He informado con anterioridad del Proyecto Borges al que he sido convocado. Como parte del mismo, comparto la lectura del poema “Cosa y hombre”, donde se respira, con mayor o menor fortuna, el ánimo del espíritu borgiano.
Cosa y hombre
Como en bello y melancólico poema de Borges,
de estos libros que a mi gusto me rodean,
muchos hay que no he leído
ni nunca leeré.
Inexorables,
pensamiento e imaginación
retiran de la memoria escenas
del hombre que fueron bellas o dramáticas.
El primer suspiro. Los primeros pasos.
La primera palabra. El primer beso.
Música, sueño y la embriaguez de los sentidos.
Abstraen la memoria de las cosas:
viajes, monumentos, calles;
vestimenta y alimentos preferidos.
¡Esos ojos repentinos y su sonrisa!
El amor de padre y madre;
el fraterno.
La sinceridad de los escasos amigos.
La inutilidad de los pequeños logros personales:
ese cuento, esa canción.
La angustia primigenia en Gilgamesh.
El hondo canto de Homero.
El terror de Edipo.
De Aristófanes, la burla y la ironía.
El cinismo de Diógenes, el Perro.
El arte dialogal de Platón en El Simposio.
La construcción latina de Virgilio.
La inocencia poética de Dante.
Los pétreos gigantes alemanes.
De Nietzsche, la insania.
El monumental inglés.
El existencialismo francés.
La floración rusa del arte.
Cervantes, Sancho y Don Quijano.
Dolores y parto del “nuevo mundo”.
El “exotismo” oriental y todo lo desconocido.
Vida de todos los días, de todos nosotros:
Todo tiene límite y fin.
Y es que recuerdo e imaginación
asimismo se van.
Como se destierra el hombre de la existencia.
Cuando cosa y hombre
son ya lo mismo para siempre:
materia y olvido.
P.d. Publicado originalmente en Prueba de alpinismo: de la voz a la punta de la montaña. Antología de poetas mexicanos Generación XVIII; selección y prólogo de Israel Nicasio, 2024.

