Es una vergüenza.
Me refiero a la cantaleta repetida por la oposición de que las becas y apoyos sociales son un peligro, que crean dependencia, que fomentan la flojera.
Ahora, en el como, dicen que arruinan a las familias y que el dinero se va en vicios. Al rato exigirán que se retiren por ser nocivos para la salud.
Todo esto lo dicen con tono sabio, desde escritorios cómodos, personas que nunca tuvieron que elegir entre comprar útiles escolares o llevar comida a la mesa. Y lo más triste: se repite como si el simple hecho de recibir un apoyo fuera una falta, mientras que otros llevan décadas viviendo de recursos públicos sin que nadie les pida explicaciones.
También hay comentócratas que frente a una pantalla aseguran que si un hijo o hija recibe una beca y logra tener mejores oportunidades que sus padres, eso es algo malo. ¿Desde cuándo el progreso es un peligro?
Se llenan la boca diciendo que cuando llegan los apoyos, se disparan las ventas de cerveza y cigarros. Lo afirman con seguridad, como si tuvieran los pelos de la burra en la mano para comprobar que su verdad es absoluta. Prefieren inventar la imagen del joven irresponsable, que gasta todo en vicios, que no valora nada, que es conformista. Es más fácil crear un enemigo imaginario que reconocer que la realidad es otra: ese dinero sirve para libros, para pasajes, para comida, para seguir estudiando.
Hablemos de lo que no les gusta, de cifras, de datos duros.
- En todo el país, más de 20 millones de estudiantes reciben algún tipo de beca federal .
- La Beca Benito Juárez de Educación Media Superior apoya a 4 millones 180 mil 747 jóvenes —prácticamente todos los estudiantes de bachillerato público— con una inversión anual superior a los 39 mil 717 millones de pesos .
- La beca Jóvenes Escribiendo el Futuro llega a 423 mil 107 estudiantes de nivel superior .
Todo esto se resume en menor deserción.
- En educación media superior —donde el riesgo de dejar los estudios es mayor— el abandono escolar bajó del 14.5% al 8.5% entre 2018 y 2024.
- En secundaria, la deserción pasó del 4.6% al 2.4 por ciento.
- En zonas rurales hubo una reducción del abandono escolar de hasta 12.16%, mejoras del 25.1% en eficiencia terminal y el 57.7% de los jóvenes reportó mejoras en su rendimiento académico .
- Según el Coneval, el programa ha contribuido a disminuir el rezago educativo y la reprobación, permitiendo que estudiantes que habrían tenido que dejar la escuela se quedaran en las aulas.
Esto no lo inventé yo. Son datos públicos que cualquiera puede consultar. Pero es más fácil inventar y difamar.
Claro que los programas sociales deben revisarse, evaluarse, tener reglas claras y mostrar resultados.
No sé si algún joven o su familia usan los apoyos para comprar cigarros o cerveza. Lo ideal es que no lo hagan, la tarea del gobierno y de la sociedad es concientizar para que esos recursos se usen de forma eficaz.
Pero lo que no se vale es tratar a las personas de escasos recursos siempre con delincuentes, flojos, abusivos, como si cada peso que reciben tuviera que justificarse mil veces, como sospechosos de hacer siempre cosas indebidas, mientras que quienes han vivido siempre del erario nunca tienen que dar explicaciones.
Como ejemplo tenemos a María Amparo Casar, quien puso el grito en el cielo diciendo que con los programas sociales se fomenta la desunión familiar, que un joven que recibe 1900 pesos al bimestre gana más que su padre. De plano nos ve cara de jumentos.
Ella habla de clientelismo, pero se olvida —o prefiere no mencionar— que recibe una pensión de viudez de 125 mil pesos mensuales. Que sus hijos estudiaron en el ITAM, con colegiaturas pagadas con recursos de Pemex. Es decir: ella y su familia recibieron millones de pesos de empresas y fondos públicos, solo por su apellido y su lugar de residencia. Para ellos, eso es un derecho, algo merecido, algo que no hay que cuestionar. Para los que menos tienen, recibir 1,900 pesos cada dos meses es “demagogia”, “regalo” o “chantaje”.
Válgame dios con la doña, dijera mi abuela.
Quienes critican los programas sociales, hablan desde su visión clasista, no saben lo que es la carencia. Ni en sus peores sueños se han imaginado lo que significa tener que dejar la escuela porque no hay dinero, o que cada oportunidad depende de si alcanzan o no los recursos. Tampoco entienden que la educación es un derecho universal, no un privilegio que solo unos cuantos merecen. Creen que estudiar, progresar y salir adelante es algo que se le debe permitir a unos pocos, y que el resto debe quedarse donde siempre ha estado.
La verdadera amenaza no son las becas ni el progreso, ni que los hijos vivan mejor que sus padres. La verdadera amenaza es la hipocresía: la de quienes se creen dueños de la verdad y de los recursos, y se indignan solo cuando los beneficios ya no son solo para ellos. Lo que les molesta es que la gente humilde ahora también tenga voz, también tenga apoyo, y también tenga derecho a soñar. Y eso, por más que se quejen, es el verdadero avance de un país que tiene un gobierno humanista.
Mar Morales en X: @mar_morales_



