“Política: una lucha de intereses disfrazada de una contienda de principios”.
Ambrose Bierce, El diccionario del diablo
“Todos tenemos fuerza suficiente para soportar las desgracias ajenas”.
François de La Rochefoucauld, Máximas
Yo no recuerdo haberme afiliado a Morena. Pagarle la defensa, en cambio, desdichadamente me toca todos los días. A mí y a quienes jamás votaríamos por ese partido. Le financiamos las prerrogativas (por ley, igual que a los otros partidos). Pero también el servicio de rescate desde Palacio Nacional. La militancia es voluntaria. El patrocinio, obligatorio.
En “Una bandera, dos cachuchas” escribí aquí en SDPnoticias sobre esa doble lealtad presidencial. Hoy quiero ir más lejos. ¿Sheinbaum protege a Morena porque lo controla? ¿O porque teme que se le vuelva en contra? La pregunta importa. Puede concentrar poder frente al país y tener poco margen frente a los suyos. Autoritaria hacia fuera. Condicionada hacia dentro. Una cosa no cancela la otra.
El 30 de octubre, Sheinbaum recordó que Taddei había “traicionado la confianza” (la mía, debo decir, nunca la tuvo). Habló de auditorías e investigación. Hasta ahí, bien. Luego pidió videos… y aparecieron Lorenzo Córdova y los proveedores de años anteriores. Total, la excursión habitual. Se reconoce el escándalo. Se reparte la culpa. Y cuando uno acuerda, ya estamos investigando el pasado para explicar por qué el presente tampoco funcionó. Tomadura de pelo completa.
Francamente, a mí esa explicación que da Palacio me indigna más. Si el proveedor venía de lejos, tuvieron MÁS tiempo para revisarlo. Si no detectaron nada, hay incompetencia. Si detectaron algo y siguieron, hay cosas más feas. La antigüedad de un negocio puede orientar una investigación. No absuelve al último que lo contrató. Mucho menos lo convierte en víctima de la herencia recibida.
¿Y lo peor? Que nosotros pagamos la explicación. Personal. Producción. Instalaciones. Difusión. También la autoridad de la presidencia puesta al servicio del control de daños. El artículo 134 exige imparcialidad en el uso de los recursos públicos. Yo veo a un partido obteniendo desde la cabeza del Estado una defensa que sus adversarios tendrían que financiar. La austeridad sí funciona... en la caja de Morena.
Pero el subsidio más peligroso se entrega hacia dentro. Cada rescate enseña algo: si el escándalo compromete al movimiento, la presidenta tendrá que ocuparse. El señalado consigue protección. Ella acumula desgaste. ¿Quién termina dependiendo de quién?
Me cuesta llamar fortaleza a una autoridad que necesita justificar a los suyos para conservar su respaldo. ¡Menudo incentivo para corregirse! Mejor dejarle otro problema a la jefa.
Hacia fuera ocurre lo contrario. Al periodista sí que se le exige responder. Por sus fuentes. Por sus intenciones. Por quién sabe qué conspiración. El señalado gana tiempo mientras se procesa al que preguntó. Esa inversión con recursos del erario me parece OBSCENA. El gobierno dispone de información y recursos. El ciudadano pide cuentas. Y termina rindiéndolas.
No quiero detenciones ordenadas por micrófono. Quiero investigaciones. Fiscales que prueben. Jueces que resuelvan. La presunción de inocencia impide condenar sin pruebas. No incluye una vocería presidencial de cortesía. Tampoco debiera obligar a los contribuyentes a financiarla. Investigar a un aliado no entrega el país a la derecha. A lo sumo, le arruina la mañana al aliado corrupto.
A quienes me dicen que Sheinbaum es demócrata porque ganó las elecciones les diría: “ajá”. Y de paso le haría otra pregunta: ¿y cómo ejerce lo que ganó? Las urnas otorgan un mandato. No expiden una absolución para todo el sexenio. Mucho menos escrituran el Estado a nombre del vencedor. Una mayoría autoriza a gobernar. Los límites siguen —o debieran seguir— ahí. Aunque estorben. Sobre todo cuando estorban…
Para mí, confundir al partido con la nación es uno de los signos más claros de una lógica autoritaria. El adversario deja de competir: amenaza. El periodista deja de investigar: conspira. El aliado deja de responder: resiste una embestida. Todo encaja. Todo se justifica. Qué casualidad: la patria siempre necesita exactamente lo mismo que Morena.
Zedillo habló de “sana distancia”. Lo sé bien; formé parte de quienes ideamos e impulsamos esa reforma. Pero ni siquiera es que necesite canonizar al expresidente para reconocer el límite entre instituto político e instituciones gubernamentales.
Si la 4T (¿qué es eso?, por cierto; ni los morenistas saben definir a su movimiento), se atribuye la representación exclusiva de México, perder el poder equivale a entregar la patria. Bajo esa lógica, el árbitro independiente resulta sospechoso. La alternancia, peligrosa. La democracia sirve mientras ratifique a los suyos… Después habrá que explicarle al pueblo que votó contra sí mismo. Menudo lío.
Vuelvo a mi pregunta. ¿Claudia los defiende porque manda o porque no puede darse el lujo de contrariarlos? Si manda, que deje investigar sin organizarles la defensa. Si no puede contrariarlos, que no nos venda esa dependencia como autoridad. En ambos casos estamos pagando una presidencia que trabaja para preservar al Movimiento. Muy firme frente a quien le exige cuentas. Muy comprensiva con quien se las debe. Qué asco.
Giros de la Perinola
(1) Citlalli Hernández llamó “traición a la patria” al acercamiento entre Alito Moreno y Maru Campos. A mí la fotografía no me obliga a aplaudirlos. A ella tampoco le permite expulsarlos de México. Ese es el truco: apropiarse de la nación para declarar intruso al adversario. Morena tiene tantos problemas para explicar a los suyos que prefiere decidir quién merece patria.
(2) Andy López Beltrán anunció un mensaje para este martes 3 de noviembre a las nueve de la mañana. No sé si busca eclipsar a Sheinbaum. Lo que sí veo es un reparto muy cómodo: ella absorbe el desgaste de gobernar. Él administra la expectación del apellido. Una responde todos los días. El otro anuncia cuándo tendrá a bien hablar. La continuidad tiene sus privilegios. La nómina, por lo visto, también sus jerarquías.
(3) Por cierto: el pleito entre ellos continúa. Quien pensó que ella ya había ganado, se equivoca. Eso aún no está decidido. El junior sigue disputándole autoridad. La de a deveras.



