El concepto de la “revolución de las conciencias” va quedando en desuso. Pero fue el pilar narrativo del obradorismo, particularmente entre la derrota electoral de 2012 y el histórico triunfo de 2018.
Las bases de la “república amorosa” de 2012 fueron conceptualizadas y desarrolladas de manera más profunda con el López Obrador de 2018, hasta llegar a poner como fin último del sentido del movimiento político aquella utopía.
Por encima de tomar el poder estaba la revolución de las conciencias.
El vehículo para llevar de manera metódica y programática la revolución de las conciencias a cada una de las casas de las familias mexicanas sería el Instituto de Formación Política de Morena; el caricaturista, pupilo de Rius, Rafael Barajas El Fisgón, fue el designado por AMLO para conducir ese proceso.
Vehículo que, desde 2018, El Fisgón ha llevado por las rutas de la intrascendencia, perdiéndose en los horizontes de programas políticos añejos e intraducibles para la sociedad mexicana, que observa con ánimo el proceso de la 4T, pero que no encuentra espacios para expresar y profundizar ese apoyo.
López Obrador instaló el Instituto de Formación Política en su última participación dentro del Congreso Nacional de Morena. En aquel Congreso no solo ungió al caricaturista como dirigente de la formación política en Morena, sino que decretó que ese instituto tendría por prerrogativas el equivalente a la mitad del presupuesto total anual del partido, así como autonomía de gestión de esos recursos.
Tales montos vendrían siendo aproximadamente 200 millones de pesos al año. Teniendo ya nueve años de existencia, el Instituto de Formación Política se presume habría ejercido 1,800 millones de pesos al momento.
A pesar de que el artículo 74 de los Estatutos de Morena prevé tales porcentajes presupuestales para la operatividad del Instituto de Formación Política, los recursos se fueron diluyendo por la burocracia partidista, primero con Yeidckol Polevnsky y, posteriormente, con Mario Delgado.
La realidad es que, a nueve años de su fundación, la formación política de Morena no ha tomado una ruta que permita aspirar a la materialización de aquella utopía llamada “revolución de las conciencias”.
Y no solo eso. Además de los nulos cuadros políticos que el partido no ha formado en materia programática e ideológica, no hay espacio alguno para la formación de cuadros técnico-administrativos que puedan ser parte de los gobiernos municipales o locales de Morena, con características de honestidad, pero también de capacidad.
Tuve oportunidad de preguntar al doctor Heinz Dieterich (autor de la teoría del Socialismo del Siglo XXI) sobre el nulo trabajo de formación política al interior de Morena, en una larga entrevista que pude hacerle meses atrás.
Heinz y yo coincidíamos en que el hecho de que se encuentre pasmada la formación política en Morena es premeditado y de beneficio para la clase política históricamente dominante en el partido, pues tener militantes formados en el desarrollo de un pensamiento crítico traería consigo una masa militante crítica, intolerante a las prácticas corruptas y del sistema priista que, poco a poco, van formando cuerpo en los genes morenistas.
La nueva presidencia de Ariadna Montiel también debería traer consigo nuevos planteamientos en la formación política que requieren los militantes de Morena y los cuadros políticos de la 4T con proyección en las tareas legislativas o burocráticas.
¿Quizá el relevo de El Fisgón?
El socialismo del Siglo XXI
Desde hace meses, el sociólogo alemán Heinz Dieterich enfrenta con estoicismo complicaciones de salud. Heinz ha sido el gran referente para la izquierda práctica en América Latina, particularmente con el desarrollo de su concepto “Socialismo del Siglo XXI”, mismo que líderes de nuestro continente como Hugo Chávez, Fidel Castro, Evo Morales y Rafael Correa, entre otros, tomaron como propio.
Heinz asesoró de manera cercana a Hugo Chávez en su momento de mayor poder político y social. A retrospectiva, Heinz confiesa que ninguno de los expresidentes a los que asesoró se acercó a la materialización de sus planteamientos. Chávez, incluso, comentó que emprendió un proceso de transformación narrativa, mas no de transformación material económica real.
Morena, en ese sentido, necesita fortalecer y dar profesionalidad a sus procesos de formación política para lograr consolidar una transformación real y no solamente una transformación narrativa.
Fuerza, doctor Heinz; sus ideas le acompañan y nos acompañan.



