Ciro Gómez Leyva expresó con profundo dolor e indignación que la estatua del expresidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, -antes erigida a un lado de la Calzada de los Presidentes como la de otros exmandatarios- siga en el piso…

Y sí, sigue ahí en la tierra, donde cayó. Nada crece a su alrededor, nada vivo, todo seco…

El 25 de julio de 2025, se desató una tormenta con fuertes vientos que agitaron los grandes árboles del bosque, bellezas que resguardan aquel sendero. Esta fuerza inclemente, derribó un árbol y este a su vez, embistió la efigie de Calderón, de 800 kilos y de 2.20 metros de largo. La furia de la naturaleza la arrancó de su base color sanguinolento, -esa que parecía firme y que lo mantenía en pie-, rompiéndola y, a su vez, arrancando a Felipe de ella para quedar tendido en la tierra húmeda víctima de un “daño colateral”.

Después de la tormenta, la estatua de Calderón -abatida por el viento, y por los daños que había sufrido- fue envuelta en una bolsa negra… la imagen es macabra al verlo cubierto ahí de lado, embolsado entre las sombras de los árboles.

Hoy está la efigie de Felipe al aire libre, con sus pequeñas manos entrelazadas y el traje cubierto con hojas y tierra secas… la cabeza reposa entre dos árboles que amables la custodian; la embestida fue fuerte; uno de sus tobillos tiene una visible fractura. Ahora la escultura de Calderón está boca arriba, pareciera mirar las copas de los árboles, la tierra aun no ha tapado sus facciones; la ceja levantada, esa que lo caracteriza, (alguien le habrá dicho lo hacía atractivo), y su burlona y cínica sonrisa aun son reconocibles a pesar del paso del tiempo.

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Hermoso paisaje es el de aquella ancha calzada. Los árboles frondosos y verdes brindan un vivo colorido, resaltando entre ellos el bello lila de las jacarandas; el sendero está inundado por el olor que emanan los pinos y las magnolias. El agradable recorrido se rompe de tajo cuando aparecen intercaladas las estatuas de expresidentes que, orgullosos, imploran que los admires; es inevitable sentir rechazo, más por unos que por otros. Esas esculturas de bronce rompen la armonía de la naturaleza; oscuros personajes la invaden, poses grotescas que solo reflejan la arrogancia, la avaricia, el cinismo…

López Portillo fue quien inauguró la Calzada de los Presidentes; hasta él, Díaz Ordaz, Echeverría siguen sobre sus bases… en total eran catorce, quedan trece, el número de la mala suerte, ese le correspondía a Calderón.

Ciro con dolor se pregunta en su programa:

“¿Este es el espíritu de la 4T? ¿Demoler así las estatuas, tirarlas al piso, en este caso de una sola persona y tenía que ser Felipe Calderón?...”, y la voz de su obsecuente, repite, “sí, tenía que ser Felipe Calderón...”.

“Ahhhhhh”, continua Ciro, con el entrecejo marcado: “vamos a creer que lo tiró un árbol… ya se va a cumplir un año…“, “sí, ya un año”, se oye la voz que en todo lo secunda.

“Ya se va a cumplir un año, pero dejemos la parte valorativa, a la parte subjetiva, ¡esto es i-nex-pli-cable e indeeeefeeeendible! ¿Por qué? Porque ahhh, y lo dijimos aquí, ¡esto que ocurre es una barbaridad, antes que nada! ¡Porque el gobierno, ¡nooooo es dueño de “Los Pinos”, ni del patrimonio de ahí [como] la estatua de Calderón!, es un abandono ¡inadmisible!, de sus responsabilidades y un desprecio por lo público! ¡Así cuida, porque el gobierno, porque es el gobierno federal!, ¡aquí nada que es Alessandra Rojo de la Vega o la alcaldía, ni Tabe (alcalde de la Miguel Hidalgo), ¡no hay nadie a quién echarle la culpa!… Son ¡ellos!, así, cuida el gobierno de la República los bienes públicos, el patrimonio.

¿Son ellos? ¿Ellos? Ciro ya pertenece a la élite que está exiliada en España, entre ellos su amigo Felipe Calderón.

A veces las palabras lloran… los espacios se llenan de suspiros con: “ahhh” o un “ssss”. Así es como Ciro Gómez Leyva nos hace llegar su dolor, al ver que el monumento de su amigo, Felipe Calderón sigue tumbado, en la sombra en la humedad, sin que nadie haga nada… sin que una hiedra venenosa se atreva a cubrirlo.

Calderón permanece en el lugar del derrumbe porque el Complejo Cultural de los Pinos se encuentra en un proceso de revisión para volverlo a colocar, quieren evitar que otro viento aunque sea leve, derrumbe al expresidente trece de esa frondosa calzada.

Ciro Gómez Leyva no descansa, el odio fluye, a través de sus poros…, sus palabras odian y lloran, “ahhhh… ¿por qué sigue la escultura de Felipe tirada? ¿Por qué él?”.