Desde que Mario Delgado se hizo cargo de la presidencia del partido “Movimiento de Regeneración Nacional” (Morena), y durante su gestión, con el apoyo del ex presidente López Obrador (5 de noviembre de 2020 al 30 de septiembre de 2024), las encuestas para determinar las precandidaturas o candidaturas de ese partido se han convertido en el método dominante de actuación política ese movimiento. Nada más y nada menos, la candidatura de la elección constitucional en la que participó la doctora Sheinbaum, para la presidencia de la República, se decidió mediante ese método en 2024.

En general, las encuestas de opinión y, en particular, las encuestas de opiniones electorales han sido utilizadas como método e instrumento de trabajo de las instituciones o partidos políticos en diferentes partes del mundo. México no es la excepción. Han representado una manera práctica, consistente y sistemática para obtener información e identificar tendencias de opinión relevantes para tomar decisiones en los procesos de lucha y contienda electoral o en la operación de las políticas públicas cuando se ejerce el poder.

Las encuestas de opinión electoral (también llamadas sondeos preelectorales, de intención de voto o demoscópicos) miden preferencias ciudadanas sobre candidatos, partidos o coaliciones mediante muestreo.

En México se regulan desde 1993 y se publican bajo criterios científicos supervisados, primero por el IFE y después por el INE. Incluyen encuestas preelectorales, de salida (exit polls) y conteos rápidos (información del INE).

“Las encuestas de opinión (o sondeos de opinión pública) son un método cuantitativo de investigación social que recoge datos estandarizados sobre actitudes, opiniones, comportamientos y características de una población mediante cuestionarios aplicados a una muestra. Se utilizan ampliamente en ciencias sociales, política, marketing y estudios demográficos. El diseño típico incluye muestreo (probabilístico o no), cuestionario estructurado y modos de aplicación (presencial, telefónico, postal, online o mixtos).” (información consultada en la web)

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Sin embargo, las encuestas tienen sesgos y algunas desventajas metodológicas, por ejemplo, problemas de validez (especialmente validez de construcción y de contenido). Las preguntas estandarizadas suelen ser generales y pueden carecer de matices complejos o contextuales. Existe riesgo de malinterpretación, sesgo de redacción, efectos de orden y respuestas superficiales.

También existen problemas de flexibilidad, en el sentido de que, una vez diseñado y aplicado el cuestionario, es difícil modificar preguntas o profundizar en respuestas inesperadas. Esto limita la exploración de fenómenos sociales complejos o procesos dinámicos. Por otra parte, puede haber debilidad en el análisis causal, es decir, las encuestas transversales miden asociaciones, no causalidad.

Los errores de cobertura, muestreo y no respuesta también suelen presentarse, es decir, dificultades para obtener marcos muestrales completos (especialmente online y telefónicas), sesgos de selección, altas tasas de no respuesta y autoselección. Las muestras no probabilísticas (comunes en paneles online) comprometen la representatividad.

Asimismo, los sesgos de respuesta son causa de falla en un estudio de este tipo, porque eventualmente se presenta deseabilidad social, fatiga del encuestado, recuerdo imperfecto y falsificación deliberada.

Las encuestas vía telefónica también son limitadas: rápidas y relativamente económicas, pero afectadas por exclusión de no-usuarios y tasas de respuesta decrecientes. Y las autoadministradas (online), también son económicas y rápidas, pero con problemas de cobertura (brecha digital), falta de aleatoriedad y perfiles sesgados (más jóvenes y educados).

En el caso de las encuestas que Mario Delgado ha impulsado, como secretario de Educación Pública (federal) y por encargo de la presidenta Claudia Sheinbaum, éstas se han implantado con la misma lógica aunque en contextos diferentes: recoger el sentir del magisterio y de personal docente de media superior con respecto a grandes temas o ámbitos de decisiones públicas: la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM); la información institucional que se solicita a docentes y directivos; y el uso de equipos electrónicos en las aulas y escuelas.

Cabe señalar que las encuestas son excelentes para describir y dar seguimiento de tendencias, pero deben complementarse con métodos cualitativos cuando se requiere profundidad o causalidad.

La calidad de los estudios de encuestas depende del diseño muestral, la tasa de respuesta, la redacción de preguntas, el pretest del cuestionario y el control de errores totales de encuesta (cobertura, muestreo, no respuesta y medición). Los diseños mixtos (combinación de modos) ayudan a mitigar debilidades.

Las encuestas, como las que ha propuesto la SEP, para identificar tendencias de opiniones del magisterio (educación básica) y del personal docente de la educación media superior sobre la USICAMM; sobre actividades y requerimientos de información solicitados a las figuras educativas en educación básica; o sobre el uso de equipos electrónicos individuales en las aulas, son limitadas debido a que no se complementan con otros recursos o instrumentos metodológicos, de corte cualitativo, que enriquezcan lo que hasta el momento se ha diseñado y aplicado.

Dejar a las encuestas por sí solas y sin complementos de evaluación o de diagnóstico de tipo cualitativo, es como pedir que un paciente apoye en el diagnóstico de una enfermedad sólo con la toma de imágenes de rayos “X”, cuando las nuevas tecnologías de imágenes aplicadas a la salud son más versátiles, precisas y confiables, además de complementarias (tomografía, ultrasonido, resonancia magnética, etc.).

¿Por qué no utilizar, por ejemplo y de manera adicional, el método Delphi (consulta sistemática y profunda con especialistas sobre temas o problemas específicos) para evaluar las opciones de cambio o transformación de la “USICAMM”? ¿Por qué no realizar estudios más creativos, basados en grupos de enfoque, por ejemplo, para complementar los datos obtenidos a través de las encuestas sobre las peticiones de información a docentes y directivos? ¿Conviene marginar la técnica de la entrevista a profundidad con docentes, directivos escolares y asesores técnico pedagógicos para obtener información valiosa sobre el uso de equipos electrónicos en las escuelas?

Todas estas opciones podrían procesarse de modo cualitativo como complemento a la información procesada en el esquema cuantitativo de las encuestas.