El ex gobernador de Puebla Manuel Bartlett es un hombre que resultó ser pedagogo —para bien y para mal— de gran parte de los políticos poblanos que ocuparon cargos de trascendencia en la Puebla de los noventa y hasta las fechas actuales, ya en latitudes morenistas.

Cuando “Don” Manuel buscaba descalificar algún argumento —o estrategia— de sus colaboradores, les escupía a regaños:

¡No hagan política a la poblana!

Manuel Bartlett, político avezado, estratega de intensos ritmos, despreciaba, por considerar mediocres, las formas y los fondos de la política poblana.

¿Qué es hacer política a la poblana?

La respuesta generalizada al caso de las diputadas locales Nay Salvatori y Grace Palomares fue la de la condena absoluta. No solamente por la repercusión político-partidista, en la que, consecuentemente, la presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, se posicionaron en contra de cualquier comentario que fomente la discriminación y, desde el partido, anticiparon una posible expulsión de Morena.

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También por la difusión masiva de los hechos —que llegaron a la prensa internacional— y la indignación social expresada en redes sociales, que hacen evidente que la carrera política de las legisladoras se evapora.

En Puebla, la dirigencia partidista de Morena, que encabeza Olga Romero, no observa lo evidente.

No comprenden que el juicio social que desde las redes sociales se ha impuesto sobre las diputadas es indeleble.

Que cualquier proyecto político que gire en torno a esa atmósfera tendrá el repudio ciudadano.

Desde la masificación de los comentarios discriminatorios de Nay y Grace, el Comité de Morena en Puebla ha dado seis posicionamientos en rueda de prensa. Uno de ellos, con la presencia y participación de Nayeli Salvatori.

En esas seis ruedas de prensa le han preguntado, una y otra vez, sobre la permanencia de las diputadas.

Una y otra vez han hecho una defensa velada con “argumentos” vacíos y redundantes.

La dirigencia estatal de Morena en Puebla, con Olga Romero Garci-Crespo, Andrés Villegas y Pablo Salazar, ha tolerado institucionalmente un agravio que ya tuvo un juicio social.

Gestan una complicidad a partir de las buenas formas políticas en Puebla, donde la clase política se vuelve una comunidad fraterna y complaciente entre sí, pues cualquier crítica entre ellos desestabiliza su “statu quo social”.

Esa defensa de la clase política, por el hecho de pertenecer a ella, es parte de hacer “política a la poblana” o, como refería Miguel Barbosa, “el cazo de carnitas”.

Será la dirigencia nacional la que sentencie, desde la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, el porvenir partidista de las legisladoras de Morena.

Seguirían siendo legisladoras, pero sin partido.

Sin el partido… ¿podrían volver a serlo?