Las clases altas creen todo lo que leen en El Universal y en el sitio de internet de Carlos Loret de Mola. Lo creen nada más porque son medios muy agresivos contra la 4T.
Las gente rica, por fanatismo ideológico, en general detesta a la izquierda, así que cree en tales medios sin detenerse a analizar a si tienen fundamento las afirmaciones que publican contra, por ejemplo, Claudia Sheinbaum y AMLO.
Es el caso de familiares y amistades del dueño de Tequila Cuervo, Juan Domingo Beckmann. También deben creer cualquier infamia contra la 4T los directivos de ese consorcio tequilero, una de las empresas más grandes de México, cuyas marcas tienen presencia en más de 85 países.
Me pregunto si seguirán creyendo en El Universal, en Loret y en sus patrocinadores después de que han dañado de forma tan irresponsable el prestigio del señor Beckmann.
Al dueño de Tequila Cuervo se le ha linchado por el único pecado de haber asistido a una comida con dos de los hijos de López Obrador.
El sitio de internet dirigido por Carlos Loret —propiedad de la familia del maquiavélico político priista Roberto Madrazo— decidió que una simple promoción comercial de la chocolatería de los hijos de AMLO, una empresa más bien pequeña, colocada al lado de Tequila Cuervo, constituye prueba suficiente de una conspiración a gran escala.
¿Es en serio?
En México sobran empresas, de todos los tamaños, que realizan promociones con los tequilas de Casa Cuervo.
En las fiestas patrias, las cadenas de autoservicio ofrecen constantemente tequila Cuervo en paquetes de “Noche Mexicana”.
Turín, que no es una marca menor como la de los hijos de AMLO —pertenece a un gigante con ingresos de 60 mil millones de dólares—, fabrica chocolates rellenos de Tequila Cuervo.
Las familias de clase media y alta utilizan los tequilas de Cuervo para barras libres en bodas, pero también como recuerdos matrimoniales personalizados o de fiestas de XV años, aniversarios, graduaciones y hasta bautizos.
Hacer de la coincidencia de dos marcas un indicio delictivo es perfectamente coherente con la falta de ética de Roberto Madrazo y su acólito Loret. Transformar el co-branding en la “prueba del delito” solo exhibe el bajísimo rasero ético de Loret y de su padrino Madrazo.
En El Universal le fue peor a Juan Domingo Beckmann. Una de sus empresas, cuya única actividad es operar como vehículo de inversión patrimonial y tenedora de acciones, ha sido convertida, por obra y gracia de la falta de ética periodística, en un supuesto indicio de huachicol y hasta de investigaciones en Estados Unidos.
El Universal sabía que la empresa cuestionada no tiene actividades relacionadas con infraestructura portuaria ni transporte marítimo de hidrocarburos.
Es verdad que, por costumbre corporativa, cuando se fundan empresas el objeto social suele ampliarse a toda clase de actividades “por si las moscas”; esto es, por si acaso la compañía se diversifica, y así no hay necesidad de modificar los estatutos.
Juan Domingo Beckmann lo aclaró a El Universal, y este diario publicó su carta, pero dando a la réplica del empresario muchísimo menos relevancia que a la nota original. O sea, muy pocas personas se enteraron de la aclaración, por lo que la acusación original sigue manchando la reputación de un mexicano generador de empleos y que no es contratista del gobierno.
Y ya ni hablar de que los medios presenten como investigaciones periodísticas materiales producto del espionaje, como la grabación de la comida entre Beckmann y los hijos de AMLO.
Un periodista puede recibir videos obtenidos ilícitamente y, por su interés público, decidir publicarlos. Pero tiene la obligación ética de explicar que seguramente son producto del espionaje, ya que el espionaje nunca es neutral.
Raymundo Riva Palacio, en El Financiero, dio elementos para pensar que la grabación de la comida entre el empresario y los hijos de AMLO no fue una investigación periodística, sino un trabajo profesional de inteligencia.
El Universal en ningún momento lo aclaró, lo que llevó al público a pensar que estaba viendo el resultado de un trabajo periodístico o el video de una persona común y corriente que pasaba por ahí y los grabó.
El Universal y el periodista Héctor de Mauleón no tienen por qué revelar su fuente; sí deben, por ética, subrayar que el material pudo haber sido obtenido mediante espionaje ilegal.
El espionaje no es neutral. Lo más probable es que se espiara a los hijos de AMLO por motivos políticos, pero ¿y si se espiaba al empresario con el propósito de extorsionarlo o algo peor?
Quien espía decide a quién vigilar, qué registrar, qué desechar y, finalmente, qué entregar a un periodista.
El Universal recibió una edición realizada por alguien con un interés determinado. El diario estaba obligado a aclarar las circunstancias en que obtuvo ese material. No lo hizo, ese periódico reprobó en ética.
Pregunto de nuevo: ¿ya entendieron en el círculo de clase alta del dueño de Tequila Cuervo cómo es que mienten medios como El Universal y periodistas como Loret, o van a seguir en el feo fanatismo derechoso?


