Para mí es imperante que ustedes, estimados lectores, sepan -más allá de las obvias definiciones- quién es la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés); por ello les recomiendo revisen la columna de ayer, aunque no es requisito indispensable para leer esta, pues hoy vamos a entrar de lleno a abordar las principales (o más obvias) dolencias que padece nuestra Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC).
Uno de los grandes problemas que hoy enfrenta la AFAC es la falta de autonomía real; pasó de ser la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) a convertirse en la AFAC, pero sigue dependiendo de la Secretaría de Infraestructura Comunicaciones y Transportes (SICT).
Considero que es necesario que el gobierno federal tenga clara cuál es la importancia de la AFAC para la gestión de la aviación comercial en nuestro país. Durante años, los anteriores gobiernos dejaron que terceros se hicieran responsables de ciertas áreas, como los exámenes médicos. Y es que tal vez no lo sepan, pero la mala gestión de la AFAC -antes DGAC- no comienza con el gobierno de la Cuarta Transformación, sino mucho antes, incluso a mí me tocó vivirlo en carne propia.
Conozco, y muy probablemente ustedes han visto titulares escandalosos, como el utilizado por el medio El Financiero: “EU tiene a México ‘en la mira’ por seguridad aérea: Categoría 1 ‘pende de un hilo’ ”, que desde mi punto de vista, además de alarmista y amarillista, es erróneo.
Como lo señalaba en la columna de ayer, la agencia norteamericana se ha erigido como el adalid y guía moral en cuestiones de seguridad aérea, encargándose de certificar la aviación de otros países, en donde verifica que se cumplan todos los estándares que se requieren para la operación segura de las aeronaves, en palabras sencillas.
No es algo nuevo, ni ilegal, sino consecuencia de los acuerdos y negociaciones geopolíticas que empezaron a hacerse entre naciones desde el siglo pasado sobre la aviación. Ahora bien, ¿qué es lo que está haciendo la FAA en México? Pues resulta que del 10 al 14 de agosto la AFAC recibe a su homologa norteamericana para hacer una evaluación del “Programa Internacional de Evaluación de la Seguridad Aérea (IASA)”.
Y ¿de qué se trata? De que la AFAC demuestre ante la FAA que nuestra aviación cumple con los estándares que están establecidos por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Dicho así, pareciera que solamente se está procurando que los cielos del mundo sean seguros, en cumplimiento de los acuerdos bilaterales vigentes, y con total y absoluto respeto de las soberanías de los firmantes.
Pero tengo 28 años dentro de la industria aérea, y voy a decirlo fuerte y claro: no puedo creer en la buena voluntad de la FAA. No me chupo el dedo, lamentablemente el gobierno norteamericano ha convertido este tipo de “inspecciones”, en un botín político que de facto le permite decidir si le conviene o no que México crezca como país.
Esto que comento difícilmente lo abordan otros medios, y los especialistas en aviación no se atreven a nombrarlo. Son prudentes, pues a lo largo de la historia, los gobiernos estadounidenses se habían cuidado de esconder sus verdaderas intenciones, y ser congruentes con la ley, los derechos humanos y los convenios internacionales.
Pero el cinismo de la política exterior de los Estados Unidos es tan estridente, que ya no consideran necesario “edulcorar” que su imposición es real y efectiva por la fuerza de las cosas; han dejado de lado la necesidad de revestir sus acciones de “oficial, legal o formal”.
Cuesta trabajo asumirlo, y por eso para las plumas que escriben de aviación es más fácil darle la razón a la FAA, y sin el más mínimo cuestionamiento, dejar que meta sus narices implacables para calificar cómo gestionan nuestras autoridades a la aviación en México.
No voy a caer en el cliché de decir que “no es lo mismo ser la primera potencia del mundo, con todo el presupuesto disponible, a ser un país en vías de desarrollo”. Mi invitación es a dar un paso más allá, para decir lo que es obvio: que en realidad su presupuesto millonario se desvía para alimentar conflictos bélicos, y de intervencionismo en América Latina; y que, aunque no tenemos un Producto Interno Bruto como el Estados Unidos o el de China, nuestra aviación cumple con lo que la OACI pide para ser una aviación segura.
De la Convención de Chicago en 1944 nacieron los 19 anexos que regulan la aviación comercial a nivel mundial, creados en aras de que el espacio aéreo fuese seguro para todos. De ellos, los que corresponden al programa IASA básicamente son:
- Anexo 1: Licencias al personal
- Anexo 6: Operación de aeronaves
- Anexo 8: Aeronavegabilidad
- Anexo 19: Gestión de la seguridad operacional
En menor medida, algunos temas del anexo 11 Servicios de tránsito aéreo y del 13 Investigación de accidentes e incidentes de aviación. Para ello la AFAC contestará un cuestionario de más de 300 preguntas para verificar que sí se estén llevando a cabo todos y cada uno de los lineamientos de estos anexos.
Hasta aquí, creo que nadie puede estar en contra, pues entre mejor se cumplan con los anexos de la OACI por parte de la autoridad aeronáutica de nuestro país, tenemos una aviación más segura.
Pero “la puerca tuerce el rabo” cuando este tipo de intervenciones se utilizan políticamente para el beneficio de los Estados Unidos, y es que no podemos tapar el sol con un dedo, ni mucho menos desconectarnos de la realidad.
Hoy, la desastrosa gestión de Donald J. Trump está quemando cantidades ingentes de dinero en una guerra contra Irán, misma que está perdiendo, al grado que su círculo cercano ya le avisó que están a punto de quedarse sin municiones; primero lo negó de forma furibunda, para después admitir que sí hay escasez, pero que han aumentado la producción de armamento y misiles.
Esto lo traigo a colación, porque el tema de la aviación mexicana, y una probable degradación a Categoría 2 podría usarse en beneficio del país norteamericano, distrayendo el foco del fracaso que ha sido su guerra contra Irán.
Porque al degradarla a Categoría 2, impide el crecimiento de la aviación mexicana, pues las líneas aéreas que vuelan a los Estados Unidos -Aeroméxico, Viva y Volaris- no podrían abrir nuevas rutas ni frecuencias a dicho país.
No fue casualidad que la primera degradación a Categoría 2 (que sufrimos en el 2010) viniera aparejada de la bajada de vuelo de Mexicana de Aviación; no fueron hechos aislados, sino más bien un plan perverso del gobierno norteamericano al que le urgía desviar la atención de varios escándalos.
Para aquellos que no lo recuerden o no se hayan enterado, me refiero al desastre ecológico de Deepwater Horizon acontecido en el Golfo de México, una explosión que causó el peor derrame marino de petróleo en la historia de los Estados Unidos. Y si eso no fuera suficiente, el gobierno del entonces presidente Barak Obama enfrentaba una enorme crisis de desempleo.
La cereza del pastel fueron las filtraciones masivas de los archivos de WikiLeaks, y el comienzo de la persecución de Julian Assange, sobre todo porque se dio a conocer la falsedad de la guerra contra Irak, y las supuestas “armas de destrucción masiva”, un argumento que parece actualizado cuando hoy dicen que Irán está a dos semanas de terminar de construir una bomba atómica.
2010 fue un buen momento para Estados Unidos de frenar a México, y distraer a su población con otros temas.
A eso hay que sumarle la urgencia de reabrir el estrecho de Ormuz. Una guerra de Israel contra Irán, financiada por los Estados Unidos provocó su cierre; pero las consecuencias afectan a todo el mundo.
Es la responsable de la subida del costo de los combustibles a nivel global, pero no solo eso, también del encarecimiento de los alimentos, pues millones de pesticidas no han podido llegar a los campos, y las cosechas se pierden, lo que hace que el precio de los alimentos se eleve, y a todos nos cueste más dinero alimentarnos.
Todo esto gracias a la ineptitud del ente naranja que gobierna los Estados Unidos. Por eso asevero que estos temas no pueden verse de forma ingenua, creyendo que el vecino país realmente viene “en buena onda”, y menos, que pueda ser la policía encargada de verificar que como país estamos cumpliendo con lineamientos globales.
Que quede claro, soy la primera que exige que la AFAC cumpla con todos y cada uno de los anexos de la OACI, la seguridad aérea es primordial y no es negociable bajo ningún sentido. Pero de ahí a utilizar las fallas que pueda tener la AFAC para golpear a México, hay un mundo de diferencia, sobre todo si los vecinos del norte lo hacen es en aras de salvarse el pellejo, y en detrimento de nosotros.
Urge que el gobierno federal entienda la importancia de darle autonomía real a la AFAC, para que pueda hacer una “limpia” en dicha dependencia y erradicar la corrupción que hoy le afecta, pero también -voy a ser sincera-, tenemos que reconocer que esa corrupción no surgió por generación espontánea, sino que es alimentada por el mismo personal aeronáutico que acude a ella, que en aras de “agilizar” sus trámites, sigue alimentando al monstruo de la corrupción y se vuelve en el cuento de nunca acabar.
Por último, los resultados que arroje esta auditoría no estarán disponibles de inmediato; antes pasarán varios meses, y dependiendo de las motivaciones e intereses reales de la FAA, sabremos cómo le está yendo a la AFAC, si cumple o no; lo normal y estipulado, es que en caso de que haya cosas por subsanar, se otorgue un plazo para hacerlo. Así ha sido en el pasado, pero precisamente porque “ya ha pasado”, sé que hay un riesgo real de una degradación a Categoría 2.
Viene una oleada de ruido mediático, generado solo para generar tráfico, vistas y likes, pero no para informar realmente lo que sucede. Toda información debe tomarse con las debidas precauciones, y sobre todo algo que para mí es vital: no dejar de apoyar a la aviación nacional. He visto por ahí algunos palurdos que “piden” que la FAA sea la que gestione la aviación en México, así de vende patrias y cipayos son.
La decisión es de ustedes, amables lectores. Yo estoy siendo clara en cuanto a mi forma de pensar, ver y vivir la aviación. En otros espacios, incluso en este mismo medio de comunicación, encontrarán puntos de vista radicalmente diferentes.





