Las grandes transformaciones históricas suelen comenzar en el terreno de las ideas. Hoy, Occidente enfrenta una disputa entre dos visiones de sociedad: una que privilegia la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada, la soberanía nacional y la democracia constitucional; otra que favorece un Estado cada vez más intervencionista y una mayor concentración del poder político.
En ese contexto, la Conservative Political Action Conference (CPAC), se ha consolidado como el principal espacio internacional del conservadurismo democrático. Nacida en el seno de la American Conservative Union (ACU), hoy reúne a líderes políticos, empresarios, legisladores, académicos y organizaciones civiles de distintos continentes comprometidos con la defensa del libre mercado, los pesos y contrapesos constitucionales, la libertad religiosa, la seguridad y la identidad cultural de las naciones occidentales.
Esta evolución tiene como principales impulsores a Matt Schlapp y su esposa, Mercy Schlapp. Bajo su liderazgo, CPAC dejó de ser una conferencia estadounidense para convertirse en un movimiento internacional. Su visión parte de una premisa sencilla: las amenazas a la libertad (el crimen organizado transnacional, el debilitamiento institucional, el autoritarismo y el exceso de intervención estatal) trascienden las fronteras y requieren una respuesta coordinada entre quienes comparten los valores de la democracia liberal y la libre empresa.
Durante buena parte del siglo XXI, América Latina estuvo dominada por gobiernos de izquierda y por distintas expresiones del llamado Socialismo del Siglo XXI. Sin embargo, el panorama continental ha comenzado a modificarse de manera acelerada.
La llegada de Javier Milei a la Presidencia de Argentina representó una reivindicación abierta del capitalismo, la disciplina fiscal y la reducción del Estado. En Brasil, el movimiento encabezado por Jair Bolsonaro continúa siendo una de las mayores fuerzas políticas del país y un referente del conservadurismo regional. En Chile, José Antonio Kast consolidó al Partido Republicano como la principal referencia de la derecha, mientras que en Colombia Abelardo de la Espriella se ha convertido en una de las voces más firmes frente al proyecto político de Gustavo Petro.
A ello se suman gobiernos y liderazgos de orientación conservadora o de centroderecha en países como Paraguay, Ecuador, El Salvador, República Dominicana y Uruguay, configurando un bloque político que privilegia la seguridad, la libertad económica, la inversión privada y el fortalecimiento institucional.
Este avance ha significado un repliegue político para una izquierda continental que mantiene presencia en gobiernos como los de Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Miguel Díaz-Canel y Gustavo Petro, cuyos modelos son frecuentemente cuestionados por los sectores conservadores debido al fortalecimiento del aparato estatal, el deterioro institucional o las controversias en materia de seguridad y libertades públicas. Para el movimiento conservador hemisférico, el principal desafío estratégico proviene del avance del crimen organizado transnacional, el narcotráfico y las organizaciones terroristas, cuya expansión debilita la democracia y amenaza la estabilidad regional.
Buena parte de estos liderazgos encuentran afinidad con la agenda impulsada por el presidente Donald Trump: fortalecimiento de las fronteras, combate al narcotráfico, recuperación industrial, defensa de la soberanía nacional y promoción de la libre empresa. Más que una subordinación política, existe una coincidencia de principios, y CPAC se ha convertido en el principal foro para articular esa visión compartida.
El Foro CPAC–México Republicano, celebrado en Washington D.C. en febrero de este año, simbolizó esa convergencia. Legisladores, empresarios, analistas y aliados de la administración Trump participaron en un diálogo orientado a fortalecer la cooperación entre los movimientos conservadores del continente.
Destacó la participación de Sara Carter, periodista de investigación y posteriormente designada directora de la Oficina Nacional de Política para el Control de Drogas de la administración Trump, quien realizó una de sus primeras apariciones públicas en ese foro, subrayando la importancia que el combate al narcotráfico tiene dentro de la agenda conservadora.
En México, la organización denominada México Republicano se ha consolidado como el aliado natural de esta corriente hemisférica, promoviendo una agenda basada en el libre mercado, el Estado de derecho, la seguridad, la cooperación estratégica con Estados Unidos y la defensa de las libertades individuales.
Su presencia en CPAC refleja la incorporación de México a un movimiento internacional que busca fortalecer una alianza democrática frente a los desafíos políticos, económicos y de seguridad que enfrenta Occidente.
CPAC ha dejado de ser un simple congreso político para convertirse en el principal punto de encuentro del conservadurismo democrático internacional. Bajo el liderazgo de Matt y Mercy Schlapp, ha construido una red que une a gobiernos, organizaciones civiles y líderes comprometidos con la defensa de la libertad económica, la democracia constitucional, la soberanía nacional y la seguridad hemisférica.
En esa construcción, México Republicano representa hoy la expresión mexicana de una corriente política continental que busca fortalecer la cooperación entre las democracias, defender la libre empresa y enfrentar, desde una visión común, los desafíos que amenazan a Occidente.





