A pesar de la inédita diligencia mostrada por la autoridad morelense en el esclarecimiento del asesinato ocurrido el pasado 12 de septiembre en la ciudad de Cuautla, que terminó con la vida de la estudiante española Claudia Tacoronte Aguilera, la eficiencia de la autoridad no pudo ocultar la secuela de crímenes que tuvieron lugar en el pasado reciente; aún peor, el feminicidio se encuentra inscrito en una andanada de crímenes posteriores a la fecha del fatal acontecimiento, que generan una situación dominada por el dolor, los duelos, la angustia, indignación, coraje, el dominio de la violencia y la ingobernabilidad.

Los feminicidios, homicidios y extorsiones han colocado a Morelos en el primer plano de violencia en el país; tan es así que el feminicidio de la ciudadana española se sucede al de otras jóvenes estudiantes de la región, lo que coloca a quienes realizan estudios universitarios y de bachillerato del género femenino, en condición de alta vulnerabilidad en la entidad; al mismo tiempo, la extorsión hacia las mujeres y la que, en general, se realiza para intimidar y cobrar piso a los negocios y establecimientos comerciales se da de forma extensa en todo el territorio de ese estado, colocándolo en el primer lugar del país en la comisión de tal delito.

El reclamo internacional sobre el asesinato de Claudia Tacoronte sin duda que apuró la actuación de las autoridades, pero otros casos no han estado sujetos a la prontitud de esa respuesta; la violencia gana terreno, y atrapa a la sociedad con su secuela de intimidación y capacidad de dominio. Se vulnera así la vida social, económica, académica, cultural y del esparcimiento, tan relevantes, esenciales y característicos para la convivencia en el estado.

De nueva cuenta los hechos criminales retomaron protagonismo, apenas el viernes 18 ocurrió el asesinato de Zenón Juárez, quien fuera presidente del PRI en el municipio de Tetecala; casi de forma simultánea tuvo lugar otro asesinato, acaecido la madrugada del sábado 19, ahora en Tlaquiltenango, que quitó la vida al sargento segundo del 108 Batallón de Infantería “Los Lagartos”, Daniel Jiménez. Por si fuera poco, dos estudiantes de la Preparatoria 2 de la UAEM, Christian y Gael, fueron asesinados la noche del sábado 27 de septiembre en la colonia Chulavista de Cuernavaca; poco de tiempo después, dos jóvenes fueron heridos a balazos en la colonia Lázaro Cárdenas, en la ciudad de Cuautla.

En alusión a un cuento titulado “La Muerte tiene premiso” de la autoría de Edmundo Valadés, (q.e.d.), donde de forma brillante y con talento expresivo se narra la indignación de habitantes de una comunidad ante la pasividad de las autoridades para combatir abusos y crímenes; me atreví a parafrasear ese título en una colaboración anterior como la Muerte tiene permiso en Morelos, Refiero ahora, y ante estos nuevos sucesos, que la muerte refrendó su permiso en la entidad.

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Así lo creo, la muerte por la vía de asesinatos y de feminicidios, ocurre y puede ocurrir en Morelos con pasmosa facilidad y, en tanto es así, tienden a convertirse en una práctica regular para solventar diferendos, realizar ajustes de cuentas y saldar pendientes entre personas y grupos. Por lo tanto, la incidencia genera un camino para que la violencia se instale como el método para pretender dominar la convivencia social.

La referencia a los feminicidios y homicidios de los últimos meses en Morelos, en especial de jóvenes estudiantes ocupa ya un gran espacio, y no parece que tenga freno; los policías municipales de Cuernavaca se han manifestado para exigir mejores condiciones de trabajo y de salarios. Es evidente que se carece en la entidad de una política de seguridad efectiva, y que, merced a ello, la delincuencia se expande de manera irrefrenable.

La tesis del gobierno de atacar las causas sociales de la delincuencia a través de apoyos, programas y las transferencias directas, no resuelve el problema en un contexto donde la impunidad lo cubre, la corrupción lo solapa y el involucramiento de las autoridades brinda las mejores garantías para que la criminalidad se explaye.

Es evidente que se requieren apoyos sociales, pero también lo es que ello no basta, pues es necesario, además, eficiencia para combatir la delincuencia, capacidad para impartir justicia, políticas orientadas no sólo a cubrir necesidades a través del mayor gasto, sino también acciones para ofrecer igualdad de oportunidades de desarrollo personal, lo que para alcanzarse requiere crecimiento económico y de empleos formales.

La muerte refrenda su permiso en Morelos; se trata de una permisibilidad cobijada por la debilidad y fragilidad de los cuerpos policíacos estatal y municipales, por la pretensión de intervenciones efectistas desde la federación pero que no han brindado los resultados esperados; la muerte refrenda su permiso porque más allá de los discursos y declaraciones que pretenden minarla, en los hechos la muerte ocurre de forma descarada en distintos horarios, zonas y parajes del estado.

En efecto, tal parece que alguien extiende permisos de muerte desde el ámbito del gobierno, y que esos permisos han sido refrendados.