“Cuando yo uso una palabra, significa exactamente lo que decido que signifique: ni más ni menos”.

Lewis Carroll, A través del espejo

Claudia Sheinbaum caminó un kilómetro para llegar al Paso de Cortés y, agotada quizá por tanta realidad, decidió cambiarle el nombre... No el camino ni las condiciones de quienes viven alrededor. El nombre.

Hay gobiernos que construyen puentes; la 4T los rebautiza.

La presidenta descubrió que el problema era Cortés. No la falta de escuelas, clínicas, agua potable y oportunidades. Claro, la pobreza puede esperar; el conquistador lleva cinco siglos saliéndose con la suya y semejante impunidad nominal no podía continuar...

No, no defiendo el nombre. Cortés no necesita que nadie defienda su paso. ¡Son los pueblos indígenas los que necesitan que alguien revise las cuentas del gobierno federal!

Para 2026, la administración presume 234 mil 782 millones de pesos destinados a pueblos indígenas y afromexicanos. Eso suena a reparación histórica hasta que uno abre la caja… Allí metieron pensiones, becas, fertilizantes, servicios de salud y otros programas que no fueron creados específicamente para ellos y ¡que no se destinaron solo a ellos! Morena encontró cómo multiplicar el apoyo sin poner más dinero: cambiarle el nombre. También a las partidas.

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La misma operación aplicada al Paso de Cortés se utiliza en el presupuesto: se toma algo que ya existía, se le pone “pueblos indígenas” y se presenta como conquista de la transformación. Rebautizan lugares, rebautizan gasto y esperan que el nuevo letrero modifique el contenido.

¿No me creen? En 2024, el Programa para el Bienestar Integral de los Pueblos Indígenas, específicamente encargado de sus derechos, economía, territorio, cultura e infraestructura, recibió apenas mil 105 millones de pesos: menos de uno de cada cien de la enorme bolsa que el gobierno anunciaba como “indígena”.

Y, encima, ni siquiera pudieron demostrar cuánto bienestar —medible, real, cuantificable— produjo. Y es que la Auditoría Superior de la Federación encontró que el Instituto Nacional para los Pueblos Indígenas CARECÍA de información para evaluar la contribución que hacía el programa a su objetivo general. El instituto cuenta beneficiarios, proyectos y ceremonias; lo que no logra contar es cuántas brechas cerró. La transformación sabe nombrar. Medir ya sería colonialismo…

Hay más. Los 234 mil 782 millones aprobados en el Anexo 10 del Presupuesto de Egresos de la Federación para este año se habían convertido, a junio, en 231 mil 900 millones: 2 mil 882 millones menos en la bolsa que el propio gobierno presenta como indígena. Hacienda podrá llamarlo adecuación presupuestaria; en las comunidades suelen llamarlo seguir esperando. En compensación, habrá un letrero nuevo…

Seis de cada diez indígenas permanecen en la pobreza. Entre quienes hablan alguna lengua indígena son dos de cada tres. Pero ya tendrán un paso entre el Popo y el Iztla que lleve su nombre…

No es atole con el dedo ni tapar el sol con uno. Estamos frente a su variante decolonial y autóctona: tapar siglos de despojo y siete años de simulación con un ajolote.

La 4T ha encontrado, además, un periodo histórico en el que siempre gana. Es más fácil gobernar 1521 que 2026: Hernán Cortés no protesta, Pedro de Alvarado no tramita derecho de réplica y los españoles responsables llevan siglos muertos. Ninguno marcha, solicita medicamentos ni vota. La transformación ya convirtió una Noche Triste en Victoriosa, expulsó a Cortés del mar y ahora lo persigue por los volcanes. En cualquier momento recuperará Constantinopla.

Guillermo Bonfil Batalla explicó la paradoja de un México que convierte lo indígena en raíz gloriosa de la nación mientras margina a los indígenas vivos. La 4T perfeccionó el método: cada vez que necesita legitimidad aparecen un pueblo originario, copal, bastones de mando y una presidenta vestida para la ocasión. Termina la ceremonia, se apagan las cámaras y los homenajeados regresan a una vivienda sin agua, una clínica sin médico o una escuela sin internet. En Palacio son pueblos originarios; en Hacienda, porcentajes; en campaña, votos; cuando se oponen a un megaproyecto, obstáculos.

Sería falso afirmar que nada se ha hecho. El salario mínimo y las transferencias contribuyeron a reducir la pobreza; algunos planes de justicia llevaron tierra, agua e infraestructura y, desde 2025, una parte del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social llega directamente a las comunidades. Precisamente por ello resulta más indecente convertir cada avance parcial en epopeya y cada deuda pendiente en ceremonia. Si existen acciones defendibles, ¿para qué presentar programas universales como 234 mil millones destinados a los indígenas? Quizá los resultados reales no alcanzan para sostener la narrativa...

Una pensión recibida por una mujer indígena continúa siendo una pensión universal, no una política de específica y focalizada al desarrollo indígena. Una transferencia permite llegar a fin de mes; el agua, la escuela, la salud, la seguridad y la propiedad de la tierra permitirían llegar a otro futuro. La reparación simbólica no sustituye a la material. El gobierno devuelve nombres mientras retiene lo que vale: oportunidades.

Por cierto, el paraje tenía ya un nombre antes de Cortés: Cuauhíchcac, “el tajón del águila”, según el cronista nahua Chimalpahin. Lo menciono por algo que me parece fundamental: nadie ha explicado si Sheinbaum consultó a las comunidades de la zona antes de asignarles colectivamente otro. Sería la exquisitez definitiva de la 4T: borrar el auténtico nombre indígena, imponer “Paso de los Pueblos Indígenas” y hacerlo en homenaje a la libre determinación de los pueblos indígenas... ¡Bravo!

La presidenta no llevó desarrollo al Paso de Cortés; llevó corrector líquido. No habrá médico, pero el domicilio dejará de ser colonialista. El agua seguirá sin llegar aunque la llamen atl y una clínica sin médicos continuará vacía aunque la inauguren con copal.

No es malo cambiar un nombre. Lo obsceno es presentarlo como reparación mientras se maquilla el presupuesto y la pobreza conserva el suyo. Cortés podrá perder el paso. Los pueblos indígenas todavía no encuentran la salida.

Giro de la Perinola

Todos ponen. Los pueblos originarios ponen el territorio, los bosques, las lenguas, la pobreza y cinco siglos de paciencia. Sheinbaum pone el nombre. Hacienda, para no desentonar, pone un recorte presupuestal.