Ser de opereta
Se dice que algo es de opereta para denostar y disminuir el valor algo, para dibujarlo como ridículo o poco serio. Esto se hace teniendo o no razón sobre la naturaleza del objeto del escarnio; en realidad, la frase siempre suena chocante. Primero, porque pasó de moda, segundo, porque se ha repetido tanto que quien la expresa carece de originalidad y de gracia, y tercero, hay cierta arrogancia en quien la emite haciéndose pasar, deliberada o inconscientemente, por conocedor.
La expresión tiene al menos siglo y medio de existencia, y si no, al menos la percepción de que algo es de opereta en oposición, naturalmente, con la ópera seria que, en aparente contraste, es algo elevado; así tendríamos un arte de primera y otro de segunda. Y es que la opereta surgió a mediados del siglo XIX, cuando la ópera había nacido a fines del XVII.
Ya he explicado en este espacio lo que es la opereta como un desprendimiento de la ópera, una variante ligera y usualmente cómica, en el texto “El deleite de lo ligero: de la ópera bufa al musical” (SDPnoticias, 01-09-24).
La naturaleza negativa atribuida a la opereta y lanzada como arma contra cualquier objeto de crítica, ha sido utilizada como recurso de “análisis” en México sobre todo en el periodismo político, pero también por ensayistas e historiadores y, en general, por analistas de “la realidad nacional”.
He realizado un ligero rastreo de periodistas y escritores mexicanos, actuales y pasados, que han utilizado la frase “de opereta” en sentido principalmente negativo, para disminuir y vilipendiar un objeto de crítica (gobiernos, políticos, ciudades, organizaciones, instituciones, empresas, personas, obras…), con razón o sin ella; usualmente, sin ella, pues el denuesto crudo no vale la pena, es vulgar; en sentido inverso, se exhibe “de opereta” frente a la crítica fundamentada. Va una lista preliminar sin que el orden tenga un significado particular ni califique ni adjetive de nada al enlistado:
- Raymundo Riva Palacio
- Julio Hernández López
- Jorge Fernández Menéndez
- Pablo Hiriart
- Carlos Loret de Mola
- Rafael Loret de Mola
- Carlos Marín
- Denisse Dresser
- Beatriz Pagés
- Anabel Hernández
- Ricardo Alemán
- Carlos Alazraki
- Joaquín López Doriga
- Elena Poniatowska
- Guadalupe Loaeza
- Alejandro Páez Varela
- Guillermo Sheridan
- Enrique Krauze
- Gabriel Zaid
- Cristopher Domínguez Michael
- Alfonso Reyes
- Daniel Cosío Villegas
- Octavio Paz
- Salvador Novo
- Rafael Solana
- Carlos Fuentes
- José Agustín
- José Alvarado
- Gabriel Careaga
- José Antonio Alcaraz
- Carlos Monsiváis
- Jorge Ibargüengoitia
- Etcétera
La expresión se ha usado con mayor o menor fortuna. E independientemente del contexto, por lo general, como arma irónica. Hoy se continúa usando por periodistas y columnistas, la lista anterior comprende alrededor de cien años, de Alfonso Reyes a los columnistas de nuestros días.
Nicaragua, la opereta
Desde hace tiempo he querido escribir sobre la familia Ortega en el poder en Nicaragua. No tanto por la figura en que ha devenido el antiguo guerrillero Daniel Ortega, un hombre de 80 años que ha gobernado su país, en dos períodos, alrededor de 30 años y actualmente, desde 2025, es co-presidente junto con su esposa Rosario Murillo. Había querido hablar en particular de su hijo Laureano Ortega Murillo, un cantante, un tenor que con el apoyo presidencial paterno creó una compañía de ópera en la cual él ha sido el protagonista en todas las producciones y conciertos; ah, y también canta ranchero mexicano.
No diré nada de las condiciones vocales de Laureano ni de sus méritos mayores o menores para ser el cantante principal de su propia compañía (ahí lo que importa es quién pone el dinero y sus ambiciones personales), pero pueden consultarse sus videos de youtube. Lo cierto es que una potencial competencia entre el tenor favorito de Trump, Christopher Macchio, de quien he hablado en “Los tres tenores de Trump” (SDPnoticias; 19-10-26), el tenor favorito de Daniel Ortega, su hijo Laureano, y Andrea Bocelli, sería muy chistosa; y es probable que gane el tenor ciego.
Por lo pronto, Laureano se ha convertido no sólo en el favorito de su madre, la co-presidenta nicaragüense, ha ido también acumulando actividades y poder como operador y ejecutor político de su padre adquiriendo al tiempo un perfil presidencial; así, todo seguiría quedando en familia. Nicaragua, como México que ya lo tuvo, tendría un presidente cantante.
Y esta familia ambiciona asegurar su continuidad, se percibe así de acuerdo a las recientes palabras de Daniel: “No volverá a haber elecciones para que ellos [la oposición] intenten atrapar el gobierno, atrapar el poder”; y anunció que la Asamblea Nacional aprobará leyes para “ponerles un muro, un bloque a los golpistas, a los vendepatria” (Redacción, BBC News Mundo, 21-07-26).
El cuadro estaría completo para escribir un libreto, en este caso sí, de opereta, con los siguientes personajes:
Título: Nicaragua en tiempos de don Ortega
Personajes:
El patriarca: para bajo-barítono. Interpretado por Daniel Ortega.
La esposa del patriarca: soprano. Interpretado por Rosario Murillo.
El heredero al trono: tenor. Interpretado por Laureano Ortega Murillo.
La prometida: mezzosoprano. Interpretado por la actual esposa o puesto a audición.
Los hermanos, celosos y no celosos: voces diversas. Seis o siete partiquinos para audición.
Coro y bailarines: abiertos a audición.
Producción: Compañía de la Fundación Incanto. Fundada y dirigida por Laureano, y fondeada por Daniel vía el erario público nicaragüense.
Estreno: Teatro de la Opereta de la República de Nicaragua.
Y bueno, cada país elige, idealmente, el sistema y/o el gobierno que desea.
Y en México: oposición y periodismo de opereta
Las palabras de Daniel Ortega dieron pie a esta nota que tenía atrasada por años. Pero el mayor aliciente a materializarla ahora ha sido la reacción de la oposición política mexicana, la prensa y un gran número de periodistas y columnistas mexicanos, que se han comportado sin seriedad, propiamente como personajes de opereta al utilizar la información para equiparar al gobierno mexicano con el nicaragüense, para decir que México ya no será Venezuela ni Cuba ni Corea sino Nicaragua.
Han dicho que hay paralelismo entre la posible cancelación de las elecciones en Nicaragua a la política que prohíbe en México la injerencia extranjera en las elecciones mexicanas. Que la soberanía nacional es una vacilada. Que el gobierno mexicano tendría que haber enviado una nota diplomática o retirar acaso al embajador. Que escudarse en el respeto a la soberanía es una debilidad. Que “el silencio” y/o la tardía reacción de Claudia Sheinbaum sobre el tema es una prueba de complicidad ideológica.
Esas y otras reacciones absurdas se han dado desde antes de que en la Conferencia Matutina a algún reportero se le ocurriera preguntar sobre el asunto. Y la presidenta respondió lo que ya sabemos iba a decir: 1. “Primero es la autodeterminación de los pueblos, lo que decide el pueblo de Nicaragua”. 2. “Nosotros siempre estamos de acuerdo con la democracia en todos sus términos. Esa es mi respuesta” (Conferencia del 27-07-26).
Si esto no queda claro a la oposición política y quiere manipular, se entiende. Pero, ¿al periodismo y columnismo mexicanos? Si no quieren emplear las armas del contexto histórico, los sistemas políticos comparados, la realidad social de los países comparados, la biografía, los datos económicos, la cronología de las elecciones, las tendencias, etcétera, es porque, como dicen los gringos, traen “una agenda” (ya sabemos cuál), porque odian demasiado o porque son, ahora sí, “de opereta”. No son serios, no razonan, no argumentan, se complacen y vacían en su condición de opositores o se “catartizan” en sus personajes secundarios “de opereta”; son cómicos partiquinos de opereta.
P.d. Cerremos con una opereta muy seria, mi favorita, ya lo he dicho, la obertura a El murciélago, de Johann Strauss II; aquí está, en la batuta de Karl Böhm; Viena, 1972, de la película dirigida por Otto Schenk:


Héctor Palacio en X: @NietzscheAristo



