El futurismo con López Obrador llegó por la puerta grande. Siempre, a su modo, anticipó campaña y, de alguna manera, le dio resultado. Debió ganar la elección de 2006 y su historia y la del país hubiera sido diferente. Él mismo promovió a Claudia Sheinbaum a madrugar a sus competidores. Después de todo, ser jefa de gobierno de la CDMX es una plataforma natural. El proceso y la encuesta ulterior fueron mero trámite, a pesar del ostensible gasto de casi todos ellos, incluyendo, desde luego, el de ella y el apoyo cifrado del presidente y el de la estructura de gobierno.

A cuatro años de la elección presidencial mucho puede suceder. Si se valoran cuatro prospectos del oficialismo, uno entiende que el tiempo hunde o promueve, en buena parte, por la circunstancia y, en otra, por las limitaciones propias. Brugada, Ebrard, García Harfuch y López Beltrán lo muestran y prueban. La incertidumbre no solo pesa sobre las personas por lo que pueda ocurrir, especialmente en la agenda judicial impuesta por el vecino del norte. Una decisión administrativa, como el retiro de visa puede acabar con una reputación; incluso el FinCen, puede ser terminal para un partido.

Al inicio del actual gobierno quien llevaba delantera era Andrés Manuel López Beltrán; tenía la mesa puesta, primero que todo el apoyo del padre y el aval de la moradora de Palacio Nacional. Un cargo partidista de relieve era buena plataforma para crecer, convencer y consolidar. Su situación ahora es peor que incierta, a pesar del respaldo del padre, la figura más relevante el régimen, incluso, hasta ahora más que la propia presidenta Sheinbaum.

Las dificultades López Beltrán son heridas autoinfligidas; si no pudo mantener buena relación con una aliada natural como Luisa María Alcalde, ¿qué podría esperarse de él?; un problema de carácter, por decir lo menos. Más grave es que en la percepción colectiva queda que le interesa más el dinero, que ha sido el eje de la mayor corrupción como el contrabando de combustible, los contratos de obra pública y de connivencia con el crimen. Lo que queda de su capital le da para una diputación federal en Tabasco, nada más, si no es que antes deba enfrentar un problema judicial en una Corte de Nueva York.

Clara Brugada no ganó la encuesta para ser candidata, sería un asunto menor si en el ejercicio de su enorme poder hubiera construido una imagen de éxito y eficacia, como sí lo pudieron hacer López Obrador, Ebrard y Sheinbaum. A pesar de la visibilidad que otorga el cargo es poco conocida, y por lo que ha hecho en la ciudad es mejor así que pasar a examen público. Lo menos malo de su gobierno, la seguridad, es resultado de la herencia de Sheinbaum y de a quien López Obrador negó el gobierno de la Ciudad, Omar García Harfuch.

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Marcelo Ebrard es un peso completo de la política. La sobrevivencia desde el salinismo hasta la fecha es proeza que no es gratuita o casual. Inteligencia y eficacia son su activo, nada menor cuando la meritocracia ha caído en desuso y la mediocridad es generalizada. Su ambición, a la que tiene todo derecho, lo vuelve no confiable y hace que se le vea como amenaza no solo para sus rivales, sino para el líder moral y la misma presidenta que bien lo ha aprovechado en el gabinete. El problema y desafío de Marcelo es la suerte del acuerdo comercial. Hace lo que puede y bien, pero no es un tema de destreza, sino de circunstancia, que no favorece a México, mucho menos con las ostensibles credenciales de impunidad del régimen político. Regresar al Senado puede ser el espacio que requiere para actuar con libertad en medio del previsible fuego amigo.

García Harfuch es la carta fuerte porque lo mejor que se puede presumir hoy día es la ruptura con los abrazos no balazos para combatir al crimen. Es una lucha exitosa en algún sentido, pero de alcances limitados por la impunidad que gozan los narcopolíticos. La presidenta Sheinbaum ha dejado en claro, hasta ahora, que no cruzará esa línea roja. Así, al funcionario más creíble y respetado dentro y fuera del país le envía a exonerar públicamente y precipitadamente al cuestionado exsecretario de Marina Rafael Ojeda y a decir que no hay elementos contra el gobernador bajo licencia, Rubén Rocha, que deja al descubierto que la impunidad a todos obliga, incluso a él.

Balance temprano de los cuatro de Morena.