Quien quiera gobernar México tiene que elegir a México. Así de simple.
Y frente a quienes pretenden convertir esta discusión en una supuesta persecución contra los mexicanos con doble nacionalidad, vale la pena decirlo de frente: no se está atacando a nadie. Se está defendiendo a México.
Por eso respaldo plenamente a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Su iniciativa para establecer una nacionalidad única para quienes aspiren a la Presidencia de la República, a una gubernatura o a la Jefatura de Gobierno parte de una definición que debería ser elemental: quien representa al Estado mexicano debe tener una sola nacionalidad.
Tener doble nacionalidad no es un delito. No hace a nadie menos mexicano. Millones de nuestros paisanos viven fuera del país, tienen vínculos con otras naciones y, cuando la ley lo permite, conservan más de una nacionalidad.
Ese no es el problema.
El problema aparece cuando alguien quiere ejercer el poder en nombre de México mientras conserva jurídicamente otra nacionalidad, con los derechos y obligaciones que de ella se desprenden.
Porque gobernar México no es un asunto familiar, cultural o sentimental. Es un asunto de soberanía.
La pregunta es sencilla: si algún día los intereses de dos Estados chocan, ¿a quién responde quien gobierna México?
La presidenta lo dijo con una claridad que comparto plenamente: “No puedes jurar a dos banderas”.
Y tiene razón.
Quien ocupa la Presidencia no representa dos pueblos. No defiende dos soberanías. No gobierna con una lealtad para cada circunstancia.
Representa a México.
Por eso esta reforma no debe juzgarse desde el miedo ni desde la manipulación.
Debe entenderse desde la responsabilidad de Estado.
Las instituciones no pueden depender de las promesas de quien gobierna ni de que confiemos en sus buenas intenciones.
Las instituciones necesitan reglas.
Y esta propuesta establece una muy clara: si quieres gobernar México, tienes que asumir que México es tu única representación estatal.
Puedes tener otra nacionalidad. Puedes vivir en otro país. Puedes tener familia en otro país. Puedes amar otra cultura.
Pero si quieres gobernar México, tienes que elegir a México.
Eso no es cerrar las puertas al mundo.
Es dejar claro que México puede relacionarse con todas las naciones sin subordinarse a ninguna.
Y ahí está, precisamente, la dimensión política de la propuesta de Claudia Sheinbaum: poner a México primero.
Por eso la respaldo.
Porque una presidenta que defiende la soberanía de México no tiene que pedir permiso para hacerlo.
Y porque las grandes decisiones de Estado no deben construirse pensando en quién puede beneficiarse de ellas mañana, sino en qué reglas queremos dejarle al país.
México merece gobernantes que sepan exactamente a quién representan. A México.
Dos pasaportes pueden servir para viajar.
Pero para gobernar una nación hace falta una sola bandera. La bandera de México.
María Teresa Ealy Díaz, Diputada Federal de la LXVI Legislatura
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