Voy a plantear algunas preguntas y, al mismo tiempo, ensayar algunas respuestas relacionadas con dos artículos recientes de Ciro Gómez Leyva, ambos publicados en Excélsior. Uno de ellos es el de hoy sábado 1 de agosto, “La culpa fue de Carlos Manzo”; el otro, de ayer viernes 31 de julio de 2026, “Las útiles y cómodas cuatro letras”.
Pregunta 1: ¿Culpa Ciro Gómez Leyva a Omar García Harfuch de culpar o al menos responsabilizar “con estridencia” a Manzo de haber provocado su propio asesinato?
Respuesta 1: Sí. Dice Ciro que García Harfuch “hizo sonar los platillos con estridencia” para presentar a Manzo como un alcalde que actuaba con “una imprudencia desproporcionada” o que era “un suicida empeñado en caminar hacia el precipicio”.
Pregunta 2: ¿García Harfuch verdaderamente hizo lo que afirma Gómez Leyva, esto es, sacar el bombo y los platillos para responsabilizar o incluso culpar a Manzo de haber sido asesinado?
Respuesta 2: No. García Harfuch solo mencionó un posible móvil basado en declaraciones de detenidos. El secretario de Seguridad no fue más allá de eso.
Pregunta 3: ¿Acusa Ciro a García Harfuch de intentar liberar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum de la carga por lo que el periodista considera fue un “crimen “político”?
Respuesta 3: Ciro lo afirma de manera explícita al señalar que “es un relato antiséptico que libera al régimen de la carga por este ‘crimen político’…”.
Pregunta 4: Subrayé la expresión “crimen político” utilizada por Gómez Leyva porque me parece no solo muy exagerada, sino consistente con un discurso, en mi opinión irresponsable, de dirigentes de oposición y de periodistas claramente contrarios a la 4T. Así que esta es mi cuarta pregunta: ¿Fue un “crimen político”, como dice Ciro, o más bien el “crimen de un político” derivado de la lógica criminal, absurda, de las bandas del narco, en este caso del Cártel Jalisco Nueva Generación?
Respuesta 4: De ninguna manera cabe hablar de “crimen político”. Este es un concepto de la ciencia política que suele reservarse para casos en los que el móvil principal es político o existen indicios clarísimos de participación o utilización del aparato del Estado. No hay evidencia de nada de eso en el caso Manzo; y, desde luego, Ciro no argumenta de ninguna manera en favor de su tesis, ya no se diga que presente prueba alguna para sostener sus afirmaciones.
Pregunta 5: ¿Es sensato comparar el caso Manzo, como hace Ciro, con el magnicidio de Colosio, que sacudió brutalmente a todo México, un acontecimiento que en marzo de 1994 desestabilizó la economía nacional y contribuyó más que ningún otro hecho al clima de incertidumbre que desembocaría en el llamado “error de diciembre”, una de las peores, e inclusive la peor de las crisis económicas de la historia reciente de México; aquel, el del añorado Luis Donaldo Colosio, un magnicidio en el que claramente hubo mil y más razones para señalar al régimen priista encabezado por Carlos Salinas de Gortari; un episodio de la historia nacional que tantos años después seguimos discutiendo por sus motivaciones políticas, hasta en documentales recientes de empresas globales, como Netflix durante el pasado sexenio y HBO ya en el actual gobierno?
Respuesta 5: No. La comparación resulta desproporcionada. El asesinato de Luis Donaldo fue un magnicidio que alteró profundamente la vida política nacional, agravó la incertidumbre económica y abrió un debate que, más de tres décadas después, continúa vigente. Desde el primer momento existieron razones para cuestionar la actuación del Estado mexicano, a la sazón encabezado por Salinas de Gortari —entre muchas otras de tales razones, Salinas claramente jugaba a quitarle la candidatura presidencial a Colosio; hubo participación del ya desaparecido Estado Mayor Presidencial y, el colmo, el mismo día del magnicidio una actitud más que sospechosa del entonces procurador Diego Valadés—.
Nada semejante ocurre en el caso de Carlos Manzo. Se trata de un crimen gravísimo, pero no existen elementos que permitan equipararlo con el magnicidio de Colosio ni afirmar que tenga la misma dimensión política o histórica. La analogía del querido Ciro Gómez Leyva constituye una valoración periodística poco seria porque no está sustentada en los hechos conocidos.
Pregunta 6: ¿No será que Ciro se ha dejado llevar por la propaganda de oposición; no acuso a Ciro de propagandista, pero sí de haberse dejado influir por una fuerte campaña mediática, dirigida en gran medida por Ricardo Salinas Pliego. Es decir, tiendo a creer que Gómez Leyva se ha tomado demasiado en serio un discurso francamente inmoral que han desarrollado tantos periodistas, políticos opositores y, particularmente, sean o no esas sus palabras exactas, un empresario como el mencionado dueño de Elektra y TV Azteca?
Respuesta 6: La verdad de las cosas es que la interpretación que hace Ciro del caso Manzo coincide con un discurso ampliamente difundido por diversos actores opositores y mediáticos que actúan de mala leche. La coincidencia no prueba que Ciro se haya dejado manipular, pero sí resulta clarísimo que su análisis se inscribe en algo así como un marco teórico perverso porque se fundamenta en opiniones durísimas sobre hechos indemostrables de ciertos sectores políticos, empresariales y mediáticos. Dejo a los lectores y a las lectoras de Gómez Leyva valorar sus intenciones.
Pregunta 7: ¿Qué busca Ciro al decir que con sus investigaciones García Harfuch “pretende conducir al ridículo a quienes todavía se animen a gritar ‘¡Carlos no murió, el gobierno lo mató!’…”?
Respuesta 7: Lo que Gómez Leyva en esencia sostiene es que la investigación de Omar García Harfuch no tiene como único propósito esclarecer el asesinato de Carlos Manzo, sino también desacreditar políticamente a quienes atribuyen el crimen al gobierno de la 4T. Pero esta interpretación del columnista no se basa en ningún dato duro y ni siquiera en argumentos con lógica impecable. Queda claro que esa conclusión de ninguna manera puede desprenderse de las declaraciones de García Harfuch.
Lo que es verdad es que si la investigación de Omar García Harfuch señala que el autor intelectual fue un dirigente del Cártel Jalisco Nueva Generación y que el móvil fue una represalia del crimen organizado, lógicamente pierde toda su fuerza la consigna —que no ha sido otra cosa—: “¡Carlos no murió, el gobierno lo mató!”. Pero, en honor a la objetividad y a la decencia intelectual que tantas veces ha exhibido, Ciro debería alejarse de la irresponsabilidad y aceptar que lo anterior no significa que la investigación fue diseñada para ridiculizar a quienes sostienen una consigna originada en el resentimiento contra la izquierda mexicana. Pero el columnista, con escaso rigor analítico, invierte el razonamiento: interpreta como una intención política el resultado de una investigación criminal en la que hubo participación de la muy eficaz Secretaría de la Defensa y que, a juzgar por los resultados de otras investigaciones exitosas del actual gabinete de Seguridad, merece ser considerada seria y profesional.



