Uno de los personajes más criticados de los últimos años, por todo lo que envuelve su figura es Ricardo Salinas, uno de los mayores potentados del país. Él, sin ir más lejos, ha decidido tomar el lugar que dejó vacante Xóchitl Gálvez como abanderada presidencial.
No recuerdo, al menos desde que tengo memoria, que se esté preparado una embestida mediática como la que pondrán en marcha en los próximos años. El magnate, dueño de Televisión Azteca, utilizará todos los mecanismos que estén a su alcance para propagar una guerra sucia contra el gobierno de Claudia Sheinbaum. Eso, de por sí, ya se está llevando a cabo al repartir una narrativa feroz y a rajatabla. Lo hacen los mismos presentadores, comunicadores y columnistas afines a él. De hecho, ha reunido a un cantidad de personajes que, de verdad, cada que hay elecciones posan para los reflectores. Son los mismos. Sus encuentros son en lujosos restaurantes, olvidando siempre que, el pueblo, es quien determinará el futuro del país.
Alejandro Moreno, por ejemplo, se la pasa encumbrado bajo el micrófono de Atypical. No ha despertado ningún interés, sobre todo, por la pobreza que esgrimen sus comunicadores. Un lenguaje soez, en efecto, es el sello principal de las mesas de análisis. Podrán decir lo que quieran, pero su voz no alcanza a cubrir absolutamente nada. Hablamos de injurias, difamaciones y notas falsas las que se propagan. Así seguirán. No han comprendido que la política social, en la actualidad, se hace en territorio. Desde que AMLO ganó la presidencia de la República quedó claro: la hostilidad pasó a segundo plano. Resultó que eso, paradójicamente, abonó más para que la población decidiera su voto por la izquierda.
Desde hace tiempo, la población ya no es rehén de los medios de comunicación. Las redes sociales, sumadas al despertar de las conciencias, ha revolucionado los nuevos tiempos de libertad. Se acabó la enajenación. Es más, es muy difícil convencer a la gente. Es verdad, hay muchos aspectos que han tratado de poner en práctica para persuadir a la ciudadanía. A través de teorías conspiratorias, en efecto, busca engendrar miedo y zozobra, tal y como lo hizo el magnate de Ricardo Salinas.
El mensaje que divulgó, a la par del Grito de Independencia, más que un posicionamiento, es una postura radical o, mejor dicho, un programa de acción y desinformación de los grupos conservadores. La mala noticia para ellos, que solo recurrirán a la hostilidad, es que la gente no está para cuentos, sobre todo si son financiados desde la derecha.
Hoy más que nunca, por esa simple razón, es momento de cerrar filas con el proyecto de la Cuarta Transformación. Se vendrá una andanada feroz. La evidente postulación de Ricardo Salinas va en serio.
De entrada, tiene que mejorar la forma en que se dirige a la ciudadanía. Su lenguaje es, en definitiva, el del clásico patrón que somete a la clase trabajadora. Siendo así, no veo ningún sentido tratar de recomponer una imagen que, desde hace tiempo, se ha presentado de cuerpo entero como es. No hay mucho que ofrecer, sobre todo el contrapeso que, de un tiempo para acá, se viene desinflando.
Los vestigios del PRI no dan para mucho. Se les ha diluido el voto duro y, al interior, no tienen un solo liderazgo. Alito Moreno se ha encargado de desmantelar las estructuras al ser el jefe y amo de las siglas. En el revolucionario institucional no hay democracia participativa. El presidente tiene el control total.
Eso, desde luego, no es algo que deba preocupar al gobierno y a Morena. Aunque, más allá de eso, debería ser un detonante para fortalecer el trabajo de base y los recorridos territoriales. Lo que también se tiene que poner en marcha, sin duda, es sellar la unidad con las fuerzas que han acompañado al movimiento. No debe existir margen para el exceso de confianza.
Estamos hablando que Morena, PT y PVEM tienen que apostar a ganar todo lo que está en juego. Más allá de que a algunos les disguste la idea de la alianza, en este momento es sustancial pensar en la unidad. Están en juego 17 gubernaturas y la mayoría calificada en el Congreso federal. Razón suficiente para que la negociación y el consenso sirvan para equilibrar la balanza. Siendo así, la coalición tiene que repetir, sobre todo, si es a favor del proyecto de la presidenta constitucional.
Su gira por el país, a nuestro juicio, es el mejor termómetro para medir el grado de popularidad que jala. De concretarse la alianza Morena, PT y PVEM hay chances de ganar todas las entidades federativas. Es, sin duda, el momento perfecto para aplastar en las urnas a una oposición desangelada que no encuentra el rumbo. Para ello se requiere unidad y cohesión al interior, sin olvidar la convicción y la firmeza por este proyecto humanista. Ese proyecto, de verdad, si despierta amor y cariño.






