Las lluvias extraordinarias que azotaron Mérida durante los últimos días dejaron algo más que calles inundadas. Exhibieron dos fenómenos que suelen aparecer cuando ocurre una contingencia de gran magnitud: la diferencia entre quienes intentan resolver una crisis y quienes buscan aprovecharse políticamente.

Los registros meteorológicos señalan que en apenas unas horas se acumularon más de 150 milímetros de lluvia en algunas zonas de la ciudad, una cantidad equivalente a lo que cae normalmente durante todo el mes de mayo. Se trató de un evento extraordinario provocado por condiciones atmosféricas atípicas, previo al inicio formal de la temporada de huracanes.

Sin embargo, apenas comenzó a bajar el nivel del agua, aparecieron las explicaciones simplistas.

Algunas diputadas de Morena y funcionarios estatales salieron rápidamente a responsabilizar al Ayuntamiento de Mérida y a la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada, asegurando que las inundaciones fueron consecuencia de la falta de limpieza de pozos y alcantarillas.

Una explicación simplista que puede servir para un video de diez segundos en redes sociales, pero que no resiste un análisis serio.

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Un problema complejo

La activista y analista urbana Graciela Carrillo explico que atribuir una inundación de esta magnitud a la falta de desazolve es una simplificación irresponsable de un fenómeno mucho más complejo.

Las ciudades se inundan por múltiples factores que se acumulan durante décadas: crecimiento urbano desordenado, pérdida de áreas verdes, desaparición de superficies permeables, expansión de grandes desarrollos habitacionales, exceso de concreto, insuficiente infraestructura de captación pluvial y una planeación urbana que durante años privilegió el automóvil por encima del equilibrio ambiental.

Mérida no es la excepción. Buena parte de la ciudad creció sobre terrenos que originalmente absorbían el agua de forma natural. Hoy esos espacios están cubiertos por calles, estacionamientos, plazas comerciales, fraccionamientos y avenidas que impiden la infiltración. Cuando cae en unas horas la lluvia de todo un mes, el agua simplemente ya no tiene dónde ir.

Por supuesto que el mantenimiento de pozos pluviales es importante. También lo es la limpieza de rejillas y la recolección de basura. Pero afirmar que una ciudad evitaría inundaciones históricas únicamente desazolvando es ignorar décadas de transformaciones urbanas que involucran a gobiernos municipales, estatales, desarrolladores inmobiliarios e incluso hábitos ciudadanos.

Porque también existe una responsabilidad colectiva. La basura arrojada en calles y espacios públicos termina obstruyendo la infraestructura hidráulica. Por otro lado, la resistencia social a proyectos de peatonalización, corredores verdes, restricciones de autos o el crecimiento desordenado también forma parte del problema y las inundaciones son el resultado visible.

Presencia, ausencia y oportunismo

La alcaldesa Cecilia Patrón estuvo en las colonias afectadas, supervisó brigadas municipales, recorrió zonas inundadas y mantuvo comunicación constante sobre las acciones emprendidas.

Eso no convierte su gestión en perfecta ni elimina los problemas de la capital yucateca. Pero la edil mostró algo fundamental, fue una autoridad asumiendo responsabilidades.

Ante las críticas, la propia alcaldesa resumió su postura con una frase sencilla: “Trabajo mata grilla”.

En contraste, conforme avanzaba la contingencia, comenzó a notarse la ausencia pública del gobernador Joaquín Díaz Mena.

Aunque su agenda oficial registró actividades previas al temporal, al paso de las horas más críticas no existieron mensajes para la población, ni sobre la coordinación de acciones frente a la emergencia.

Mientras miles de ciudadanos seguían lidiando con los efectos de las lluvias, en los canales oficiales del gobierno estatal apareció una invitación a un evento político partidista, provocando críticas y burlas en redes. Si bien, es posible que el gobernador participara en labores de coordinación institucional, la ciudadanía no lo vio.

Lo más desafortunado fue observar cómo algunos personajes intentaron convertir una emergencia real en una oportunidad de confrontación partidista. Diputadas, funcionarios y operadores políticos se lanzaron a buscar culpables inmediatos antes que abrir una discusión seria y propositiva.

La contingencia exhibió a todos

La tormenta dejó una enseñanza: no se puede atribuir solo a Cecilia Patrón los aciertos de la respuesta institucional, ni Morena puede reducir un fenómeno meteorológico extraordinario a la limpieza de unos cuantos pozos.

Lo cierto es que las emergencias exigen liderazgos visibles, coordinación entre niveles de gobierno y diagnósticos técnicos, y obligan a reconocer problemas que ningún partido ha resuelto por completo.

Las lluvias terminarán. El agua bajará. Pero la discusión de cómo construir una ciudad más resiliente, más verde y mejor preparada para fenómenos que serán cada vez más frecuentes por efecto del cambio climático, continúa.

Porque las tormentas duran horas, pero la respuesta empatica y de trabajo contra la improvisación, la grilla y la falta de visión urbana dura décadas., se debe trabajar en conjunto y cambiar la visión de ciudad que quieren los mismos meridanos.

X: @diaz_manuel