En la comodidad de su oficina, el secretario del Trabajo convocó en días pasados a un grupo de aplaudidores del sector sindical “charro” y de cámaras industriales para analizar los avances a siete años de la reforma laboral. Al más puro estilo del priista Arsenio Farell y del panista Javier Lozano, se presentó un informe maquillado sobre la situación laboral en México. Este acto resulta contrario a lo que se espera de un gobierno progresista, el cual nos prometió encarar los problemas de frente, con objetividad y hablando con la verdad: no mentir y no robar.

Sin embargo, la prueba del ácido de la realidad laboral desmorona el entusiasmo del secretario y desviste su supuesta “primavera laboral”.

El espejismo de la libertad sindical

En materia de libertad sindical, la nota la dio El Economista: apenas el 13% de los trabajadores se encuentran sindicalizados. De los 41 millones de trabajadores subordinados, solo 5 millones pertenecen a un sindicato.

Pero este número no se puede leer como absoluto. Hay que desglosar la cifra:

  • Casi medio millón de estos afiliados pertenece a sindicatos del sector educativo, como universidades y centros de investigación nacional. No es sector productivo.
  • Otro tanto corresponde a las grandes empresas estatales, como Pemex, CFE y organismos descentralizados. Sector gobierno.
  • Por lo tanto, el sector productivo, industrial y comercial representa una cifra menor al 10% en el ámbito sindical.
  • De ese porcentaje restante, el 95% se encuentra afiliado a las centrales obreras oficiales “charras”, a donde ya estaban forzados a pertenecer desde hace décadas.

Estas organizaciones realmente solo lograron validar su registro en el proceso de legitimación al inicio de la Reforma Laboral de 2019. Así que, en la práctica, el crecimiento sindical ha sido casi nulo en los últimos siete años.

Las columnas más leídas de hoy

Cabe recordar que el rubro de la libertad sindical era un pilar en los compromisos del T-MEC, los cuales, desde luego, no cumplimos. La razón de este fracaso no recae únicamente en los obreros y un supuesto desinterés. El Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral permitió que todo el entramado sindical oficial y su corporativismo tuvieran continuidad, garantizando que la contratación colectiva siguiera el mismo curso que tuvo durante los últimos 50 años del sindicalismo priista.

Una justicia laboral que hace agua

La justicia laboral también se está hundiendo. El diario Milenio reportó que los tribunales laborales se encuentran totalmente rebasados por los asuntos que reciben y los que resuelven cada año; es un fracaso total.

  • El promedio para radicar una demanda y lograr notificar a un patrón es de un año.
  • Esto ocurre cuando el juicio, en su totalidad, debería durar únicamente tres meses desde el inicio hasta la sentencia final.

Hicieron la reforma con puras buenas intenciones, no trabajaron para su operación y los gobiernos locales maquillaron el proceso. Al final, tanto patrones como trabajadores sufren la misma decadencia en materia de justicia que prevaleció por décadas con las Juntas de Conciliación y Arbitraje. Se trata de otro fiasco para el T-MEC.

La crisis del empleo y la precariedad

El empleo se está desmoronando y la manufactura no levanta cabeza. Por su parte, Irasema Andrés elabora una radiografía perfecta de la situación actual en su artículo para El Economista, “El empleo formal como política social urgente”.

Los datos son durísimos:

  • 46 millones de personas siguen viviendo entre la pobreza y la pobreza extrema, marginadas en el trabajo de la informalidad y la precariedad laboral.
  • El país necesita generar 1.1 millones de trabajos al año para absorber el crecimiento de la Población Económicamente Activa.
  • Pero en 2026 apenas se crearon 201,000 empleos, de los cuales 30,000 se perdieron tan solo en el mes de mayo.
  • El estimado del Banco de México (Banxico) es que cerraremos el año con solo 305,000 nuevos empleos, muy por debajo de las necesidades del país.
  • Hoy en día, más del 50% de los empleos formales gana únicamente el salario mínimo.

Bajo estas condiciones, cada vez los jóvenes tendrán menos oportunidades de empleo.

Resulta frustrante ver que nuestras autoridades laborales se comportan como los dinosaurios de siempre. Tal parece que aquí no aplica la máxima de Charly García; pues en México, los dinosaurios no van a desaparecer.

Nota: ante la pifia de su argumento sobre la “primavera laboral” y la rechifla que se llevó en la UNAM, el secretario del Trabajo decidió esta semana abandonar esa hipótesis. En su lugar, optó por escribir en El Universal una columna para pavonearse de las disposiciones aprobadas en la OIT sobre los trabajadores en plataformas. Esto ocurre justo en el momento en que, en México, la empresa Uber tiene un conflicto con sus repartidores tras realizar maniobras empresariales para evadir el pago de utilidades de 2025.

X: @riclandero | Vladimir Ricardo Landero Aramburu. Maestro en derecho por la UNAM