La tensión en la relación bilateral no es un conflicto entre dos naciones ni una disputa comercial, territorial o diplomática. Son las investigaciones, acusaciones y testimonios que vinculan a personajes del círculo político de Morena con organizaciones criminales.
La pregunta no es retórica, ¿la defensa de la soberanía a la que alude la presidenta realmente busca proteger a México o se ha convertido en un escudo para proteger a los suyos?
Estiran la liga a sabiendas de que tiene un límite
La liga puede estirarse durante mucho tiempo, se puede confiar que al haber entregado todo a Estados Unidos ya hay impunidad en México, soportar presión y aparentar resistencia. Pero llegado el momento, simplemente se rompe.
Aunque desde el oficialismo se pretende instalar la idea de que Sheinbaum enfrenta un dilema entre Estados Unidos y el legado político de Andrés Manuel López Obrador, como si estuviera atrapada entre dos fuerzas opuestas, los hechos muestran algo distinto.
Sheinbaum nunca ha cuestionado el liderazgo político de López Obrador ni en ningún momento ha marcado distancia de los principios fundamentales de la 4T.
Ambos comparten proyecto, narrativa y objetivos políticos. No existe confrontación entre Palacio Nacional y Palenque, lo que hay es una continuidad política cuidadosamente administrada.
Presentar el conflicto actual como una disputa entre soberanía e intervencionismo ya no la compran ni los suyos.
Estados Unidos no ha iniciado una ofensiva contra México ni contra los mexicanos.
Incluso funcionarios como Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos y considerado uno de los funcionarios más duros de la administración de Donald Trump en materia de combate al narcotráfico ha reconocido públicamente la colaboración “sin precedentes” entre ambas naciones.
El conflicto no es con México ni con su población; el objetivo declarado es perseguir a quienes participan en actividades criminales y financiamientos ilícitos.
¿Dónde comenzó el problema?
La cooperación funcionó mientras las investigaciones apuntaban exclusivamente hacia los criminales.
La administración de Sheinbaum ha realizado importantes entregas de operadores del narcotráfico y todas las concesiones a las autoridades estadounidenses. Hasta ahí, la colaboración parecía avanzar sin sobresaltos.
El problema comenzó cuando esos personajes decidieron hablar y las declaraciones de integrantes del crimen organizado, incluidos operadores de alto nivel de distintos cárteles, apuntaron a los presuntos vínculos entre las estructuras criminales y algunos políticos relevantes.
A partir de eso, la situación cambió.
Siempre extremadamente cuidadosa, Sheinbaum evita cuestionar al presidente Trump, cuando el estadounidense habló de “gobiernos de narco”, aclaró que no se estaba refiriendo a ella ni a su administración.
En su discurso del pasado domingo, evitó mencionarlo y al hacerlo señaló que “no cree que sea el presidente Trump quien ha encabezado esta ofensiva” mediática o judicial contra México.
Y tiene razón, no es Trump, son agencias e instituciones independientes del Estado estadounidense quienes persiguen la delincuencia, no es un asunto político, es de seguridad y de justicia.
Mientras los testimonios se acumulan, el gobierno mexicano mantiene una defensa ya muy trillada. En este contexto resultan particularmente reveladoras las expresiones del embajador Ronald Johnson: “La lucha contra los cárteles debería unirnos, no dividirnos. Las personas a ambos lados de nuestra frontera quieren vivir seguras y en paz. Merecen estar libres de la intimidación, la corrupción y el miedo que los cárteles imponen. Cada momento dedicado a convertir este desafío compartido de seguridad en una disputa política es una oportunidad perdida para fortalecer nuestra alianza y proteger a las personas a las que servimos”.
Al gobierno estadounidense realmente no le importa extraer narcopolíticos mientras México siga cediendo en todos sus intereses, le interesa que se actúe aquí o preparar un golpe espectacular que ayude a Trump en las elecciones intermedias.
¿Cual podría ser ese golpe mediático? Lo que vimos en Venezuela. Así de simple.
El riesgo es que el gobierno mexicano siga estirando la relación bilateral, para proteger a personajes cercanos a Morena y no actúe continuando discursos y evasivas hasta que la liga se reviente.
X: @diaz_manuel




