¿Salió el peine? Ayer me preguntaba quién habría dado la misma información a Ciro Gómez Leyva, de Excélsior; Carlos Marín, de Milenio, y Sergio Sarmiento, de Reforma. Los tres defendieron, casi con las mismas palabras —clásico ballet acuático del periodismo—, a Ernesto Ruffo, el exgobernador de Baja California acusado de encabezar una enorme red de huachicol fiscal.

Hoy sé, por nuevos artículos de Marín y Gómez Leyva, que el director artístico que puso a ejecutar la misma rutina a tres famosos columnistas tuvo que haber sido el abogado Fernando Gómez Mont, quien fuera secretario de Gobernación con Felipe Calderón. Abogado experto en litigar en medios, lo que ahora mismo hace contra el Estado mexicano.

Ayer mismo, en su conferencia de prensa, la presidenta Claudia Sheinbaum habló del nado sincronizado de los y las columnistas. Dijo: “Todos —en la comentocracia— se copian el argumento; o escribe otro comentócrata algo y todos los demás escriben exactamente lo mismo, ¿no?, como si… Bueno, creo que tienen chats ahí para ponerse de acuerdo de qué van a escribir en contra nuestra”.

La presidenta recordó que la mayoría de quienes opinan en los diarios, la televisión y la radio sostenían, antes de que Donald Trump la invitara a Nueva York, que era “el peor momento de la relación México-EEUU”, que “nunca se había visto algo así en la historia de México”, “casi ni en la intervención”.

Bastó que el presidente de EEUU invitara a la presidenta de México para que el discurso cambiara: ya no era la crisis bilateral, sino la supuesta incongruencia de Sheinbaum por aceptar la invitación.

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Lo resumió Claudia con ironía: “Y un día después tengo la conversación con el presidente Trump invitándonos a ir. Y entonces: ‘¡Ay, qué poca consecuencia tiene la presidenta!, primero se pelea y luego va’. Bueno, ¿entonces? O sea, lo que hagamos”.

Tiene razón la presidenta. Si hubiera rechazado la invitación, los mismos comentócratas habrían dicho: “¿Cómo es posible que México deje vacío su lugar en una Copa del Mundo? Es un asunto diplomático por encima del deporte”. Pero como sí asistió, la crítica fue exactamente la contraria: “¿Cómo puede ir?”. “¿Cómo puede sonreír con Trump?”. “Qué falta de congruencia”.

También cuestionaron que Claudia no hubiera asistido al partido inaugural, pero sí a la final. Donald Trump tampoco estuvo en la inauguración en Estados Unidos ni el primer ministro canadiense, Mark Carney, acudió a la realizada en Canadá. La clausura era distinta: reunía a quienes gobiernan los tres países organizadores del Mundial.

La presidenta concluyó: “Lo que buscan es atacar al gobierno de México, a la presidenta y lo que ella representa: lo único es crítica, crítica, crítica. Que propongan una cosa, una…, porque no hay proyecto; lo único es atacar”.

El resultado fue positivo. La imagen de quienes gobiernan Estados Unidos, México y Canadá —acompañados por el jefe del Estado español, el rey Felipe VI— transmitió un mensaje de colaboración entre estas naciones.

El nado sincronizado de ayer

Lo ocurrido en el estadio Nueva York / Nueva Jersey desmintió el diagnóstico, repetido hasta el cansancio, de que Sheinbaum mantenía la peor relación posible con Trump. Que en la ceremonia de premiación la figura política más relevante, después del anfitrión Trump, fuera la presidenta de México demuestra que, pese a las diferencias, existe entendimiento y voluntad de colaboración.

La comentocracia sostenía otra cosa porque alguien marcó el compás. Un director técnico con poder e influencia puso a los y las columnistas a ejecutar la misma rutina, en la misma piscina y con los mismos movimientos.

No significa necesariamente que todos y todas en la prensa piensen igual. Significa que alguien fija la narrativa y los demás la reproducen con disciplina.

Ayer hubo otro ejemplo de ese nado sincronizado, ahora para defender al exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo, acusado por el delito de huachicol fiscal.

Ciro Gómez Leyva escribió en Excélsior: “[…] a propósito de lo ocurrido con Ernesto Ruffo. El 22 de junio, el juez de carrera Mario Elizondo negó a la FGR, 23 órdenes de captura por supuesta participación en la introducción ilegal de hidrocarburos al territorio nacional. La FGR buscó entonces otra ventanilla, añadió el nombre de Ruffo a la lista y acudió a la jueza de elección popular Alejandra Ramírez de la Vega, quien concedió las aprehensiones. Los jueces competentes se extinguen o dejan de ser buscados. Así empieza el nuevo tiempo del Poder Judicial mexicano”.

Sergio Sarmiento publicó en Reforma: “Un juez de carrera negó primero 23 aprehensiones que consideró basadas en inferencias, y en las que Ruffo no estaba incluido, pero la FGR las pidió nuevamente ante una juez de acordeón con dos nuevos imputados, entre ellos Ruffo. Esta juez decretó ayer prisión preventiva”.

Carlos Marín escribió en Milenio: “Una primera solicitud de captura contra Ruffo ante un juez de carrera judicial no prosperó, pero una jueza del acordeón la concedió”.

La coordinación es impecable. Los tres ponen el énfasis exactamente en el mismo punto: el problema no sería la gravedad de las acusaciones contra Ruffo, sino que la orden de captura provino de una jueza electa por voto popular y no de un integrante del viejo Poder Judicial. El mensaje es idéntico: con los jueces del sistema anterior había legalidad; con los nuevos jueces hay arbitrariedad.

Los tres columnistas recordaron el mismo dato el mismo día para construir exactamente la misma conclusión. ¿Casualidad? En política —y el periodismo es política— las casualidades no existen.

Hoy Carlos Marín y Ciro Gómez Leyva vuelven al tema, ahora citando al abogado de Ruffo, quien los puso a bailar la misma rutina acuática. Me refiero a Fernando Gómez Mont, litigante panista acostumbrado al tráfico de influencias por su cercanía con Diego Fernández de Cevallos, Felipe Calderón y a toda esa gentuza. No podrá con una jurista inteligente y decente como Ernestina Godoy, titular de la FGR.

Gómez Mont —por cierto, operador del fraude electoral de 2026— estuvo en la radio con Gómez Leyva para hablar maravillas del limpio sistema judicial anterior, algo que resulta francamente ridículo porque es un hecho que se trataba de un sistema corrupto. Los argumentos de la entrevista con Ciro son los mismos de Sarmiento en Reforma.

Por cierto, hasta Gómez Mont podría entender que su argumento admite la lectura exactamente inversa. Lo que dicen este abogado y los columnistas Gómez Leyva, Sarmiento y Marín podría usarse para la tesis contraria a la que ellos han defendido: la de que con jueces imparciales y sabios Ruffo era inocente, y ahora con jueces corruptos e ignorantes, Ruffo es culpable.

¿Por qué no decir lo opuesto —que me parece mucho más lógico dada la realidad de la judicatura que la 4T echó abajo—? ¿Por qué no expresar que un tipo como Ernesto Ruffo eludió la justicia, con dinero y con hábiles abogados como Gómez Mont, corrompiendo a los jueces del anterior sistema que, como es del dominio público, se vendían al mejor postor? Algo que, evidentemente, con los nuevos jueces ha dejado de ocurrir; al menos —y esto es clarísimo— en los casos de mayor relevancia para la nación.

El problema con la natación sincronizada del periodismo es que ignora la lógica, pues la conclusión la dicta de antemano quien ordena la línea editorial. ¿Fue Gómez Mont el coreógrafo del baile a favor de Ruffo? En una de esas...