La campaña rumbo a 2027 todavía no comienza formalmente, pero la oposición ya arrancó.

Ya están los recorridos, las fotografías, los discursos, las alianzas, los anuncios y los mismos personajes que, durante meses, parecían haberse olvidado de que el territorio existe.

Y frente a todo ese movimiento hay una pregunta que deberían responder desde ahora: ¿Para qué quieren ganar?

Porque una cosa es querer derrotar a Morena y otra, completamente distinta, convencer a la ciudadanía de que ustedes representan una opción mejor.

Y hasta ahora, el gran problema de la oposición es precisamente ese: hablan muchísimo de Morena, pero muy poco de lo que harían si llegaran a gobernar.

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Dicen que hay que detener a la Cuarta Transformación. Que México está en riesgo. Que viene una elección de Estado. Que hay que recuperar las instituciones. Que todo está mal.

Bien. ¿Y después qué?

¿Qué van a hacer con la seguridad? ¿Qué van a hacer con el empleo? ¿Qué van a hacer con la vivienda? ¿Qué van a hacer con los jóvenes? ¿Qué van a hacer con la salud, la educación, el transporte, las ciudades y las familias que todos los días enfrentan problemas concretos?

Porque decir “que se vaya Morena” no es un proyecto de país. Descalificar tampoco. Tener nostalgia por el pasado, menos.

Y convertir cada elección en una campaña de miedo no sustituye una propuesta.

La ciudadanía no está obligada a votar por alguien solamente porque odia a su adversario.

La gente vota por una opción. Por una esperanza. Por un rumbo.

Una democracia necesita oposición, por supuesto. Pero necesita una oposición que quiera convencer, no solamente desacreditar; que compita por lo que puede construir y no únicamente por lo que promete destruir.

Y eso se vuelve todavía más evidente cuando se pisa el territorio.

En Miguel Hidalgo, por ejemplo, la gente sabe perfectamente quién aparece cuando se acercan las elecciones y quién ha estado ahí cuando todavía no había cámaras, campañas ni urnas de por medio.

Porque una colonia no se conoce desde una fotografía. Se conoce caminándola. Se conoce tocando puertas. Escuchando problemas. Regresando. Gestionando. Cumpliendo.

La política territorial no se construye con una agenda de campaña. Se construye mucho antes.

La ciudadanía sabe quién estuvo cuando una familia necesitaba una solución. Quién escuchó a una persona adulta mayor. Quién acompañó una gestión. Quién regresó después de prometer. Y también sabe perfectamente quién llegó apenas cuando comenzó a necesitar votos.

El territorio tiene memoria.

Por eso hay una diferencia enorme entre hacer campaña y hacer política.

La campaña pide el voto. El servicio público exige resultados.

La campaña promete. La responsabilidad pública obliga a responder.

Así que a quienes hoy ya están pensando en 2027 habría que hacerles una pregunta muy sencilla, pero bastante incómoda: ¿Qué hicieron cuando no estaban pidiendo el voto?

Porque unas semanas de recorridos no borran años de ausencia. Una fotografía no sustituye el trabajo. Y una campaña no puede fabricar de la noche a la mañana una cercanía que nunca existió.

Esto también implica una responsabilidad para quienes formamos parte de la Cuarta Transformación.

Nadie debe asumir que una elección está ganada antes de que la ciudadanía vote.

La confianza no es un cheque en blanco. Se sostiene con resultados, cercanía, trabajo permanente y capacidad para escuchar y corregir.

Pero la oposición enfrenta una pregunta todavía más básica: Si quieren gobernar, tienen que explicar para qué.

No basta con decir que Morena es el problema. No basta con recuperar a los mismos personajes. No basta con anunciar una tragedia cada vez que se acerca una elección. No basta con descalificar al adversario y después explicar una derrota antes de que ocurra.

Eso no es alternativa. Es estrategia de supervivencia.

México merece más. Merece una oposición que tenga ideas, propuestas y una visión de futuro. Una oposición capaz de decir qué quiere construir, cómo piensa hacerlo y con qué resultados pretende convencer.

Especialmente los jóvenes merecen algo distinto.

No necesitan políticos atrapados en las disputas del pasado. Necesitan respuestas para el futuro.

Quieren saber cómo van a conseguir vivienda. Cómo van a encontrar empleos dignos. Cómo van a vivir en ciudades más seguras. Cómo tendrán acceso a salud, educación y oportunidades.

No necesitan que les digan todos los días quién es el enemigo. Necesitan saber quién tiene una solución.

Ese debería ser el verdadero debate de 2027.

No quién grita más. No quién publica más. No quién genera más escándalo.

Quién tiene proyecto.

Quién tiene resultados.

Quién tiene capacidad.

Quién sabe gobernar.

Porque una elección no se gana únicamente señalando al adversario.

Se gana cuando la ciudadanía encuentra en ti una razón para confiar.

Por eso, a quienes ya están en campaña les diría algo muy sencillo: Dejen de decirnos contra quién están.

Dígannos qué quieren hacer con México. Dígannos qué van a cambiar. Dígannos cómo lo van a hacer. Dígannos por qué deberían confiar en ustedes.

Porque el voto se pide durante una campaña. Pero la confianza no se improvisa cuando llegan las urnas.

Y quizá ahí esté el verdadero problema de la oposición: No que Morena tenga demasiados votos. Sino que ustedes todavía tienen demasiado poco que ofrecer.

María Teresa Ealy Díaz. Diputada Federal. LXVI Legislatura

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