Me han preguntado con insistencia por qué, si me cae tan mal Marcelo Ebrard, no aprovecho el sainete de la embajada de Londres para golpearlo.

No lo hago, en primer lugar, porque no soy golpeador. No es un oficio que se me dé. Alguna vez, de adolescente, quise boxear; no logré conectar ni un solo golpe a mi rival y, en cambio, él me pegó tan fuerte en la nariz que terminé en la Cruz Verde de Monterrey para que me contuvieran la hemorragia.

Hago una precisión: dije Cruz Verde y no por error. Era una institución regia que, me parece, dejó de existir por ahí de 2017, víctima de la falta de recursos. También existía en mi juventud, y sigue vigente, la Cruz Roja en Monterrey, pero cuando me rompieron la nariz me quedaba más cerca la Verde.

Hay otras razones por las que no considero que sea correcto cuestionar a Ebrard por el incidente de Londres. Las explico a continuación.

El equipo mexicano que negociará el acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá se integra, según se ha informado, de la siguiente manera:

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  1. Marcelo Ebrard: Jefe del grupo negociador. Como secretario de Economía, le corresponde encabezar y coordinar los trabajos. Tuvo ya la experiencia de participar en negociaciones comerciales con Donald Trump durante su primer periodo presidencial.
  2. Diana Alarcón: Representante de México ante el Banco Mundial; aporta su vasta experiencia en organismos internacionales de desarrollo.
  3. Roberto Lazzeri: Propuesto como embajador de México en EEUU y actual director de Nafin/Bancomext. Su papel es fundamental para la interlocución directa con Washington.
  4. Julio Berdegué: Secretario de Agricultura, encargado de los temas más sensibles, como el maíz transgénico.
  5. Altagracia Gómez: Coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico y enlace de la presidenta Claudia Sheinbaum con el empresariado mexicano.
  6. Roberto Velasco: Aunque no está en sus funciones la negociación comercial, el titular de la SRE tiene experiencia en el tema: trabajó el sexenio pasado con Ebrard, particularmente en los últimos detalles del convenio comercial que ahora se modificará, esperemos que para bien. Velasco garantiza la coordinación necesaria entre las dependencias que tienen contactos con el exterior.
  7. Asesoría externa: Se consultará a asociaciones empresariales y especialistas en comercio exterior de primer nivel.

El jefe del equipo, sin duda, es Ebrard. Razón suficiente para no darle lata en estos momentos.

Marcelo, durante todo el gobierno de Claudia Sheinbaum, se ha preparado para la negociación que ya arranca. Lograr el mejor acuerdo comercial posible ha sido prioridad absoluta de la presidenta. Dadas las características de Donald Trump, esto exige no solo rigor técnico, sino —sobre todo— una gran habilidad política, y Ebrard, a pesar de todos los pesares, la ha desarrollado en más de tres décadas de participar en distintos gobiernos.

No parece haber intención de la presidenta de pedirle a Ebrard su renuncia. De hecho, hoy Sheinbaum lo apoyó abiertamente en la mañanera. Ella conoce la sabiduría del refrán popularizado por Abraham Lincoln: “No hay que cambiar de caballo a mitad del río”. Es el equivalente a un proverbio español: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”.

No creo que Claudia Sheinbaum haya aceptado con gusto integrar a Ebrard a su equipo. Se vio obligada porque la política exige pactar con los rivales. En la búsqueda de la candidatura de Morena en 2024, ella solo tuvo un adversario importante: Marcelo. Marginarlo implicaba el riesgo de que el movimiento perdiera su principal fortaleza: la unidad.

El acuerdo original dictaba que el segundo lugar coordinaría el Senado. Era el compromiso con Ebrard, pero él pidió más: la secretaría, Economía, que podía ser, llegado el momento, la más importante del gobierno —inclusive más que Seguridad—.

Marcelo calculó que la negociación con Norteamérica sería complicadísima, y lo está siendo aún más debido a las políticas agresivas de Trump en materia de aranceles, condicionadas a la migración y el narcotráfico.

Como no podía negarle un cargo relevante a Marcelo, la presidenta lo puso a prueba. Claudia seguramente pensó en dos famosos adagios de Erasmo de Rotterdam: “Spartam nactus es, hanc exorna (Te ha tocado Esparta, adórnala)” y “Aequi bonique facio (Lo tomo a bien y por bueno)”.

Sheinbaum ha jugado la partida del sexenio, y lo ha hecho bien, con las cartas que ella seleccionó y con las que puso a su disposición la competencia política.

Claudia Sheinbaum se siente a gusto con las cartas que pudo elegir: el general Ricardo Trevilla en las fuerzas armadas; Omar García Harfuch en Seguridad; Jesús Esteva en Infraestructura; Luz Elena González en Energía; Diana Alarcón como economista de confianza; José Antonio Peña Merino en lo digital; Rosa Icela Rodríguez en la línea ideológica; Ernestina Godoy en los temas espinosos), pero…

La presidenta Sheinbaum ha sabido jugar también con las cartas que la política le impuso. La necesidad de conservar la unidad en Morena colocó a Ebrard en una posición de enorme relevancia para consolidar la 4T. Al margen de serias diferencias en el pasado, han hecho buen equipo, y qué bueno. Porque si fracasaran las negociaciones comerciales, el futuro del proyecto de izquierda en México sería, si no catastrófico, sí mucho muy complicado.

Entonces, no tiene sentido cambiar al caballo en lo más profundo del río. Sheinbaum deberá atravesar un cauce crecido, con corrientes peligrosas agitadas por Trump, y deberá hacerlo apoyada en Ebrard. Le tocó Esparta: solo le queda adornarla.

Claudia es hábil y tiene autoridad; saldrá adelante. Ya después llegarán las decisiones políticas de largo plazo y se verá qué pasa con Marcelo. Pero falta mucho.

Ahora voy al tema del hijo de Ebrard. Espero poder hacerlo sin violentar su derecho a la intimidad.

El tema de la residencia de un embajador o embajadora es una cuestión de definición: si se considera vivienda personal, el inquilino tiene el derecho de recibir como huésped a quien desee; si se trata estrictamente de un recinto oficial, la situación cambia. Mi lógica me dicta que esa residencia, en Londres, es privada, por lo que no veo problema en que la inquilina del pasado sexenio invitara a cualquier persona a pasar una temporada ahí, sobre todo si el espacio lo permitía. Al final del día, un invitado no altera el gasto de una casa.

Por lo demás, aun si hubiese una falta, me parecería antimexicano linchar al secretario de Economía por un tema menor en medio de una negociación vital para el país. Debilitarlo ahora no le conviene a México. Ojalá demos vuelta a esa página. Habrá tiempo para juzgar a Marcelo Ebrard en la política interior, y en ese momento sí, si se considera necesario, darle con todo. Pero ahora, de plano no.