En Japón, representa un asunto de estatus invitar a un luchador de sumo de alto rango a una fiesta o comida privada de personas de gran poder económico.

Es un privilegio reservado a las élites que patrocinan a los peleadores a través de la Asociación Japonesa de Sumo, que solo acepta como sponsors a quienes se han sometido a un escrutinio muy estricto que pretende, básicamente, garantizar que no se trate de gente vinculada al crimen organizado y que se preserve el carácter sagrado de la lucha.

El sumo es un ritual sintoísta. Así que la presencia de un luchador importante en cualquier evento de la clase alta otorga al anfitrión un enorme prestigio.

El equivalente en México sería la invitación que los ricos hacen a celebridades a sus eventos, como el cantante Julio Iglesias, quien estuvo en la famosa boda maldita, en la que fue anfitrión el abogado Juan Collado, conocido por sus dos clientes más importantes, Enrique Peña Nieto y Carlos Salinas de Gortari.

También gente de la política, famosa por su poder o inclusive por sus escándalos, llega a ser invitada a las fiestas o a comilonas de las clases altas. Es el caso de los hijos de AMLO, dos luchadores de sumo a la mexicana que fueron vistos —hay un video de ello— en lo que un columnista de El Universal, Héctor de Mauleón, bautizó como el Cónclave de la Condesa, celebrado el pasado lunes 24 de agosto en el restaurante Magazzino, en la colonia Condesa de la CDMX.

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El establecimiento cerró sus puertas exclusivamente para el grupo, integrado por Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán, Daniel Asaf y los empresarios Juan Domingo Beckmann (Tequila Cuervo) y Mauricio Garduño (dedicado a la tecnología). Quiero pensar que los alimentos y las botellas de vino de 24 mil pesos fueron pagados por los empresarios y no por los hijos del admirado y austero expresidente López Obrador.

Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán eran para Beckmann y Garduño sus luchadores de sumo. No en un acto ritual sagrado, sino nada más para sentirse especiales conviviendo con dos hombres que han estado, tristemente, ya con demasiada frecuencia en los medios.

Una hermana del accionista principal de Tequila Cuervo, Doris Beckmann, tuvo su cena con su propio luchador de sumo, versión política mexicana escandalosa: Emilio Lozoya, en el restaurante capitalino Hunan.

¿Qué ganaron Juan Domingo y Doris Beckmann y Mauricio Garduño con invitados tan emproblemados? Seguramente quitarse el aburrimiento que caracteriza a las personas muy ricas que todo tienen, que han viajado a todas partes, que han comprado todos los artículos lujosos habidos y por haber y que de plano recurren a lo que sea —como a comer con sus luchadores de sumo de la política mexicana— como remedio para no morir de bostezos agudos.

A quienes perjudican tales escándalos no es a las personas de empresas que seguramente pagan los vinos con dinero bien ganado en actividades privadas, productivas y correctas. Tampoco puede dañarse más la imagen de los luchadores de sumo de la política, en este caso, los hijos de AMLO y Lozoya, porque sus reputaciones, justa o injustamente, ya están bastante abolladas.

El problema, en el caso de Andrés Manuel y Gonzalo López Beltrán, es para Morena, que con tales espectáculos de alto consumo se aleja de uno de sus principios fundamentales, el de la austeridad republicana.

Por fortuna para Morena, su único expresidente, AMLO, y su presidenta, Claudia Sheinbaum, han demostrado vivir en la justa medianía.

Creo que Andrés Manuel López Obrador descuidó el tema de mantener dentro de los límites a su familia —tampoco se ha probado nada ciento por ciento ilegal, por cierto, pero escándalos ha habido para dar y repartir—. La situación de Sheinbaum es distinta y ejemplar, y por lo tanto es el principal activo de la 4T: ella es absolutamente honesta y ha vivido siempre, y así sigue, alejada de los excesos, y su familia también es admirablemente austera.

Los expresidentes del PRI, ¿quién les paga?

Es una suerte para Morena que los expresidentes del PRI y del PAN, todos, sean no solo luchadores de sumo politiqueros en ciertos países de Europa, sino que tengan vidas de multimillonarios pagadas por ellos mismos sin que puedan demostrar que sus recursos fueron generados en forma decente.

Ayudan mucho a Morena los lujos imposibles de pagar con sus ingresos de Salinas, Zedillo, EPN y Calderón. Vayamos al caso de Peña Nieto.

Enrique Peña Nieto tuvo su segunda boda maldita que para la 4T es bendita. A EPN le da por las fiestonas a todo lujo. Se le vio en una boda celebrada en un castillo privado de Portofino, Italia, rodeado de celebridades y empresarios —uno de estos participó en la cuestionada adquisición del equipo de espionaje Pegasus por parte de los gobiernos del PRI y del PAN—.

La primera boda maldita fue la mencionada de mayo de 2019, en la que Collado fue anfitrión. Apenas había llegado López Obrador a Palacio Nacional, y la élite del viejo sistema político lo retó en ese evento con un despliegue de opulencia que sus integrantes pagaron muy caro. La inolvidable boda que terminó siendo un catálogo de expedientes judiciales:

Collado fue detenido dos meses después por lavado de dinero. Romero Deschamps dejó el sindicato de Pemex para no correr la misma suerte. Medina Mora renunció a la Suprema Corte por transferencias financieras sospechosas. Rosario Robles terminó en prisión preventiva por la Estafa Maestra. Otros invitados: Raúl Salinas de Gortari (quien estuvo años en la cárcel), Beltrones, Del Mazo, Eruviel Ávila. Pura gente de postín.

Iba a ser una exhibición de dinero y pertenencia a la élite, pero resultó el símbolo del ocaso de un grupo político. Y sí, Morena aprovechó tanto desprestigio acumulado en la boda maldita para consolidar su primera presidencia.

La reciente boda en Portofino, Italia, beneficiará a la 4T en las elecciones de 2027. Bendita para la izquierda, maldita para la oposición de derecha.

Peña Nieto tiene el derecho de vivir como potentado. No sería malo que disfrutara de una vida de lujo…, siempre que la pagara con dinero generado en actividades privadas ciento por ciento correctas.

Pero Peña Nieto solo ha vivido de la política. ¿De dónde saca, entonces, para vivir la vida loca en Italia y España? Que él lo explique.

Morena podrá exhibir en sus mítines la fotografía de Peña Nieto con elegante traje de etiqueta. Así lo hizo durante muchos años López Obrador, quien mostraba una foto de Peña Nieto y Carlos Salinas, también elegantísimos. Fue una imagen de la boda de 2008 de Sylvana Beltrones, del PRI, y Pablo Escudero, del Partido Verde, en la que aparecía el empresario Mario Vázquez Raña, pero lo borraron para no restar brillo a Peña y Salinas.

La desgracia política del PRI y del PAN tiene que ver con los excesos de sus expresidentes: Salinas, Zedillo, Calderón y Peña Nieto.

López Obrador y Sheinbaum tienen otra ética: entienden el ejercicio del poder como la justa medianía de Benito Juárez, que es el gran activo electoral de Morena.

Sheinbaum no quiso ser mujer de negocios. Pudo haberlo sido por su formación de doctora en ingeniería. En el mundo, en la historia, abundan ejemplos de gente de ciencia que con innovación acumuló grandes patrimonios.

Desde Tales de Mileto, en la antigua Grecia, sabemos que una persona dedicada al conocimiento puede enriquecerse si se lo propone. Los hombres más acaudalados del mundo de hoy son verdaderos genios tecnológicos.

Sheinbaum tomó el camino de la lucha social y política en favor de las mayorías, marginadas durante los gobiernos del PRI y del PAN.

Mientras Sheinbaum es austera, Peña Nieto anda en el lujo rodeado de personajes que tuvieron vínculos oscuros con el gobierno mexicano. Lo mismo los otros expresidentes del PRIAN. Salinas de Gortari vive en Madrid y Londres como multimillonario. Calderón tiene recursos de sobra para parrandear en la Fórmula 1 europea. Zedillo ha sido en Estados Unidos asesor y miembro de consejos de grandes corporaciones que hicieron negocios con el gobierno mexicano.

No es mala la riqueza obtenida legítimamente en actividades privadas. El problema aparece cuando un expresidente, sin haber emprendido negocios decentes, vive como magnate.

No condeno el lujo: solo pregunto de dónde sale el dinero para pagarlo.

En Morena también hay personajes sin ética, y hacen daño. Como Mara Lezama, gobernadora de Quintana Roo, quien viaja en aviones privados.

Pero una cosa es un funcionario menor o un pariente presidencial que contradice los principios de la 4T, y otra muy distinta que esos principios sean traicionados por quienes encabezan el proyecto.

En el compromiso con la austeridad personal, ni AMLO ni Claudia han fallado. Sheinbaum es una de las personas más honestas que han llegado a la Presidencia de México.

De ahí la fortaleza de Morena. Si la cabeza no se corrompe, no se pierde la esperanza de que todo lo demás pueda limpiarse. Pero si el de arriba es corrupto, como en el PRI y el PAN, todo está perdido.

La dirigente de Morena, Ariadna Montiel, y quienes logren las candidaturas de izquierda en 2027, ganarán si exhiben en los mítines las fotografías de Salinas, Calderón, Zedillo y Peña Nieto en los destinos más caros de EEUU y Europa. Así la gente recordará lo que fueron el PRI y el PAN y volverá a preferir a la izquierda.

Más les valdrá hacerlo porque la oposición exhibirá los escándalos de los luchadores de sumo de la 4T, ¿o alguien lo duda?

Aquí un video sobre el tema: