En México los escándalos no paran. Pero no vaya usted a creer que estamos hablando de programas de la farándula o de ocurrencias pequeñas de algún ocioso.

Hablamos de nueva cuenta de la oposición de caricatura, que de plano ya no sabe qué inventar para justificar su fracaso.

Y es que hace un par de días la dirigencia nacional del PAN, encabezada por Jorge Romero, viajaron a Bruselas, al Parlamento Europeo, para lanzar su veneno contra el gobierno mexicano: que tiene vínculos con el crimen organizado y que por ende, es un Estado fallido.

No es la primera vez que van para allá a quejarse.

En abril de 2025, el diputado Fernando Torres Graciano también hizo sus maletas y acudió a ese mismo recinto para hablar de “emergencia humanitaria”, culpar al Estado y pedir respaldo internacional, como si aquí no tuviéramos leyes, tribunales ni capacidad para resolver nada. Y lo más indignante: ni entonces ni ahora han mostrado pruebas, ni han dicho con claridad qué trataron, a quién vieron ni qué compromisos están firmando en nombre de los mexicanos.

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La cosa es armar mitote y atraer reflectores, porque, la verdad sea dicha, nadie los pela y tomándose la foto en aquellos rumbos no faltará quien los vea como heroínas y héroes.

No nos engañemos: esto no es defensa de la democracia, ni una lucha por las víctimas, ni denuncia responsable. Es una estrategia calculada, mezquina y peligrosa que convierte las diferencias políticas internas en espectáculo internacional, y usa la tragedia nacional como moneda de cambio para ganar puntos partidistas. Lo que hacen es una vergüenza y, de plano, una traición al sentido más elemental de soberanía. Porque la soberanía no es una palabra vacía que se usa en discursos: es el derecho y la obligación de resolver nuestros propios problemas, sin ir a pedirle a gobiernos y parlamentos de otros continentes que vengan a juzgarnos, a calificarnos o a decirnos qué debemos hacer.

Si el PAN tiene pruebas de que el gobierno federal está aliado con el crimen organizado, ¿por qué no las presentan ante las autoridades competentes, ante la Fiscalía o ante los tribunales? ¿Por qué no las ponen sobre la mesa aquí, en México, ante los ciudadanos que los eligieron? ¿Por qué prefieren llevar sus señalamientos a miles de kilómetros de distancia, ante personas que no nos conocen y que tienen sus propios intereses, sin detallar qué dijeron, qué pidieron ni qué recibieron a cambio? La respuesta es sencilla: porque no buscan justicia, ni verdad, ni solución. Buscan presión externa y hacer creer que solo ellos tienen la razón, aunque para ello tengan que presentar a todo el país como un desastre ante el mundo.

Pero recordemos, ellos, los que hoy hacen el tour de los lamentos, pertenecen al partido que gobernó durante doce años, que tuvo el control de la seguridad, de las instituciones, del ejército y de la policía. ¿Dónde estaba esta furia denunciante cuando en sus mandatos la violencia se disparó, las desapariciones se multiplicaron y el crimen organizado creció hasta convertirse en la amenaza que hoy sufrimos? ¿Acaso el crimen, la impunidad y la debilidad institucional nacieron el día que dejaron el poder? Hoy usan el dolor de las familias, el llanto de las madres buscadoras y la angustia de quienes viven bajo amenaza como si fuera su propiedad privada, para armar discursos fuera de casa, cuando ellos mismos tuvieron la responsabilidad de cambiar las cosas y no lo hicieron.

Son unos vendepatrias que les encanta viajar de gorra, con cargo al erario.

Si el PAN quiere defender a México, que lo haga aquí, con pruebas, con propuestas y respetando que somos nosotros, los mexicanos, quienes tenemos el derecho y la responsabilidad de juzgar, decidir y construir nuestro propio destino. Mientras sigan viajando a Bruselas o a cualquier otra capital del mundo para que otros hablen por nosotros, no estarán defendiendo a nadie más que a sí mismos. Y eso, por mucho que lo disfracen de lucha democrática, no es más que una cobardía política y una falta de respeto absoluta hacia todo el país.

Al derecho y al revés

De risa loca esta guanga oposición, que si no andan viajando estan haciendo el ridículo aquí, en territorio nacional. Fox ya perdonó a las tepocatas y víboras prietas y les fue a hacer ojitos para unir fuerzas rumbo a las elecciones del 2027, ya a la vuelta de la esquina.

Ninguno de ellos, ni los viajeros ni Fox ni Alito, buscan el bien común. Solo quieren llevar agua a su molino, conservar el fuero y vernos la cara. Están muy mal.

Con todo y sus asegunes, porque Morena no está exenta de impresentables, los guindas siguen sin competencia.

A ver si para las presidenciales del 30, en estas intermedias ya perdieron, ¿no cree usted?