Hoy quiero escribir sobre una palabra que no pertenece solamente a los libros de historia ni a los discursos oficiales: soberanía.

La soberanía nacional es, en pocas palabras, el derecho que tiene México a decidir por México. Es la capacidad de un pueblo para elegir su camino, cuidar sus recursos, proteger sus instituciones, defender su democracia y tomar sus propias decisiones sin presiones, sin imposiciones y sin intereses ajenos que pretendan marcarle el paso.

Defender la soberanía no es un acto de nostalgia ni una frase de ceremonia. Es una tarea viva, urgente y profundamente actual. Porque un país que no defiende su soberanía corre el riesgo de perder algo más grande que una discusión política: pierde la posibilidad de decidir su propio futuro.

La democracia no solamente se defiende en las urnas. También se defiende de intereses externos, de presiones ajenas y de cualquier intento que busque influir en la voluntad libre de las y los mexicanos. Se defiende cuando cuidamos que la decisión del pueblo sea auténtica, respetada y protegida frente a quienes quisieran intervenir desde fuera en el rumbo de nuestra nación.

En la Cámara de Diputados he defendido la soberanía nacional desde el trabajo legislativo, en los debates en comisiones, con la convicción de que este no es un tema abstracto ni lejano: es una causa que toca directamente la vida democrática del país. Porque cuando defendemos la soberanía, defendemos también la dignidad de nuestras instituciones, la libertad del voto y el derecho de México a caminar con voz propia ante el mundo.

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México ha construido su historia con esfuerzo, con lucha y con dignidad. Cada generación ha tenido que defender algo: la tierra, la libertad, la democracia, los derechos, la justicia social. Hoy nos toca defender la independencia de nuestras decisiones, la fortaleza de nuestras instituciones y la voz de un pueblo que merece ser escuchado sin interferencias.

Por eso respaldo con convicción el liderazgo de nuestra presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo. Porque su visión de país entiende que la soberanía no se negocia, no se administra con tibieza y no se entrega ante ninguna presión. Se defiende con firmeza, con responsabilidad y con amor profundo por México.

La soberanía también se defiende cuando se gobierna pensando primero en la gente. Cuando se protege el patrimonio nacional. Cuando se cuida el agua, la energía, el campo, el medio ambiente y la seguridad de las familias. Cuando se pone por delante el interés del pueblo y no los privilegios de unos cuantos.

Y desde Querétaro lo digo con toda claridad: seguiré defendiendo la soberanía nacional con la misma firmeza con la que se defiende la casa propia. Lo hago desde la Cámara de Diputados, pero también recorriendo cada rincón de Querétaro, informando en los 18 municipios, mediante asambleas, reuniones ciudadanas y encuentros con la gente, sobre la importancia de defender aquello que nos da identidad, libertad y futuro como nación.

Defender la soberanía desde Querétaro significa hablarle de frente a la gente. Significa escuchar a productores, jóvenes, mujeres, familias trabajadoras, empresarios, comerciantes y ciudadanos que quieren un México fuerte, pero también un Querétaro con rumbo, con identidad y con futuro.

Significa defender que las decisiones importantes del país no se tomen lejos del pueblo, sino con el pueblo. Significa cuidar que nuestra democracia sea auténtica, que nuestras instituciones sean respetadas y que ninguna presión externa esté por encima de la voluntad de las y los mexicanos.

Querétaro tiene mucho que aportar a esta defensa nacional. Desde su historia, desde su fuerza productiva, desde su vocación de trabajo y desde su profunda identidad mexicana. Aquí sabemos que el desarrollo no debe estar peleado con la dignidad; que crecer también implica cuidar lo nuestro; y que mirar hacia el futuro no significa olvidar quiénes somos.

Por eso seguiré trabajando con responsabilidad, con firmeza y con cercanía a la gente. Lo haré acompañando el proyecto de nación de la presidenta Claudia Sheinbaum, pero también llevando esa visión al territorio, a las colonias, a las comunidades y a cada espacio donde se construye la verdadera vida pública.

Porque la soberanía no se defiende solamente desde una tribuna. Se defiende escuchando al pueblo. Se defiende cuidando lo que nos pertenece. Se defiende con decisiones valientes. Se defiende cuando se tiene claro que México no está en venta, que México no se arrodilla y que México tiene derecho a caminar con dignidad ante el mundo.

Hoy más que nunca necesitamos unidad, carácter y convicción. Necesitamos recordar que la patria no es una palabra lejana: la patria está en cada familia que trabaja, en cada joven que sueña, en cada comunidad que resiste y en cada mexicano que quiere un país más justo, más fuerte y más libre.

La soberanía nacional se defiende todos los días. Y desde Querétaro, con orgullo y con absoluta convicción, estaré del lado de México, del lado de su pueblo y del lado de la historia.

Agradezco a Federico Arreola por abrirme nuevamente este espacio semanal, que permite hablar con seriedad, pero también con cercanía, de los temas que definen el rumbo de México.