“La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido.”

Milan Kundera

Primero asesinaron a au marido. Después descubrieron que el asesinato de Carlos Manzo no había resuelto el problema político; de hecho lo había multiplicado. Dejó una causa, un sombrero convertido en símbolo y una viuda que, en vez de retirarse a administrar el duelo, ocupó la alcaldía de Uruapan y se colocó en la delantera en distintas mediciones demoscópicas rumbo al gobierno de Michoacán. Por ejemplo, C&E Research la ubicó en enero al frente de un careo con 23%; AIMSA la puso después en 34%, ocho puntos arriba de Raúl Morón.

Otras encuestas muestran una contienda más cerrada e incluso ventaja de Morena, pero coinciden en lo esencial: Grecia Quiroz es la opositora a vencer. Vaya inconveniente…

O sea que Grecia no solo heredó el cargo de su esposo; heredó el desafío que él representaba para el sistema político michoacano.

Y de eso se trata la ofensiva que estamos viendo: de quitarla del camino antes de que llegue a las urnas.

Es simple. Cuando un adversario encabeza las encuestas o amenaza seriamente con ganar, siempre queda ese amplio repertorio que en Michoacán parece practicarse con notable coordinación: cambiarle las reglas, desacreditarlo, rodearlo de sospechas y, si todavía respira políticamente, poner a la Fiscalía a hacer preguntas en voz alta.

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La secuencia importa. En mayo, el Congreso de Michoacán reformó el Código Electoral para impedir que candidaturas independientes hicieran campañas conjuntas o compartieran símbolos, nombres y plataformas capaces de producir una identidad común. Qué casualidad: el Movimiento del Sombrero se llama así precisamente por un símbolo común y pretende postular candidaturas independientes en 2027. Las leyes, al parecer, también pueden confeccionarse a la medida; solo que aquí la medida era la del sombrero que había que achicar.

Después vino Morena. Acusó a Quiroz de realizar actos anticipados de campaña, exigió que renunciara y calificó su informe de gobierno como “circo político”. La paradoja es exquisita: el partido que convirtió los cargos públicos en precampañas permanentes—así tal cual—, se escandaliza al detectar ambición electoral en una adversaria… No les molesta la campaña adelantada; les molesta que no sea la suya. Chafas.

Ahora llegó el golpe más delicado. Yesenia Méndez, exsecretaria particular de Carlos Manzo, declaró que Samuel García Rivero —exfuncionario municipal vinculado a proceso por presuntamente filtrar al CJNG información sobre la agenda del alcalde— llegó al Ayuntamiento recomendado por Grecia. Sostiene además que, tras el asesinato, volvió a ocupar un cargo, recibió un salario mayor y se convirtió en enlace con la nueva presidenta municipal. Son acusaciones graves. Deben investigarse y Grecia debe responderlas puntualmente. Defenderla de una operación política no exige declararla infalible.

Pero la historia no termina ahí. Juan Daniel Manzo, hermano del alcalde asesinado, acusa a su cuñada de no entregar los teléfonos de Carlos, afirma que Samuel la informaba sobre los movimientos de su esposo y sostiene que el Ayuntamiento paga la defensa de los escoltas procesados.

Tampoco son señalamientos menores. Lo que sí merece subrayarse es quién los formula: no únicamente el hermano dolido de la víctima, sino el subsecretario de Gobernación del gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla, designado desde junio de 2024 y responsable, por definición, de tareas relacionadas con la política interior del estado.

No descalifico a Juan Manzo por ser funcionario ni por ser hermano. Señalo su doble investidura. Cuando acusa, ¿habla el familiar que busca justicia o el integrante de un gobierno cuyo partido puede perder Michoacán frente a la mujer a la que acusa?

Tal vez hablen ambos. Y precisamente por eso su intervención exige pruebas, transparencia y un cuidado que hasta ahora ha sido sustituido por entrevistas, titulares y sospechas administradas por entregas.

También llama la atención el calendario. Nueve meses después del homicidio, justo cuando se acerca el proceso electoral, la exasistente de Manzo amplía su declaración, Juan Manzo intensifica sus acusaciones y la Fiscalía estatal abre una línea de investigación sobre Grecia… La tardanza no vuelve falsos los señalamientos; el momento tampoco los vuelve verdaderos. Pero en política el tiempo es información. Y aquí el reloj parece estar perfectamente sincronizado con 2027.

El “legalismo autocrático” no siempre rompe la legalidad; a veces la utiliza, reforma tras reforma y procedimiento tras procedimiento, para estrechar el espacio de sus adversarios. Eso parece dibujarse en Michoacán: primero la ley electoral reduce el terreno de los independientes; después el partido exige la renuncia de su figura más competitiva; finalmente, el aparato ministerial la coloca dentro del perímetro narrativo del asesinato de su propio esposo.

Que la Fiscalía investigue. Más aún: que investigue todo. Quién dio a Samuel acceso a la agenda privada, quién lo recomendó, quién lo sostuvo, quién lo recontrató, cuánto cobró, a quién reportaba y qué ocurrió con los teléfonos de Carlos Manzo. Pero que investigue también la línea política que Grecia lleva meses reclamando y los nombres señalados por su esposo antes de morir. Lo que no sería aceptable es una Fiscalía con visión panorámica para mirar a la viuda y estrabismo repentino para mirar al poder.

Grecia Quiroz puede ser responsable de decisiones administrativas equivocadas. Incluso podría aparecer evidencia más seria; hoy no está acreditada públicamente. Lo verificable, en cambio, es que enfrenta simultáneamente una barrera electoral diseñada contra el modelo que encabeza, una ofensiva partidista, acusaciones de un alto funcionario estatal que además es su cuñado y una investigación ministerial amplificada antes de ofrecer conclusiones.

No es una sentencia de inocencia. Es la descripción de una cancha inclinada.

El asesinato de Carlos Manzo exige justicia, no una segunda muerte política fabricada con insinuaciones. Si existen pruebas contra Grecia, que se presenten y se actúe conforme a derecho. Si no existen, estaremos ante algo todavía más miserable: utilizar el expediente del hombre asesinado para quitar del camino a su viuda y devolverle al oficialismo, por vía ministerial, la delantera que hoy no tiene asegurada en las urnas.

Giro de la Perinola

En Michoacán, el poder parece haber girado la perinola y leído: “todos contra Grecia”.

Morena pone la reforma; su dirigencia, el lodo; el hermano, la acusación; la Fiscalía, la carpeta. A la viuda le toca poner la prueba de su inocencia.

Pero cuidado: cuando un gobierno necesita cambiar la ley, movilizar a su partido y convertir una tragedia familiar en expediente electoral para frenar a una mujer, quizá no está demostrando que ella sea culpable. Está confesando que le tiene miedo.