El verdadero peligro de una oligarquía no es que gobierne mal, sino que impone la ilusión de que el pueblo es quien decide.
Noam Chomsky
La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia abrió paso a un nuevo paradigma empresarial: hombres de negocios que, como buena parte de los grandes ricos de México, encontraron en la cercanía presidencial una extraordinaria oportunidad para hacer negocios, obtener contratos, concesiones y beneficios fiscales.
Los empresarios que AMLO llamó durante años “la mafia del poder” no desaparecieron. Por el contrario, regresaron fortalecidos, adoptados y recuperaron posiciones estratégicas en sectores fundamentales de la economía.
López Obrador creó su Consejo Asesor Empresarial, inicialmente coordinado por Alfonso Romo, quien comenzó el sexenio como jefe de la Oficina de la Presidencia.
Romo no era un desconocido en los círculos del poder. Mantenía una antigua relación de amistad y negocios con Carlos Salinas de Gortari y, particularmente, con su hermano Raúl Salinas. Durante el salinismo fue uno de los empresarios favorecidos por el régimen y llegó incluso a la lista de los hombres más ricos del mundo de Forbes.
Su nombre también apareció relacionado con el fondo de inversión de más de 100 millones de dólares de Raúl Salinas, descubierto por autoridades mexicanas y suizas en los años noventa.
Curiosamente, varios empresarios cercanos a AMLO formaron parte de aquel fondo de inversión.
Empresarios del nuevo régimen
Entre los integrantes del Consejo Asesor de López Obrador estuvieron Carlos Hank González, Ricardo Salinas Pliego, Bernardo Gómez, Olegario Vázquez Aldir, Miguel Rincón Arredondo, Sergio Gutiérrez Muguerza y Miguel Alemán Magnani.
Ricardo Salinas Pliego merece capítulo aparte. El empresario aportó una buena cantidad al fondo de Raúl. Y la propia Claudia Sheinbaum recordó recientemente que Raúl Salinas otorgó al empresario un financiamiento de 29.8 millones de dólares para completar los recursos necesarios para la adquisición de TV Azteca.
La lista de magnates cercanos al poder también incluyó a Carlos Slim, de Grupo Carso; Germán Larrea de Grupo México y Alejandro Baillères de Grupo Bal.
Con Claudia Sheinbaum el modelo no desapareció. La presidenta creó el Consejo Nacional de Inversiones, encabezado por Carlos Slim y coordinado por Francisco Cervantes. Allí volvieron a aparecer algunos de los empresarios que acompañaron a López Obrador, como Slim, Carlos Hank González, Bernardo Gómez y Alejandro Baillères.
Se incorporaron además Alfonso de Angoitia, Alejandro Soberón Kuri, Laura Díez Barroso, Juan Pablo del Valle Perochena y Pablo Chico Pardo.
Una oligarquía que no nació con la Cuarta Transformación. Pero encontró en ella nuevo lenguaje, nuevos aliados y nuevas puertas de acceso al poder.
El clan
Y mientras los empresarios tradicionales se acomodaban con el nuevo régimen, los hijos de López Obrador construían su propia clase empresarial.
Amigos de la infancia y de la universidad de Andrés y Gonzalo López Beltrán pasaron de ser personajes prácticamente desconocidos en el ámbito corporativo federal a participar en negocios millonarios relacionados con el gobierno.
Jorge Amílcar Olán Aparicio ha sido señalado como uno de los principales operadores financieros de ese grupo. Su crecimiento en el sector salud y de infraestructura fue vertiginoso. Es señalado por presunto huachicol fiscal, sobreprecios de medicamentos, suministro de balasto para el Tren Maya y operaciones inmobiliarias en Dos Bocas.
También están Alejandro Castro Jiménez Labora y otros empresarios vinculados con adjudicaciones multimillonarias en instituciones como el IMSS, el desaparecido Insabi, Sedatu y los proyectos ferroviarios de la administración obradorista.
Los hermanos López Beltrán han mantenido interlocución directa con herederos de grandes fortunas tradicionales. En el llamado “cónclave de la Condesa” fueron vistos con empresarios como Juan Domingo Beckmann de Tequila Cuervo, el especialista tecnológico Mauricio Garduño y Daniel Asaf, exjefe de la Ayudantía Presidencial, mostrando que el círculo económico de los hijos del expresidente ya no está limitado a nuevos contratistas.
Así, mientras AMLO construía su discurso contra la “mafia del poder”, alrededor de su gobierno se consolidaba otra red empresarial.
Su propia oligarquía. Fortunas de generaciones, políticos o simplemente amigos de sus hijos. Todos los que entendieron que no solo es tener dinero, es estar cerca de quien lo reparte.
X: @diaz_manuel



