Les platico lo que está sucediendo con la revisión contractual de los sobrecargos de Aeroméxico agremiados a la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA).

La Reforma Laboral del 2019, cambió radicalmente la forma de llevar a cabo un proceso de huelga, desde el emplazamiento, las reuniones conciliatorias y de negociación, y por supuesto la forma de estallarla, hoy son muy diferentes a lo que solían ser.

Y es que en aras de hacer más “transparente y democrática” la decisión de los trabajadores de estallar una huelga, se crearon mecanismos que, en los hechos, resultaron ser “la mar” de burocráticos.

Para dar contexto a mis lectores, mencionaré cuáles son las diferencias más grandes en este procedimiento.

Antes de la reforma a la Ley Federal de Trabajo, los trabajadores agremiados a ASSA celebraban una asamblea donde se redactaba un pliego petitorio, y se autorizaba llevar a cabo “Juntas Particulares”, un proceso interno establecido por el estatuto en vigor, en el que se les pregunta a los sobrecargos si están a favor o en contra de dicho pliego.

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Ese documento se elabora con las peticiones de los sobrecargos, y se redacta colocando de menos a más aquellas que hayan tenido más menciones. En la asamblea se discute si alguna de las peticiones que integra el pliego “se queda o se va”, y una vez que los asistentes a la asamblea están de acuerdo con el texto, se sale a Juntas Particulares.

Como comenté, es la parte del proceso en la que los sobrecargos votan a favor o en contra; si gana “a favor”, se someten los acuerdos emanados de las Juntas Particulares a votación en una asamblea convocada para tal efecto y con ello se procede a meter el emplazamiento a huelga ante las autoridades laborales correspondientes; en caso de una revisión contractual debe hacerse con dos meses de anticipación a la fecha del estallamiento a huelga, y en caso de ser una revisión salarial, basta con que se haga un mes de anticipación.

En ese lapso (de uno o dos meses dependiendo el tipo de revisión), las autoridades laborales se “sientan” a negociar y conciliar al sindicato y a la empresa; cada resultado de la negociación es informado por la representación sindical en una asamblea con los sobrecargos, quienes aprueban o rechazan los avances logrados.

Así se hace hasta que se llega ante un panorama con dos opciones: se acepta la propuesta trabajada en dichas negociaciones, o si los trabajadores no están de acuerdo, se estalla la huelga. Antes, esa decisión se tomaba con los sobrecargos presentes en la asamblea, pero la naturaleza del trabajo de los tripulantes de cabina impide que toda la planta esté presente para tomar tal decisión, pues muchos estaban “de vuelo”, trabajando en cualquier parte del mundo.

En ese sentido, históricamente se aceptaba que los sobrecargos que ese día acudían a la asamblea, ya sea porque descansaban, o porque venían llegando de un vuelo, o les daba tiempo estar en la asamblea antes de irse a trabajar, eran los que tomasen la decisión, por toda la planta de trabajadores.

Esto justamente fue lo que cambió la reforma. En aras de la transparencia y de mayor participación de los trabajadores, actualmente el estallamiento “se prorroga” y se sale a una “consulta” de 10 días, en la cual se le pregunta a la mayoría de la planta si están a favor o en contra del proyecto de negociación, y esta votación solo es válida si participa más del 50% de los sobrecargos.

Podemos debatir largamente sobre esta medida. En el papel, y atendiendo solo a la aritmética, parece razonable. Pero desde mi particular punto de vista, como trabajadora y sindicalista, con esto terminan “edulcorando” el estallamiento, pues no se puede llevar a cabo en caliente, esto es, la reforma le quita al trabajador un arma efectiva (tal vez la única) que tenía para defenderse del empleador, pues la huelga se convierte en un trámite administrativo, que no se puede estallar si no se cumple con el requisito previo de salir a “consulta”, y esto es justamente lo que ha pasado con los sobrecargos de ASSA.

La mayoría votó en esta consulta en contra del “Proyecto de Revisión Contractual 2026-2028”; no lo puedo asegurar, pero la lógica indica que fue porque la consideraron “insuficiente”. Ahora tendrán que retomar la logística para el estallamiento a huelga, mientras la representación buscará sentarse a negociar nuevamente con la empresa, o sea con Aeroméxico, para tratar una revisión contractual diferente.

Por eso hoy se llevará a cabo una asamblea en el sindicato de sobrecargos para ver lo referente a la revisión contractual. Ahora, si yo no conociera al gremio, de verdad creería que sí van a estallar la huelga. Pero es conveniente que revisemos qué fue lo que rechazaron.

El proyecto de revisión contractual contemplaba un aumento salarial del 4.16% para los contratos A y B, más un ajuste del 4% en los viáticos; además se creaba una nueva tabulación a los cinco años dentro del Contrato Colectivo de Trabajo B, llamado de forma eufemística “Anexo”. Sepan ustedes que actualmente los sobrecargos que trabajan bajo este contrato cambian de salario cada 10 años.

Lo que logró esta representación sindical fue que cada 5 años los sobrecargos cambien de salario, con lo que se benefician en todas y cada una de sus prestaciones, pues un aumento al salario se refleja en horas de vuelo, de servicio, y en tiempos extra de servicio y de vuelo, así como en el aguinaldo, fondo de ahorro e incluso en el Infonavit.

La mayoría rechazó ese proyecto. No los juzgo, y reconozco que así funciona la democracia, pero no puedo dejar de preguntarme: si la propuesta era tan espantosa ¿por qué los sobrecargos no la rechazaron en la asamblea, y encaminaron sus pasos hacia el estallamiento de la huelga? Los asambleístas la aceptaron y votaron por salir a la consulta, porque sí estaban de acuerdo con lo logrado con la representación sindical.

Si de verdad era una oferta inaceptable, desde ese momento pudieron rechazarla. La gran diferencia es que antes de la reforma de 2019, esa asamblea podía decidir “¡nos vamos a huelga!”. Con la ley actual no funciona así, y el caso de ASSA es el mejor ejemplo: la asamblea aceptó el proyecto, pero en lugar de que las negociaciones llegaran a plasmarse, fue necesario salir a consulta.

Y voy a decirlo fuerte y claro, este nuevo proceso de consulta sirvió para que fuerzas políticas opositoras a la actual representación sindical, encabezadas por nostálgicos del ex secretario general Ricardo Del Valle, reventasen la votación, llevando a los sobrecargos a votar en contra, bajo el argumento de que “merecen más”.

Ese es su discurso: que lo logrado por la actual representación no subsana los años que estuvieron trabajando bajo un convenio de ahorro por la pandemia de COVID-19, y que es hora de que Aeroméxico tome chocolate y “les pague todo lo que les debe”. Se escucha divino, pero estos personajes no toman en cuenta -y menos los sobrecargos que los siguen-, que la geopolítica actual influye gravemente.

Los azuzadores no le dicen a la planta que es un verdadero problema el tema del combustible, con un precio de barril más inestable que nunca. Omiten precisar que mientras siga vigente la guerra en Medio Oriente, todo pende de un hilo.

Y no debería sorprender a nadie, menos a los sobrecargos; ellos saben perfectamente que si hay un gasto que realmente le preocupa, no solo a Aeroméxico sino a todas las líneas aéreas, es el costo de la turbosina. Y no es casualidad, pues representa aproximadamente el 40% del costo total de la operación.

Hablemos de “hechos” contundentes, que no son susceptibles de valoración. Los sobrecargos han despreciado un verdadero logro como lo es la retabulación salarial del Contrato B, que pasaba de 10 años a solamente 5. Otro hecho contundente es que la empresa tiene todo el derecho de “sacar” este punto del pliego petitorio, argumentando “ahorros” ante la incertidumbre energética, que no solo afecta el suministro de combustible, sino también la cadena de producción de las aeronaves y refacciones, y eleva el costo del mantenimiento de la flota actual.

Quiero pensar que los sobrecargos de Aeroméxico son capaces de entender en qué mundo viven. Concido en que, al igual que toda la clase obrera del país, “merecemos más”, pero basta una simple revisión de la historia de ASSA para darse cuenta que los logros se consiguen poco a poco, y que ninguna conquista sindical se dio “de trancazo”. ¿De verdad despreciaron la retabulación?

Dejo atrás los hechos y paso a las especulaciones, opiniones y buenos deseos. Le sirvieron a Aeroméxico las cosas en bandeja de plata; ahora la aerolínea puede decir con una mano en la cintura: “los dejo sin revisión, y nos vamos en ceros”. ¿Y saben por qué lo digo?

Porque desafortunadamente sus sobrecargos no son capaces de sostener un estallamiento a huelga. No digo que no tengan los arrestos suficientes, me refiero a un factor psicológico que nadie ha puesto sobre la mesa: gran parte de la planta de Aeroméxico son ex mexicanas, que ya pasaron por este tipo de escenarios, y conocen muy bien al fantasma llamado “desempleo”.

Además, entre los sobrecargos de Aerovías de Mexico, S.A. de C.V. todavía quedan sobrecargos de la antigua Aeronaves de México; a ellos también les tocó vivir una quiebra. Sí, yo sé que ahora tienen también nuevas generaciones, pero eso juega en contra, porque no tienen el más mínimo conocimiento sindical, porque salvo honrosas excepciones, la mayoría se entretiene más alimentando sus perfiles de Instagram y subiendo videos a TikTok.

Lo sostengo, si no conociera a mi gremio me daría “miedo” un probable estallamiento a huelga, pero los conozco como la palma de mi mano, y sé de sobra que no lo van a hacer, porque las nuevas generaciones no tienen ni idea de qué es estallar una huelga, y las antiguas están traumadas por sus quiebras así, que no van a arriesgar su fuente de empleo.

Estimados lectores, en ningún otro lugar van a encontrar este tipo de análisis sobre el conflicto que hoy sigue vigente entre ASSA y Aeroméxico. Y en este caso, espero que los sobrecargos que se dejaron manipular por los opositores a la actual representación sindical se hagan responsables de sus acciones y no quieran salir a culpar a todo mundo.

Porque no van a reconocer que perdieron “lo más por lo menos”, y que una oportunidad como esta, después de 12 años con el Contrato B, no se va a volver a presentar. Aeroméxico puede dejar sin cambios el tabulador en el contrato anexo, y que cambien de salario cada 10 años.