El PRI no solo pierde militantes. Está perdiendo historia, estructura… y sentido de realidad. La salida de Miguel Ángel Yunes —una más en la larga lista— no es un hecho aislado: es un síntoma. Y como en toda enfermedad crónica, el problema no es el último que se va, sino por qué nadie quiere quedarse.
Hoy la pregunta ya no es quién abandona el PRI. La pregunta es: ¿quién va a cerrar la puerta?
Yunes, polémico, sí. Cuestionado, también. Pero con peso político real, con estructura y con capacidad de operación. Su salida vuelve a poner sobre la mesa lo que muchos dentro del tricolor dicen en corto, pero pocos se atreven a sostener en público: el liderazgo de Alejandro Moreno está agotado.
“Alito” se ha convertido en el común denominador de cada ruptura. Cada renuncia importante termina señalando el mismo punto: decisiones centralizadas, control férreo del partido y una narrativa que ya no conecta ni con su militancia ni con el electorado.
El PRI pasó de ser un partido de poder a un partido en resistencia… y de ahí, peligrosamente, a un partido en extinción en varias regiones del país. Gobernaba casi todo México; hoy pelea por sobrevivir.
Lo más grave no es la salida de cuadros. Es la falta de renovación. No hay nuevos liderazgos visibles, no hay proyecto claro y no hay autocrítica real. Mientras tanto, las decisiones siguen concentradas en una dirigencia que parece más preocupada por resistir que por reconstruir.
La narrativa de Yunes es conocida: acusa directamente a Alejandro Moreno de haber secuestrado al partido. Y aunque su voz no es neutral, tampoco es única. Se suma a una cadena de inconformidades que llevan años acumulándose.
El PRI enfrenta una disyuntiva brutal: reinventarse o desaparecer como fuerza relevante. Pero para reinventarse, primero tendría que aceptar que algo está profundamente mal. Y hasta ahora, no hay señales de que eso vaya a ocurrir.
Porque cuando un partido se queda sin cuadros, sin rumbo y sin credibilidad, lo que queda no es una crisis… es una despedida.
Y entonces sí, la pregunta final será inevitable:
¿Quién va a cerrar la puerta del PRI?



