Mientras la dirigencia nacional del PAN sigue atrapada entre la tibieza, los cálculos políticos y una estrategia que no conecta con la ciudadanía, la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, logró lo que gran parte de la base panista reclamaba desde hace años: defender los principios históricos de Acción Nacional, reivindicar la Constitución y colocar nuevamente en el debate público la defensa de la soberanía nacional.
En Chihuahua se reunieron figuras emblemáticas del panismo como Vicente Fox y Felipe Calderón, un encuentro significativo en momentos en que buena parte de la oposición parece resignada a reaccionar tarde y mal frente a la maquinaria de la 4T.
El PAN que muchos esperaban
Más que un acto partidista; fue una demostración de que cuando existen liderazgos, convicción política y claridad ideológica, es posible reactivar a la militancia y despertar el interés ciudadano.
Durante años, la dirigencia nacional del PAN ha sido incapaz de construir una narrativa sólida frente al discurso oficial. Mientras Morena avanzó en espacios políticos, institucionales y mediáticos, el PAN pareció conformarse con administrar derrotas. Pero Chihuahua mostró al panismo dispuesto a confrontar al poder y a recordar que la democracia mexicana no nació de la voluntad de un caudillo, sino de décadas de lucha ciudadana.
La presencia de Felipe Calderón recordó algo escaso en la oposición: liderazgo político. Más allá de las simpatías o críticas que genera su figura, habló de soberanía, instituciones, libertades y de la necesidad de enfrentar los riesgos que amenazan al país desde dentro y desde fuera, en un discurso que conectó con una militancia que durante años se sintió huérfana de referentes nacionales. Vicente Fox también aportó una dosis de memoria histórica: durante la alternancia democrática de 2000 México demostró que el poder podía cambiar de manos mediante el voto libre.
Finalmente se escucharon voces capaces de desmontar la narrativa oficial construida desde Palacio Nacional.
La soberanía que Morena no quiere discutir
Los gobiernos de López Obrador y Claudia Sheinbaum han presentado cualquier crítica como una agresión a la patria y cualquier cuestionamiento como una supuesta defensa de intereses extranjeros. Bajo esa lógica, la soberanía se ha convertido en una consigna propagandística utilizada para justificar decisiones que han debilitado la posición estratégica de México, a las instituciones y han acrecentado la impunidad.
En un claro planteamiento, la analista internacional Brenda Estefan expuso los riesgos geopolíticos que enfrenta el país y las contradicciones del discurso oficial: la soberanía no se defiende con discursos nacionalistas ni ceremonias patrióticas. Se protege fortaleciendo instituciones, garantizando el Estado de derecho y evitando que actores criminales o intereses extranjeros condicionen las decisiones nacionales.
En ese contexto cobra relevancia el estudio del Center for the Study of Democracy (CSD), titulado Shadow Alliances: Authoritarian Powers and the Hybrid Warfare Nexus in LatinAmerica, que advierte cómo redes criminales y financieras vinculadas a China han aprovechado la debilidad institucional de países como México para ampliar su influencia mediante economías ilícitas como el tráfico de fentanilo.
Es decir, cuando actores externos logran influir sobre territorios, economías y estructuras de seguridad, lo que está en riesgo es la soberanía nacional.
La amenaza
La debilidad institucional en México es consecuencia de años de ataques contra organismos autónomos, contrapesos democráticos y mecanismos de transparencia. A ello se suman los cuestionamientos sobre la capacidad del Estado para enfrentar a las organizaciones criminales que controlan amplias regiones del territorio nacional.
Aunque la narrativa oficial insiste en minimizar el problema, la realidad muestra comunidades sometidas por grupos delincuenciales, gobiernos locales rebasados y una estrategia de seguridad cuyos resultados no han sido suficientemente contundentes.
El ataque a la soberanía no necesita venir del exterior, la soberanía también se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad dentro de sus propias fronteras.
Por eso el encuentro de Chihuahua tuvo una relevancia que trasciende a un partido político. Representó la recuperación de una discusión sobre el rumbo del país, la fortaleza de las instituciones y la necesidad de reconstruir una oposición capaz de confrontar con argumentos y no únicamente con consignas.
La verdadera defensa de la soberanía no consiste en repetir eslóganes desde el poder. Consiste en garantizar que ningún grupo criminal, ningún interés político y ningún actor extranjero pueda imponerse sobre la voluntad de los mexicanos.
Y mientras el oficialismo sigue utilizando la soberanía como herramienta propagandística, en Chihuahua comenzó a plantearse una defensa abierta de la Constitución, de las instituciones democráticas y de la independencia real del Estado mexicano.
X: @diaz_manuel





