El rostro de la nueva Corte ya empieza a descomponerse. Aquí dos botones de muestra.
Apenas terminaba la elección judicial y ya empezaba a circular la noticia: Hugo Aguilar, quien sería presidente de la Suprema Corte, decía que no iba a usar toga sino un traje típico. Creo incluso que al primero que se lo dijo fue a SDPnoticias.
Hugo llegó con la propuesta a una reunión con sus compañeros pero no tuvo eco. Ya pasó mucho de eso y hoy por hoy siguen usando toga aunque la suya tiene distintivos indígenas (que apenas y se aprecian).
Ese es el retrato de la actual Corte: la expectativa la crea pero al final se topa con la realidad. Y se le descompone el nuevo rostro que intenta mostrar.
La expectativa de una Suprema Corte austera la acaba de derribar. Recientemente, se confirmó la compra de camionetas “machuchonas” (como les decía Andrés Manuel López Obrador pero que él mismo terminó usando como presidente).
No soy de los que piensa que los ministros del más alto tribunal que tiene este país anden en triciclo, pero, carajo, tal vez pudieron esperar unos años para tal compra.
La noticia circula ampliamente y reza lo siguiente: “La renovación de la flotilla vehicular de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) colocó nuevamente al máximo tribunal del país en el centro de la discusión pública. La adquisición de nueve camionetas Jeep Grand Cherokee de último modelo, una para cada ministro, generó críticas y debates en redes sociales debido a su alto costo, que contrasta con el discurso de austeridad que ha marcado la política pública en los últimos años”.
El escándalo de la semana escaló al grado que la Suprema Corte tuvo que salir a “aclarar” que “el objetivo es garantizar condiciones adecuadas de seguridad y protección de quienes desempeñan funciones de alta responsabilidad”.
Tal vez unos vehículos más discretos hubieran sido más aceptados por la opinión pública, aunque, hay que reconocer, no faltaron los que aceptaron y defendieron esta compra.
La expectativa de la nueva Corte es muy alta al menos entre el número de votantes que acudió a elegirla (unos 12 millones).
Si bien no todo se acaba por unas camionetas, la Corte no puede estar dinamitando la confianza ciudadana.
Es este, su primer año, en el que deben demostrar por qué es mejor lo de hoy que lo de antes, con decisiones como la de obligar a Ricardo Salinas Pliego a pagar sus impuestos.
Por ahora, ya han minado su discurso de austeridad. Y lo que comienza a irse en picada, regularmente ya no vuelve a subir.
Ojalá los nuevos ministros ya no cometan más errores como este.
Traspaso: mientras escribía estas líneas, ya circulaban fotos de la ministra Loretta Ortiz viajando en primera clase a Costa Rica.
Lo dicho: no es lo mismo ser borracho que cantinero.





