Como en la famosa fábula de Hans Christian Andersen, “El traje nuevo del emperador”, las autoridades laborales de México se pasean presumiendo una indumentaria inexistente. Tras las críticas a la reforma de las 40 horas, los funcionarios de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) inventaron y proclamaron a los cuatro vientos que el país vivía una “primavera laboral”. Sin embargo, la realidad destrozó esta armadura conceptual, recientemente en la UNAM, el secretario del trabajo tuvo que salir corriendo de un evento citado para el lucimiento personal, tras enfrentarse a los reclamos a gritos sobre la verdadera crisis que enfrentan los trabajadores mexicanos.

La molestia no es gratuita. Los reclamos hacia el secretario se centraron en la reforma de las 40 horas, específicamente por el aumento de las horas extras, su temporalidad y diversos cambios conceptuales que provocaron el rechazo público de los sindicatos. Lejos de ser una victoria histórica de la lucha obrera, esta legislación tiene un claro trasfondo internacional: simplemente se buscó emparejar la jornada laboral con la de Estados Unidos para evitar que México siga compitiendo deslealmente como un “país maquila”, lo cual contravenía la política Make America Great Again (MAGA) de Donald Trump. El resultado final fue una reforma de carácter totalmente patronal.

A este panorama de simulación se suman las grandes promesas incumplidas. A pesar de los discursos oficiales, aún subsisten 5 millones de trabajadores bajo esquemas de subcontratación, demostrando que la supuesta eliminación de esta figura fue una mentira; hoy simplemente operan amparados en un registro de la propia STPS.

En el ámbito sindical, la cacareada democratización fracasó. El 95% de los contratos colectivos de trabajo siguen siendo “de protección” y continúan controlados por las cúpulas sindicales “charras”, lo que comprueba que el anexo 23-A del T-MEC no sirvió para nada. El movimiento obrero está tan cooptado y paralizado que las huelgas del año pasado se pueden contar con los dedos de las manos, evidenciando que las autoridades laborales, incluido el Centro Federal de Conciliación y Registro Sindical, se confabularon para que todo siguiera igual.

Por otro lado, los supuestos avances progresistas como la “Ley Silla”, la NOM 035 y los derechos de las trabajadoras del hogar son, en la práctica, letra muerta. Ante la absoluta falta de inspección laboral y vigilancia gubernamental, estas iniciativas nadie las cumple y solo han servido para la fotografía mediática del momento. Incluso el único avance tangible, que es el aumento al salario mínimo, está generando un efecto adverso de precarización generalizada: hoy el 60% de los trabajos formales ya pagan únicamente un salario mínimo, y esta tendencia sigue creciendo.

Las columnas más leídas de hoy

El secretario puede regresar a la comodidad de su oficina y refugiarse en los eventos empresariales donde todos le dirán que luce un hermoso traje primaveral. Pero debe saber que, en cuanto vuelva a pisar la calle, la clase trabajadora le seguirá gritando la cruda realidad: el emperador, en materia laboral, está completamente desnudo.

X: @riclandero | Vladimir Ricardo Landero Aramburu. Maestro en derecho por la UNAM