“La definición de las alternativas es el instrumento supremo del poder.”
E. E. Schattschneider
Se los firmo.
No necesariamente habrá renuncias, expulsiones ni una ruptura escenificada para las cámaras. En ese “partido” las guerras importantes nunca comienzan con una declaración: empiezan cuando cada grupo deja de obedecer, coloca candidatos, protege a los suyos y actúa como si la presidenta fuera una voz más. La mejor definición de Regeneración Nacional: la unidad de los… desobedientes.
Creo, amables lectores, que durante dos años estuvimos esperando el rompimiento equivocado. Imaginamos que Claudia Sheinbaum terminaría enfrentándose a Andrés Manuel López Obrador para gobernar con autonomía. Ni sucedió ni sucederá. Ella no necesita romper con quien la hizo candidata y construyó el movimiento que la llevó al poder. La fractura vendrá por otro lado: de los lopezobradoristas que pretenden conservar el control del país por encima de la presidenta. La rebelión de los herederos. Demasiados herederos en el Día de la Presidenta…
La disputa ya es evidente en la definición de las candidaturas de 2027. Morena repartió el territorio entre cinco operadores: Ricardo Monreal, Alejandro Peña, Sergio Salomón Céspedes, Adán Augusto López y, todavía sin nombramiento oficial, Sergio Gutiérrez Luna. Todos reciben aspirantes, negocian alcaldías, promueven aliados y vetan adversarios. Citlalli Hernández concentra encuestas; Ariadna Montiel intenta contener inconformes. En teoría, la decisión final corresponde a Sheinbaum. En la práctica, gobernadores, coordinadores, caciques y familias ya se comportan como propietarios de cada parcela.
Ariadna y Citlalli recorren el país llamando a la unidad. Son escuchadas con la misma atención que un sobrecargo cuando explica cómo abrocharse el cinturón: todos asienten —si acaso— y enseguida hacen lo que les viene en gana. Todos obedecen, pero nadie hace caso. Sí, eso se puede.
No es menor que ambas mencionadas provengan del obradorismo más puro. Pero, siendo franca, si ni siquiera a las enviadas del fundador les obedecen, el problema no está en la mensajería, sino en la autoridad que reconocen —o han dejado de reconocer— los destinatarios.
Digámoslo sin rodeos: los gobernadores que se decían puros y que llegaron para barrer la corrupción, hoy buscan sucesores que les cubran la espalda; los coordinadores, candidatos que les deban el cargo; los aspirantes, padrinos que sustituyan a las encuestas; y Palacio Nacional quiere que quienes ganen lleguen con el aval de Claudia y le respondan durante la segunda mitad del sexenio.
Todos hablan de continuidad, pero cada uno se refiere a la continuidad de su propia nómina.
Y cuando los cacicazgos desconocen a la presidenta, las candidaturas dejan de ser una competencia electoral y se convierten en una disputa por el mando.
La sociología de los partidos conoce bien este fenómeno. Es algo que estudié de sobra en mi juventud. Robert Michels lo llamó la ley de hierro de la oligarquía: las organizaciones creadas para representar a las mayorías terminan controladas por minorías profesionales interesadas en perpetuarse. Morena prometió acabar con las élites y produjo varias simultáneas, todas convencidas (o poniéndolo de justificante) de ser la encarnación legítima del pueblo.
Miren ustedes. Lo del Senado los pasados dos días ofreció un ensayo general. Higinio Martínez llegó a la presidencia de la Mesa Directiva por encima de Óscar Cantón, impulsado por Adán Augusto López. La derrota mostró que el tabasqueño ya no manda como antes y que Palacio Nacional puede cerrarle el paso. También provocó el berrinche de Fernández Noroña, quien faltó a la plenaria, cuestionó la libertad de la elección y acusó a Higinio de connivencia con la derecha. Noroña rompió “la unanimidad del silencio”; es decir, descubrió la falta de democracia justo cuando la votación no lo favoreció…
Higinio tampoco es una solución sin costo. Su ascenso fortalece al Grupo Texcoco y envía un mensaje incómodo a Delfina Gómez, de quien se encuentra distanciado.
En Morena cada victoria presidencial abre otra rebelión local. Claudia tapa un flanco y aparecen tres.
Mientras tanto, Enrique Inzunza reapareció después de 124 días de ausencia, negó ser un “narcolegislador” y pidió a la FGR cerrar la investigación en su contra. Ya fuera de la bancada, conserva el escaño y un voto que Morena necesita para sus mayorías calificadas. El partido que presumía obediencia absoluta empieza a descubrir el precio legislativo de sus expedientes incómodos. (Sus miembros —o muchos de ellos— son chantajistas profesionales.)
Y encima, en una mesa de la Condesa, Andy y Gonzalo López Beltrán celebraron un cónclave de al menos cinco horas con Daniel Asaf y empresarios. Andy fumó un cigarrillo tras otro, bebió vino de miles de pesos y, según las imágenes difundidas, lucía preocupado (Héctor de Mauleon). Tal vez, POR FIN, comprendió que el apellido abre puertas, pero también concentra reflectores.
Los hijos de López Obrador enfrentan una crisis de reputación que ya no puede atribuirse únicamente a “la derecha”. Los viajes, los lujos, los contratos de amigos y las investigaciones alrededor de su círculo chocan con aquella austeridad que su padre convirtió en doctrina para los demás y que Claudia Sheinbaum (a excepción de que estrena ropa todos los días del año) cumple con rigor marxista.
Ahora, además, existe enojo con ella: el cierre de espacios, los vetos y el control de las candidaturas de 2027 amenazan el patrimonio político familiar.
Ahí está la verdadera división: claudistas contra lopezobradoristas, sí, pero también claudistas contra monrealistas, adanistas, texcocanos, gobernadores, verdes, petistas y los hijos del fundador. Demasiados flancos, demasiadas ambiciones y demasiados personajes acostumbrados a que López Obrador interviniera para repartir premios, castigos y absoluciones. Claudia debe mantener unido un movimiento cuyo único árbitro indiscutible decidió retirarse sin retirarse del todo. Morena se quedó sin árbitro (o tiene varios, para el caso da lo mismo).
Ya en otra columna mencioné a Albert Hirschman. Pues buen, él también explicó que, ante el deterioro de una organización, sus miembros pueden elegir entre salir, protestar o permanecer leales. En Morena inventaron una cuarta opción: quedarse, rebelarse y cobrar...
La oposición seguirá siendo electoralmente débil mientras Morena conserve la marca, los programas sociales y la maquinaria territorial. Sin embargo, el principal adversario de Claudia, por más que se esmere en apuntar hacia Calderón, la derecha, uno que otro columnista, al gobierno de los Estados Unidos, etcétera, ya no está fuera del movimiento. Está dentro, tiene gubernaturas, bancadas, contratos, expedientes, apellidos y aspirantes propios.
Por eso el dilema terminará alcanzando al electorado oficialista, pero también al que NO lo es: Claudia o Andy; una presidenta limitada que intenta gobernar o una familia que pretende heredar el movimiento como si la República viniera incluida. No es una elección estimulante. Es apenas la selección del menos peor. Pero frente a quienes intentan desplazarla para restaurar una presidencia por interpósita familia, habrá que apoyar a Claudia. No por claudismo, sino por algo todavía más elemental: México eligió a la presidenta, no la regencia de los López Beltrán.
Morena no se romperá cuando Claudia contradiga a López Obrador. Se romperá cuando los herederos descubran que ella pretende ejercer el poder que recibieron como propiedad familiar.
Giro de la Perinola
En su segundo informe, Claudia Sheinbaum buscará mostrar un México de avances mientras millones siguen viviendo otro: inseguridad, bajo crecimiento, servicios deteriorados y escándalos de corrupción. Aprovechará el mes permitido por la ley para promover obra, imagen y resultados. Tiene sentido. Antes de convencer al país, necesita recordarles a los suyos quién ocupa Palacio Nacional.
El problema es que en Morena todos dicen respaldar a la presidenta mientras trabajan para debilitarla. Los gobernadores quieren poner sucesor, los coordinadores repartir candidaturas, Noroña recuperar protagonismo, Adán Augusto demostrar que todavía manda y los hijos de AMLO conservar la herencia. “La unidad” seguirá intacta, naturalmente. Solo falta que alguien obedezca.



