“La barricada cierra la calle, pero abre el camino.”

Consigna pintada en una barda, en París, del mayo francés, 1968.

En esta ocasión, como en años anteriores, retomo la historia del movimiento estudiantil de 1968 en México, debido a las fechas en que aconteció, es decir, entre julio y octubre de ese año.

Esta vez, en particular, recupero algunos fragmentos de la magnífica síntesis que ha dado a conocer el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), en su sitio digital oficial, como parte de una sección denominada “México en el siglo XX”, y específicamente en un apartado gráfico titulado: “El movimiento estudiantil de 1968”.

En buena medida, el texto es un extracto del prólogo que magistralmente escribiera el historiador y director del INEHRM, Felipe Ávila, para el libro “1968: Las mujeres del CNH”, de Elizabeth Montaño (2023), que es una obra también editada y publicada por el INEHRM, órgano desconcentrado de la Secretaría de Cultura, del gobierno federal.

Comparo ahora los principales fragmentos del documento electrónico antes mencionado, el cual es recomendable en su lectura y análisis no solamente por la claridad del resumen en que se presenta, sino también por las fotos de alto valor histórico que le acompañan:

Después de la represión policiaca a los estudiantes de la Vocacional 5 y la preparatoria Isaac Ochoterena el 22 de julio en La Ciudadela, de la Ciudad de México, los estudiantes realizaron manifestaciones el 26 de julio y en los días siguientes protestando por la represión. Comenzaron los primeros enfrentamientos con la policía. EI lunes 29 de julio, los estudiantes realizaron un mitin en el Zócalo. Al ser desalojados, se enfrentaron nuevamente con la policía. Muchos estudiantes se refugiaron en las preparatorias de la UNAM, ubicadas en el centro. En la madrugada del 30 de julio el ejército intervino. Destruyó la puerta de la Prepa 1 y tomó las preparatorias 2 y 3, y el plantel 5 de la Escuela Vocacional del Instituto Politécnico Nacional.

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EI 2 de agosto, las escuelas universitarias y politécnicas en paro formaron el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que sería la dirección del movimiento. Se formó con representantes electos en las asambleas de las escuelas y facultades en huelga, y se convirtió en la voz oficial del movimiento: sacó desplegados, emplazó al gobierno para dialogar, organizó las movilizaciones y definió la táctica de lucha. EI 4 de agosto, el CNH dio a conocer el pliego petitorio que incluía: libertad a los presos políticos; destitución de los generales Luis Cueto y Raúl Mendiolea; extinción del cuerpo de granaderos; derogación del artículo 145 y 145 bis del Código Penal; indemnización a las familias de los muertos y heridos; y deslinde de responsabilidades de los actos de represión de las autoridades.

El rector de la UNAM, Ingeniero Javier Barros Sierra, tuvo una actitud ejemplar. Defendió con dignidad la autonomía universitaria, condenó la represión policiaca al movimiento estudiantil y promovió una solución negociada al conflicto. En varias ocasiones, se solidarizó con las manifestaciones estudiantiles, de profesores y funcionarios académicos. Mantuvo una postura firme y digna durante todo el movimiento.

EI 27 de agosto se realizó la movilización más grande. Más de 500 mil personas marcharon del bosque de Chapultepec al Zócalo por Paseo de la Reforma. Cuando los primeros contingentes ya habían llegado al Zócalo, todavía no salían los últimos grupos de manifestantes desde el museo de Antropología e Historia. Al finalizar el mitin, un grupo de estudiantes permaneció ahí e izó una bandera rojinegra, emplazando al gobierno para dialogar públicamente.

Después, el 13 de septiembre, ante la falta de respuesta por parte del gobierno al diálogo público y al pliego petitorio, y en respuesta a la postura del presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien los acusaba de estar infiltrados e incitar a la violencia, el movimiento estudiantil decidió realizar una gran movilización silenciosa. Asistieron 250 mil personas.

Pueblo mexicano: puedes ver que no somos unos vándalos ni unos rebeldes sin causa, como se nos ha tachado con extraordinaria frecuencia. Puedes darte cuenta de nuestro silencio.

Volante en la manifestación del 13 de septiembre.

El 18 de septiembre, el ejército ocupó Ciudad Universitaria. El gobierno argumentó que los edificios escolares estaban ocupados ilegalmente por grupos ajenos a la universidad: 500 estudiantes fueron arrestados. El 23 de septiembre, el ejército ocupó el Casco de Santo Tomás y la Vocacional 7, de Tlatelolco, venciendo la resistencia estudiantil.

La ocupación militar de la Ciudad Universitaria ha sido un acto excesivo de fuerza que nuestra casa de estudios no merecía. Habrá que repetir que el conflicto estudiantil no fue engendrado por la Universidad. La atención y solución de los problemas de los jóvenes requiere comprensión antes que violencia.

Rector Javier Barros Sierra, 20 de septiembre de 1968.

Ante la proximidad de los Juegos Olímpicos, que se inaugurarían el 12 de octubre de 1968, y la incapacidad para resolver pacíficamente el conflicto estudiantil, el presidente de la república, Gustavo Díaz Ordaz, decidió emplear al ejército para reprimir el movimiento. El 2 de octubre, el mitin estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, fue disuelto violentamente, con armas de alto poder, que dio como resultado un número indeterminado de muertos. Los lideres fueron apresados. Fue el final del movimiento estudiantil. EI 21 de noviembre, el CNH decidió levantar la huelga.

La acción militar sobre la Plaza de las Tres Cultura inició a 6:10 la tarde del 2 de octubre. Los líderes del movimiento y los oradores del mitin estaban en el tercer piso del edificio Chihuahua. Después del tiroteo de dos horas, los soldados arrestaron a los dirigentes y entraron a los departamentos de los edificios (Tlatelolco es una zona habitacional) que rodean la plaza para detener a más estudiantes. En la noche de ese día y la madrugada siguiente fueron llevados a las cárceles. Los líderes del movimiento y algunos profesores fueron conducidos al campo militar número 1 y después fueron recluidos en la penitenciaría de Lecumberri.

Hasta aquí los fragmentos del documento virtual que he seleccionado para esta colaboración, misma que cierro con las palabras de Felipe Ávila, escritas en el prólogo del libro arriba mencionado: “El 2 de octubre no se olvida. Pero además de mantener la memoria, exigir justicia y la reparación del daño, el movimiento estudiantil de 1968 debe recordarse como una explosión de energía, creatividad y compromiso de miles de jóvenes, hombres y mujeres, para crear una sociedad más libre y democrática, así como de su capacidad para arrinconar al Estado mexicano y ganarle la batalla narrativa y simbólica, contribuyendo decisivamente al ejercicio de las libertades que hoy tenemos.”

En siguientes entregas, compartiré fragmentos de otros textos relacionados con los hechos y los procesos del movimiento estudiantil de 1968 que, en este 2026, conmemora su 58 aniversario.

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