Tenemos que hablar de las malas decisiones que ha tomado recientemente la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés), y también, es el mejor momento para responderle a algunos lectores que se preguntan ¿por qué hablo tanto de la autoridad norteamericana?, y la respuesta es muy sencilla: nuestras líneas aéreas nacionales, que vuelan en territorio norteamericano, son sujetas a su reglamentación, ergo son susceptibles al manejo que nuestros vecinos del norte tengan de su espacio aéreo, por eso no es un tema para nada menor.
Además, sería ridículo ignorar que compartimos más de 3,000 kilómetros de frontera, que somos el principal socio comercial de la unión americana, que el intercambio bilateral entre ambos países supera los 870,000 millones de dólares anuales, y sobre todo, que para nadie es un secreto que la FAA se siente la “policía aeronáutica” a nivel mundial. Por eso sigo de cerca lo que sucede en la nación vecina, y por eso me refiero tanto a ella. Aclarado el punto, entro de lleno en el tema.
Con la llegada de Donald J. Trump al poder se aceleró la decadencia de la FAA, quien permitió que Boeing se autocertificase, trayendo como consecuencia dos accidentes fatales.
Y es que, seamos sinceros, con la segunda gestión de Trump y su idea de “recortar el gasto público”, la guadaña del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés) recortó 400 puestos de trabajo de la FAA, sobre todo aquellos que habían sido contratados bajo la perspectiva de inclusión y equidad. Entre ellos, personal especializado en el mantenimiento de los equipos de navegación aérea, y personal de control de tráfico aéreo, tal como lo documentó el periodista norteamericano Robert Reich.
A esto hay que sumarle el retraso de dos años que tuvo la certificación del equipo modelo B737MAX, de Boeing, y según declaraciones de Chris Rocheleau, administrador adjunto de la FAA, hechas a la agencia Reuters, después seguiría la certificación del B737MAX10.
Pero con personal recortado e insuficiente para llevar a cabo estas evaluaciones, es evidente que existan retrasos. Pero eso no es lo peor, la FAA se enfrenta a un nuevo escándalo.
Y en este momento se vuelve imposible no hacerse la siguiente pregunta: ¿dónde estaba la autoridad aeronáutica? Resulta que la Agencia Federal de Aviación acaba de anunciar una orden que obliga a revisar el fuselaje de 471 aeronaves de la familia de aviones B737MAX, entre los cuales se encuentran los modelos B737-8, B737-9 y el B7378200.
Esto, al descubrir “riesgo de grietas por fatiga en la bear strap y en la piel de fuselaje” que se ubican en la puerta del galley delantero, justo en el marco superior. El riesgo es que las aeronaves en cuestión no aguanten las cargas límite, afectando la integridad estructural de los aviones, por tal motivo se tienen que revisar dichos equipos.
Además de que se van a tener que examinar esos aviones para garantizar la seguridad aérea, tendrán que inspeccionar en 453 aviones de la familia B737MAX si los asientos fueron bien instalados, ante la sospecha de que lo hicieron de forma incorrecta.
Justo aquí debemos recordar que un grupo de diferentes actores del sector aeronáutico norteamericano solicitaron a su Congreso un presupuesto de 20 mil millones de dólares, para la renovación del sistema de control de tráfico aéreo de todo el país. El desinterés que la actual administración mantiene sobre este tema ha generado una seria preocupación tanto de fabricantes de aviones, aerolíneas e incluso sindicatos de trabajadores, que quieren hacer lo que esté en sus manos por garantizar la seguridad en el espacio aéreo norteamericano.
A través de un anuncio del secretario de Transporte de los Estados Unidos (DOT, por sus siglas en inglés) Sean P. Duffy, respondió que la FAA invertirá 870 millones de dólares, con la intención de “aumentar la seguridad”.
Veamos y comparemos cifras. Este grupo de protagonistas de la industria aeronáutica del vecino país, hizo el cálculo para la renovación total de sistema de control de tráfico aéreo, que es vital para mantener la seguridad en las operaciones aéreas, y la cifra necesaria, según sus cálculos, es de 20 mil millones de dólares; ¿me están diciendo que la cantidad que se va a invertir 870 millones de dólares? ¡menos del 5%! Pero aquí viene lo mejor.
Habrá 339 “subvenciones”, (en buen español, subsidios) para aeropuertos de 44 estados, que estarán repartidos de la siguiente manera: para el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles se invertirán 289 millones de dólares en la construcción de una nueva autopista de acceso a la terminal aérea.
Para el Aeropuerto de Akron-Canton en el estado de Ohio se invertirán 9.1 millones de dólares para la remodelación del edificio terminal y de los pasillos telescópicos; así como se inyectarán 4.2 millones de dólares al Aeropuerto Internacional de Juneau en Alaska para equipos de remoción de nieve.
En el Aeropuerto Internacional de Miami serán 50 millones destinados a la reconstrucción del techo; 3.7 millones para el Aeropuerto Internacional de Charleston en Carolina del Sur que se utilizarán para la ampliación de su edificio terminal, y finalmente 3.5 millones de dólares para el Aeropuerto regional “Sugar Land” en el estado de Texas, que busca reconstruir su pista de despegues y aterrizajes.
Ante estas “grandes inversiones”, Sean Duffy declaró a varios medios: “la modernización de nuestra infraestructura de pistas forma parte de nuestro trabajo para dar paso a la Edad de Oro del Transporte”, y a la alegría mostrada por el secretario de Transporte se sumó también Bryan Bedford, el administrador de la FAA declarando: “Estamos haciendo que los aeropuertos sean más seguros y convenientes para los viajeros en todo Estados Unidos […] estamos otorgando subvenciones a una velocidad récord para garantizar que podamos satisfacer la creciente demanda de viajes”.
¡Esperen!, porque aún hay más -como diría el conductor de un conocido y popular programa dominical mexicano-; como pueden observar en ningún momento se habla de la renovación del sistema de monitoreo del tráfico aéreo, que es fundamental para proveer seguridad aérea a las aerolíneas que surcan los cielos norteamericanos.
Hace una semana Donald J. Trump salió a declarar a los medios una estrambótica inversión; ¿están sentados?, habló de 22 mil millones de dólares para la remodelación del Aeropuerto Internacional de Dulles, en Washington. Incluso ya hay una petición en el Congreso norteamericano para renómbralo: la “H.R.691 - To designate the Washington Dulles International Airport in Virginia as the “Donald J. Trump International Airport”.
Y que conste en actas: al Aeropuerto Internacional de Palm Beach le acaban de poner “Aeropuerto Internacional Presidente Donald J. Trump”. Díganme ¿acaso esto no es una locura? Se ha solicitado al Congreso la urgencia de la renovación del sistema de control de tráfico aéreo y la respuesta es, sí pero solo 870 millones de dólares a remodelaciones, ampliaciones, una nueva autopista.
No niego que todo eso sea necesario, pero creo que es insoslayable la petición de la coalición de fabricantes de aviones, aerolíneas, aeropuertos y sindicatos. La formularon el pasado 15 de julio, y Reuters dio a conocer la carta firmada por Boeing, Airbus, Airlines for America, la U.S. Travel Association, la Air Pilots Association y otras organizaciones, en la que explicaron:
“El sistema de aviación de nuestra nación es un activo nacional clave, pero está sometido a una presión cada vez mayor […] El sistema de telecomunicaciones de tráfico aéreo de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) ha sufrido una serie de fallos, incluyendo graves interrupciones que afectaron al tráfico del aeropuerto de Newark el año pasado”.
Para no hacer el cuento largo, actualmente se sigue trabajando en las torres de control de los aeropuertos con personal insuficiente. Reuters también asegura que a través de un informe de la FAA de 2023 se descubrió que llevan años de atraso en modernizar sus sistemas de control de tráfico aéreo. Para que se den una idea, de los 138 sistemas de control de telecomunicaciones de control de tráfico aéreo, 51 de ellos ya son insostenibles, según este informe.
Insisto, y debo ser clara. Hablar de lo que sucede en Estados Unidos jamás ha sido para desviar la atención, ni mucho menos para decir que en México todo es perfecto y funciona como reloj suizo.
Quien haya leído esta columna, sabe perfectamente que cuando algo se hace mal en nuestro país, lo digo sin empacho. Pero como dije líneas arriba, sería un despropósito negar la crisis que atraviesa la aviación civil de Estados Unidos, o peor aún, venir aquí con la narrativa de que los vecinos del norte hacen todo perfectamente y que deberíamos aprender de ellos. Si buscan ese discurso, están en la ventanilla equivocada.
Critico a la FAA porque estamos hablando del país supuestamente más poderoso del mundo, y por eso me parecen incoherentes sus deficiencias. ¿Por qué les pasa eso?, ¿no deberían ser punta de lanza en cuanto a tecnología que gestione el manejo de aeronaves en el aire?, ¿qué les impide tener los mejores sistemas de cómputo y telecomunicaciones? Pareciera que ya se les olvidó que las aeronaves que se estrellaron en las Torres Gemelas no eran militares, sino de aviación civil norteamericana. Para protegerse tienen todo el presupuesto del mundo.
Bueno, una realidad es que presupuesto se está yendo como agua para sostener la guerra que mantienen en contra de Irán; país que según Israel “están a dos semanas de terminar la construcción de una bomba nuclear”.
Y sí, esta columna fue dedicada a los gazapos de la FAA, la misma que va a venir a certificar si México, como país, sabe gestionar o no su aviación.





