“¡Pepe el Toro es inocente!”. Eso, referido a Omar García Harfuch, lo sugirió el senador Manuel Velasco, del Partido Verde. ¿Inocente de qué cargo? De la imputación de la comentocracia amarranavajas acerca de que los “duros” de Morena lo detestan.

“¡Pepe el Toro es inocente!” es la frase más célebre del cine mexicano. Velasco, textualmente, no la citó, pero era el sentido de lo que dijo: “Es el Pedro Infante de la política”. Curioso destape para 2030.

La coincidencia con una información de The Wall Street Journal particularmente incómoda para Harfuch refuerza la frase “¡Pepe el Toro es inocente!”.

En la película Nosotros los pobres está la identidad nacional. Pedro Infante es Pepe el Toro, carpintero, pobre, trabajador, responsable, físicamente en gran forma, valiente, bueno para los chingadazos, solidario con el barrio, llorón, enamorado y víctima de una injusticia.

Pepe el Toro vive en una vecindad, trabaja en su carpintería. Sus vecinos desempeñan numerosos oficios —“muchos oficios, pobre seguro”, escuché alguna vez decir a un trabajador que hace de todo con tal de tener chamba por aquí y por allá—. El ambiente es de pobreza, pero dominado por la fraternidad que distingue a la gente humilde. Abunda el machismo, pero sobran mujeres más fuertes que los machos. La mayoría de la gente es buena, inclusive con sentido del humor aun en la tragedia. Pepe va a la cárcel, destino del pobre, acusado de un crimen que no cometió; supera la injusticia con voluntad, honestidad y canciones hermosas como Amorcito corazón.

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Más personajes: dos borrachas, chismosas y generosas, la Tostada y la Guayaba; la cursi y tierna Chachita; la mujer más encantadora imaginable, la Chorreada; la trágica Tísica, hermana de Pepe, prostituta; el hipócrita Don Pilar; el bandido Ledo, verdadero asesino de la despreciable usurera, cuya muerte lleva injustamente a Pepe el Toro a Lecumberri.

García Harfuch me parece demasiado fifí para elevarlo al nivel de Pepe el Toro. Manuel Velasco, por lo visto, tiene otros datos.

Las palabras del senador del Verde coincidieron con una información de The Wall Street Journal que plantea: (i) que Claudia Sheinbaum está cada vez más harta de las presiones de Estados Unidos, y (ii) que la presidenta llamó fuertemente la atención a García Harfuch por asumir como suficientemente sólidas las acusaciones de Washington contra políticos mexicanos.

El Verde anda de cacería de personalidades con popularidad. Se apoya en los medios que le hacen el caldo gordo.

Manuel Cota, candidato de la 4T en Baja California Sur, es diputado federal oficialmente adscrito al Verde, pero —hijo de Leonel Cota, histórico del movimiento de izquierda—, en realidad es ciento por ciento de Morena. Debería la comentocracia restarlo en la contabilidad que hace el Verde de sus candidatos.

Una candidatura indiscutiblemente Verde, la de San Luis Potosí, es fuerte por una mala decisión de Morena. En 2024, la coalición Morena-Verde-PT llevaba para el Senado a Ozalia Rodríguez y a Juan Ignacio Segura. Pero en el partido de izquierda tuvieron la ideota de que el Verde y Morena compitieran separados: así iban a ganar tres senadurías, las dos de mayoría y la de primera minoría. Pero…

Todo salió exactamente al revés. El Verde postuló a Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo; arrasaron ella y su compañero de fórmula, Gilberto Hernández. El segundo lugar fue para la alianza PAN-PRI-PRD, que se llevó la senaduría de primera minoría. Morena no obtuvo nada.

A partir de eso Ruth González creció con fuerza política propia. Culpa de la ideota de Morena. Hoy es la carta del Verde para la gubernatura de San Luis Potosí en 2027.

Las ideotas son exitosas en el escritorio, pero catastróficas en los hechos.

El Verde tiene candidata propia en San Luis Potosí. Ahí sí, pero no en Baja California Sur. Tampoco sería Verde el candidato en Nuevo León si Clara Luz Flores fuera sustituida por Waldo Fernández. Es posible un cambio en esta candidatura si Clara, en las próximas semanas, no logra dos objetivos: unidad, sobre todo con Tatiana Clouthier, y crecer en preferencias electorales, ya que en mediciones recientes se ha desplomado. Waldo está registrado como senador del PVEM, pero es otro préstamo de Morena.

Ahora la ideota podría ser del Verde. Es muy hábil Manuel Velasco y tiene credenciales para desempeñar responsabilidades de primer nivel en el poder ejecutivo, pero…

Se engolosinó, como los futbolistas que hacen una buena jugada y no pasan el balón: no lo sueltan para que no cesen los aplausos de la tribuna, hasta que lo pierden y provocan goles en contra.

Velasco pretende “robarse” al Pepe el Toro de la política. Pero García Harfuch no tiene militancia en ningún partido. Le dañará pintarse de verde.

El gran ascenso político de García Harfuch se explica por la confianza que le ha dado la presidenta Sheinbaum. No le debe nada al Verde —ni, partidistamente hablando, a Morena, por cierto—.

A García Harfuch le perjudican tales especulaciones futuristas: solo incrementarán la intensidad de las versiones sobre los supuestos vetos que a este Pepe el Toro le ponen sectores de Morena ubicados ideológicamente más a la izquierda.

Sobre el otro planteamiento del WSJ, el supuesto hartazgo de Sheinbaum con las presiones estadounidenses, solo me inspira decir que miremos más a Europa. Guardadas todas las proporciones —y todas las motivaciones—, algo como lo que hizo Canadá.

Se puede empezar por aprovechar la cercanía relativa entre Revillagigedo (México) y Clipperton (Francia).

Clipperton es un pequeño territorio francés rodeado por una enorme zona marítima; Revillagigedo, un tesoro natural mexicano.

Clipperton es la Isla de la Pasión, no por ardores amorosos, sino religiosos. Dos navegantes franceses la avistaron el Viernes Santo de 1711 y la bautizaron así por la Pasión de Cristo.

El Archipiélago de Revillagigedo —con sus aguas circundantes— es Patrimonio Mundial de la UNESCO por su extraordinaria biodiversidad y por la abundancia de mantas gigantes, ballenas, delfines, tiburones, atunes, y tortugas…

México y Francia podrían usar a Revillagigedo y Clipperton para una gran cooperación ambiental en el Pacífico: investigación científica, vigilancia contra la pesca ilegal, protección de especies migratorias…

Nada puede haber más saludable que defender los tan amenazados mares. Y a partir de ahí dar lecciones de que el mar nos importa por su belleza y por el canto de las ballenas, pero también por lo que su cuidado implica en términos de mitigar los daños del cambio climático.

Ahora mismo, en Francia, se debate ampliar la protección marina de Clipperton. En ese país se deberá decidir cuánto se quiere proteger la Isla de la Pasión y el océano que la rodea. Algo que podría darse en el contexto político menos favorable para el medio ambiente.

Las próximas elecciones presidenciales francesas podría ganarlas la ultraderecha. La gente sensata y amante de los mares en Francia necesita proyectos ambientalistas suficientemente sólidos para resistir cualquier mal cambio de gobierno.

México puede ayudar. Ya existe cooperación marina con Francia y se ha hablado, inclusive ante la Asamblea Nacional francesa, de colaboración con nuestro país para crear una reserva natural en la Isla de la Pasión. Habría que incrementar tal esfuerzo y ampliarlo a Revillagigedo.

Una gran alianza ambiental Revillagigedo–Isla de la Pasión tendría fuerza para sobrevivir a cualquier desastre político en Francia. Los gobiernos cambian, a veces hacia lo peor —triste ejemplo el de Brasil—. Los océanos, sus ballenas, mantas, tiburones, delfines y tortugas no deberían pagar las consecuencias.