“Qué ganas de no verte nunca más

Qué ganas de no verte nunca más

Qué ganas de cerrar este capítulo en mi vida

Donde fuiste una mentira y nada más.”

LUPITA D’ALESSIO

“Una obra de teatro se hace detectando cómo las fuerzas de la vida simulan la ignorancia.”

ARTHUR MILLER

Durante tres años, ocho meses, varios días y contando, las mañaneras han sido la escenografía principal de las comunicaciones en México al menos cinco días a la semana. López Obrador, el protagonista estelar, acompañado por algunos miembros de su gabinete, representando su equivocada visión de México y en ocasiones del mundo.

Con el tiempo, y en virtud de las exigencias resultado de lo poco convincente de la trama, el mandatario fue incluyendo actores y demás variedad que sirven de pausa y intermedios a los largos monólogos del tabasqueño.

Así, los lunes ya sabemos que se escuchará al director de Profeco, a veces cantando el precio de la gasolina y otras desbarrancando de forma más bien improvisada con cosas que no son de su competencia y que francamente nada aportan ni a la salud institucional ni democrática del país.

Los miércoles entra en acción la licenciada Vilchis, desempeñando su papel de fiel escudera e inocente servidora. Su participación desagradable incluso para convencidos morenistas presentes. Un entreacto donde se tergiversa lo que se lee y se lee lo que de antemano se ha querido tergiversar. Un espacio especial para la sátira de la mentira sobre la mentira. ¿Alguna dedicatoria? Prensa y periodistas a quienes esta servidora pública calumnia y denuesta con absoluto desparpajo.

Pero en ese entretenimiento, copia mala y lastimosa de espectáculos antes vistos cortesía de dictadores del continente, hasta ahora se entendía que el actor principal era López Obrador. A “los periodistas” ahí presentes (la mayoría youtuberos, blogueros y burla de reporteros) se les tenía como público; aplaudidores obsequiosos con el presidente.

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Eso terminó. Así se entiende que una youtubera afín a la 4T reconociera en su canal que hay propuestas de dinero para preguntarle a modo al presidente. Mensajeros por consigna es lo que son. De coreografía para el jefe del Ejecutivo cuando hace falta; en otros casos, actores en forma para impulsar ciertos temas.

Periodistas no independientes; traficantes de su profesión. Apapachados y defendidos por López Obrador, quien les dijo que si les decían “paleros” no lo tomaran a mal. ¡Y cómo hacerlo si son preguntones a modo!

Ya cansa el retumbe de ecos y egos que tiene como telón de fondo el Salón Tesorería de Palacio Nacional. No se escuchan verdades; tampoco soluciones a las necesidades apremiantes y urgentes para el país. Tan solo el monocorde discurso que culpa al pasado de todo lo que sucede hoy.

Uno que, a medida se hace cada vez más insustancial, se alarga en compensación intentando romper el récord de mayor duración.

Diciendo que nada hace por acallarla, AMLO entra a cuadro pisoteando la libertad de expresión. ¿O no anunció dará a conocer una lista de quienes se oponen a su gobierno en redes?

Las mañaneras: monopolio de la palabra disfrazado de diálogo circular con el acompañamiento de individuos dispuestos a modo.

Ya se agotó el producto, esta obra llega a sus representaciones finales. ¿Pseudo periodistas, Presidencia, mandatario se habrán enterado?