Agradezco, como cada semana, a Federico Arreola por este espacio que permite mirar la vida pública con pausa, con reflexión y con la responsabilidad de decir las cosas no desde el ruido, sino desde la convicción.

Querétaro está entrando en una etapa decisiva. Lo que viene rumbo al 2027 no será solamente una elección más en el calendario. Será una oportunidad para demostrar que la Cuarta Transformación también puede echar raíces profundas en una tierra exigente, trabajadora, participativa y orgullosa de su historia. Una tierra donde la gente no se convence con discursos vacíos, sino con congruencia, presencia y resultados.

Por eso hoy más que nunca la palabra clave debe ser unidad.

Unidad no como una frase de ocasión, ni como una fotografía para salir del paso. Unidad como una forma de entender el momento político que vive el país. Unidad entre quienes formamos parte del movimiento que acompaña el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum. Unidad entre Morena, el Partido Verde, el Partido del Trabajo y todas las expresiones sociales que creen en un México más justo, más humano y más cercano a la gente.

La doctora Claudia Sheinbaum ha demostrado que gobernar también puede ser un acto de serenidad, de disciplina y de profunda responsabilidad. Su proyecto no se sostiene en la improvisación, sino en una visión clara de país: continuidad con cambio, justicia social con desarrollo, bienestar con honestidad y futuro con raíz popular.

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Ese proyecto necesita en cada estado, mujeres y hombres capaces de estar a la altura. Y en Querétaro, estar a la altura significa entender que nadie gana solo. Que ninguna fuerza política, por sí misma, puede representar la esperanza de miles de familias si antes no aprende a escuchar, a sumar y a caminar con humildad.

La 4T en Querétaro tiene frente a sí una tarea mayor: construir confianza.

Confianza con quienes ya creen en este movimiento, pero también con quienes todavía observan con dudas. Confianza con las juventudes que quieren oportunidades reales; con las mujeres que piden seguridad, respeto y participación; con los trabajadores que todos los días sostienen la economía familiar; con los productores, comerciantes, empresarios, profesionistas y comunidades que aman profundamente a este estado.

Esa confianza no se decreta. Se gana.

Se gana cuando los partidos dejan de mirarse como parcelas y empiezan a reconocerse como parte de una misma causa. Se gana cuando se entiende que la lealtad al proyecto nacional no está peleada con la identidad local. Se gana cuando la política deja de girar alrededor de nombres y empieza a girar alrededor de la gente.

Querétaro no necesita pleitos importados ni divisiones innecesarias. Necesita una 4T madura, generosa, inteligente y profundamente queretana. Una 4T que hable el lenguaje de la calle, del campo, de la colonia, de la universidad, del mercado, de la fábrica y de la comunidad. Una 4T que no llegue a imponer, sino a construir, que no llegue a borrar, sino a mejorar y que no llegue a dividir, sino a abrir caminos.

Lo que está en juego hacia 2027 no es solamente una boleta. Es la posibilidad de que Querétaro se sume con fuerza a un proyecto nacional que ha puesto en el centro a quienes durante muchos años fueron dejados al margen. Es la oportunidad de demostrar que la transformación también puede dialogar con la vocación productiva, ordenada y participativa de nuestro estado.

La unidad no significa pensar todos igual. Significa tener la grandeza de caminar hacia el mismo destino. Significa reconocer diferencias sin convertirlas en obstáculos. Significa entender que en política, cuando el ego ocupa el lugar de la causa, se pierde el sentido de servir.

Hoy la 4T necesita generosidad. Necesita altura de miras. Necesita que cada partido, cada liderazgo y cada militante comprenda que el proyecto de la presidenta Sheinbaum es más grande que cualquier cálculo personal. Porque cuando un movimiento se une en torno a una visión de país, deja de ser una suma de siglas y se convierte en una fuerza histórica.

Querétaro merece una política con emoción, pero también con responsabilidad. Una política que sepa tender puentes, que sepa convencer sin ofender, que sepa sumar sin condicionar y que sepa mirar al futuro sin renunciar a sus principios.

El 2027 todavía parece lejano, pero en política el futuro se construye desde mucho antes. Se construye en las conversaciones, en los acuerdos, en la disciplina, en el territorio y en la capacidad de poner primero al pueblo antes que cualquier interés particular.

La unidad de la 4T en Querétaro no debe ser una consigna: debe ser una decisión.

Una decisión de caminar juntos.

Una decisión de respaldar con firmeza el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Una decisión de demostrar que Querétaro también puede ser protagonista de la transformación nacional.

Porque cuando hay causa, hay camino.

Y cuando hay unidad, hay futuro para nuestro Estado.