalúa educación artística, ni evalúa los desempeños de estudiantes en términos más amplios. Además, es un enfoque totalmente de desarrollo de competencias, basado en resolución de problemas, que no evalúa, por ejemplo, convivencia escolar, procesos de socialización, procesos emocionales, eso no lo evalúa PISA.

Para empezar, hay que tomar en cuenta qué es lo que evalúa esa prueba internacional de la OCDE, que tiene, metodológicamente, una cierta consistencia, pero también tiene limitaciones. Entonces, ¿qué es lo que evalúa? Eso es lo que evalúa.

Ahora, por otro lado, las intencionalidades, desde que surgió en el año 2000 la prueba o ese tipo de evaluaciones, han sido identificar necesidades de cambios en los sistemas educativos nacionales. De ahí que las recomendaciones de la OCDE han sido, digamos, basadas principalmente en motivaciones económicas y para hacer recomendaciones a los gobiernos para modificar sus sistemas educativos, sobre todo de educación básica, para entrar a tono con las nuevas necesidades del mercado, las necesidades de la globalización, las necesidades del comercio internacional, etcétera, etcétera. Hay una intencionalidad económica de principio.

Si hoy en día se dice que los estudiantes han disminuido sus desempeños en las pruebas de evaluación de competencias, yo lo que diría es “necesitamos hacer más evaluación”. No podríamos concluir tan simplistamente que nuestros estudiantes desde que se inició la aplicación de la prueba PISA en el mundo, los estudiantes, por ejemplo, de América Latina, de los países de América Latina, han estado por debajo del promedio de los países miembros de la OCDE y es algo que se ha mantenido, una tendencia a la baja, puntuaciones bajas desde el año 2000 en adelante.

¿Qué es lo que necesitamos? Mi apreciación es que necesitamos más evaluaciones, no solamente de la parte del currículum “duro”, sino también del currículum “blando”: educación artística, educación física, toda la parte de convivencia escolar, procesos de socialización, procesos emocionales o psicoemocionales en nuestros estudiantes. De tal manera que, una vez que tengamos evaluaciones más completas, integrales, ya podríamos decir y llegar a la conclusión de qué pasa con nuestras y nuestros jóvenes de 15 años y qué pasa con la educación básica en México.

Otro apunte final, Julio, si me permites, es trabajar muy fuertemente, como alternativa, en la formación inicial de docentes, tanto en las normales, en UPN, como en los centros de actualización del magisterio; y trabajar sistemáticamente en la formación continua profesional, es decir, en el desarrollo profesional de maestros, maestras, directivos, directivas escolares, asesores técnico pedagógicos y demás figuras educativas, que es algo que se ha descuidado desde hace muchos años.

Esa parte también hay que apuntalarla si queremos enderezar el barco.