“La corrupción no es una invención moderna: es el tributo que el orden paga a su propia hipocresía”.

Robert Musil, El hombre sin atributos

“Cuando el saqueo se convierte en forma de vida de un grupo de hombres en sociedad, con el tiempo se crean para sí mismos un sistema legal que lo autoriza y un código moral que lo glorifica”.

Frédéric Bastiat

Ya no alcanza con el álbum Panini. México decidió innovar. En pleno furor mundialista, mientras millones coleccionan delanteros, escudos nacionales y estadios futuristas, la 4T podría lanzar su propia edición de lujo: “Cracks del poder y otras estampillas del narcoestado tropical”. Pasta dura. Acabado mate. Edición coleccionista. Distribución internacional cortesía del Departamento de Estado y de las agencias estadounidenses que llevan años armando expedientes mientras aquí, en México, todavía tienen el descaro de fingir sorpresa.

Cada estampilla vendría con fotografía oficial, cargo público, grupo político, operador financiero favorito, constructor consentido, empresario cercano, carpeta extraviada y una pequeña descripción técnica. Algo elegante. Muy FIFA. Muy institucional. Muy “humanismo mexicano”.

La joya del álbum, naturalmente, sería la estampilla legendaria de Andrés Manuel López Obrador. Difícil de conseguir. Sale una vez cada mil sobres y aparece levantando el dedo, repartiendo absoluciones desde su rancho como si el Código Penal fuera una opinión personal. Categoría especial: “fundador de la nueva moral pública”. Habilidad secreta: convertir cualquier investigación criminal en complot conservador. Bonus track: desaparecer la línea entre partido, familia, gobierno y movimiento hasta volverlos una sola masa gelatinosa de poder.

A su lado aparecería la colección “Gobernadores edición sinaloense”. Rubén Rocha Moya tendría holograma. No cualquiera consigue que una captura de narcotraficantes, una guerra interna del Cártel de Sinaloa y una ola de violencia terminen rodeadas de un silencio de Morena tan obsceno. La estampilla incluye mirada cansada, conferencia evasiva y habilidad camaleónica para fingir que todo arde lejos de él aunque el humo siguiera saliendo —hasta hace unos días— desde el despacho estatal.

Américo Villarreal Anaya llegaría en la categoría “médicos milagro”. Tamaulipas, territorio históricamente capturado por estructuras criminales, terminó convertido en laboratorio perfecto del morenismo: sonrisas institucionales arriba; rumores de pactos, operadores oscuros y viejas redes debajo. Una estampilla tersa. Limpia. Como expediente recién planchado.

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Ricardo Monreal Ávila aparecería en versión “sobreviviente profesional”. El hombre capaz de militar simultáneamente en el claudismo, el obradorismo, el salinismo, el pragmatismo y la autopreservación. Su estampilla cambia de color según la luz. A veces operador. A veces víctima. A veces negociador. Siempre Monreal.

Adán Augusto López Hernández sería pieza premium de colección. Tabasco exportó cacao, petróleo y ahora un exgobernador con aroma de inteligencia opaca. Su cercanía con Hernán Bermúdez Requena —exsecretario de seguridad señalado por presuntos vínculos criminales— volvió incómodo hasta el silencio presidencial. En cualquier democracia funcional eso detonaría investigaciones feroces; aquí apenas produjo bostezos en la mañanera.

Luego vendría el paquete “Dinastías del bienestar”. Evelyn Salgado Pineda y Félix Salgado Macedonio compartirían estampilla doble, edición familiar. Padre e hija. Caudillo y heredera. Guerrero convertido en laboratorio de nepotismo tropical donde las candidaturas se heredan con naturalidad monárquica del nepotismo a ultranza, mientras la violencia consume municipios enteros. Morena abolió a los virreyes priistas para instaurar pequeñas casas reales de provincia.

Layda Sansores San Román aparecería en la sección “expedientes del Sureste”. Campeche convertida en teatro permanente de filtraciones, audios clandestinos, venganzas políticas y espectáculos semanales disfrazados de gobernanza. La estampilla incluye micrófono encendido, carpeta bajo el brazo y esa capacidad tan morenista de confundir Estado con ajuste de cuentas personal. Bonus especial: habilidad para sobrevivir cualquier escándalo envuelta en nostalgia priista y cabello rojo bandera.

Abelina López Rodríguez, alcaldesa de Acapulco, tendría categoría especial “realismo mágico financiero”. Acapulco devastado, infiltrado por grupos criminales y administrado como si el colapso fuera apenas un asunto contable menor. Muy Macondo, pero con presupuesto federal. Punto extra porque ahora resulta que iría por la gubernatura de Guerrero.

Y claro: Andrés Manuel López Beltrán. El príncipe. El heredero. El hijo convertido en —pésimo— operador político; informal, sin cargo visible, pero con puertas abiertas en cada rincón del poder. Morena pasó años denunciando familias políticas para terminar construyendo una corte dinástica donde los apellidos funcionan como credenciales de acceso. Los López Beltrán merecen página completa del álbum: contratos, negocios, amigos empresarios y esa elegante capacidad de vivir entre privilegios mientras predican austeridad franciscana desde restaurantes de lujo.

Hernán Bermúdez Requena tendría estampilla negra, edición limitada. De esas que Panini imprime casi en secreto. Exsecretario de seguridad tabasqueño señalado por presuntos vínculos criminales y protegido por una atmósfera de silencio viscoso. El tipo de personaje que en otro régimen habría provocado meses de escándalo internacional. Aquí apenas produjo un par de maromas discursivas y cambio de conversación.

Marina del Pilar Ávila Olmeda aparecería junto a Baja California convertida en corredor estratégico del crimen trasnacional. La narrativa oficial habla de transformación; la realidad fronteriza habla de extorsiones, desapariciones y territorios donde el Estado administra más de lo que gobierna.

Y luego están las estampillas de utilería propagandística: Gerardo Fernández Noroña, versión tropical del agitador profesional que convierte cualquier micrófono en riña vecinal; Luisa María Alcalde Luján, heredera de la aristocracia sindical obradorista; Mario Delgado Carrillo, coleccionista serial de escándalos electorales, campañas opacas y fotografías incómodas.

Pedro Haces Barba tendría estampilla olor cuero VIP: sindicalismo de lujo, ranchos, relaciones empresariales y ese milagro mexicano de hacerse multimillonario representando obreros.

Alfonso Romo Garza y su banca Vector saldría en edición “puente empresarial” cuestionada y ahora clausurada a las operaciones: El hombre que tranquilizaba mercados mientras el morenismo fingía odiar empresarios ricos… excepto los propios.

Rocío Nahle García y Cuitláhuac García Jiménez compartirían estampilla petrolera edición Dos Bocas. Costos inflados, opacidad monumental y una refinería transformada en monumento nacional a la improvisación presupuestal. Atrás del brillo inaugural permanece la pregunta obscena: cuánto costó realmente el sueño del autosabotaje energético. No lo sabremos. La información está reservada “por cuestiones de seguridad nacional”, categoría que la 4T usa para guardar cualquier cosa lejos del escrutinio ciudadano.

Clara Brugada Molina aparecería en la colección “continuidad absoluta”. La Ciudad de México dejó de ser capital para convertirse en patrimonio político hereditario de grupos internos, tribus burocráticas y operadores eternos. Democracia administrada como condominio cerrado.

Y luego vienen las páginas familiares. Las verdaderamente importantes. El álbum no estaría completo sin “Los Monreal”, capaces de colonizar estados completos; “Las Alcalde”, ejemplo perfecto de circulación sanguínea del poder; “Los Bartlett”, sobrevivientes profesionales desde la era jurásica priista; “Las Batres”, donde la burocracia ya parece empresa familiar; “Los Taddei”, árbitros, gobierno y estructura en un mismo paquete institucional.

Ahí estarían también los vástagos de Rocha Moya, los Nahle, los Armenta y los Salgado Macedonio: el árbol genealógico convertido en organigrama oficial de la República. Morena prometió destruir a la mafia del poder; terminó franquiciándola.

La parte verdaderamente extraordinaria del álbum no sería la cantidad de nombres. México siempre ha tenido políticos turbios. El PRI perfeccionó durante décadas el arte de convivir con caciques, empresarios favoritos y criminales útiles. La novedad morenista consiste en algo mucho más ambicioso: transformar la impunidad en virtud moral. Ya no esconden las redes familiares, los operadores oscuros ni las amistades incómodas; las presentan como parte natural de “la transformación”.

Antes la corrupción intentaba disimularse. Hoy posa para la fotografía oficial.

Y quizá ahí reside la mayor tragedia política del país: la normalización estética del deterioro. Gobernadores bajo sospecha. Familias incrustadas en el aparato estatal. Militares administrando negocios. Operadores electorales convertidos en próceres patrióticos. Funcionarios rodeados de personajes investigados dentro y fuera del país. Todo envuelto en propaganda moralizante, en escoltas pagadas con nuestros impuestos, en discursos sobre el pueblo y liturgias nacionalistas.

Un álbum mundialista, sí. Solo que aquí las estampillas no representan futbolistas. Representan el régimen que juró exterminar a la mafia del poder… y terminó convirtiéndose en su edición de colección.

Giro de la Perinola

Y la lista de impresentables ligados al crimen organizado da para un volumen II o, bien, para el álbum del próximo mundial futbolístico. Échenle un ojo:

Marina del Pilar Ávila Olmeda, Alfredo Ramírez Bedolla, Delfina Gómez Álvarez, Gerardo Fernández Noroña, Luisa María Alcalde Luján, Mario Delgado Carrillo, Enrique Inzunza Cázarez, Juan de Dios Gámez Mendívil, Audomaro Martínez Zapata, José Ramón López Beltrán, Silvia Delgado García, Géraldine Ponce Méndez, Miguel Ángel Navarro Quintero, Salomón Jara Cruz, Alejandro Armenta Mier, Clara Brugada Molina, Enrique Díaz Rodríguez, Dámaso Castro Saavedra, Jorge Almazán Cuéllar, Antonio Dionisio Morales, Juan Carlos Valenzuela, Gerardo Mérida Sánchez, Lorena Cuéllar Cisneros y Javier May Rodríguez.

Negocios de familia:

Los Inzunza

Las Batres

Los Müller

Los Rocha Moya

Las Nahle

Los Salgado Macedonio