Ha habido una condena internacional muy amplia (La UEFA, Federación Belga, ex dirigentes de la FIFA, entrenadores, medios como AP, Reuters, El País, Le Monde, etc.) en torno a la declarada y confesada intervención de Donald Trump para que el Comité Disciplinario de la FIFA suspendiera la sanción a Balogun después de quedar habilitado para jugar contra Bélgica por una tarjeta roja. Similar indignación causo el FIFA Peace Prize que se le otorgó en diciembre de 2025: cincuenta miembros del Parlamento Europeo solicitaron formalmente al Comité de Ética de la FIFA que investigaran a Gianni Infantino por haber creado este premio y habérselo dado al presidente norteamericano.
Lo que nos parece absurdo es que la comunidad internacional e incluso los opinólogos de nuestro país se muestren fuertemente indignados ante estos hechos pero que llamen “narrativas de fraude” o “teorías de la conspiración” a las acusaciones de injerencia extranjera que se han puesto sobre la mesa ante la misma confesión de intervención en las pasadas elecciones presidenciales de Colombia por parte Trump.
Primero, abiertamente salió a hacer campaña a favor de dicho candidato de la misma manera que lo hizo para apoyar a Tito Asfura en Honduras. Después de la elección confesó su intervención: “Estaba muy abajo en la lista, no iba a ganar, no tenía chances de ganar. Lo apoyé y ganó. Me agrada el Tigre, saben por qué, porque yo le agrado”. Todo esto en medio de un evento evangélico.
La gran pregunta es ¿qué tiene que pasar para que la comunidad internacional muestre tal rechazo, como lo ha mostrado ante las arbitrariedades de la FIFA, ante las obscenas intervenciones norteamericanas e israelitas en la soberanía de las diferentes naciones?
En su tesis doctoral, Lindsey O’Rourke de la Universidad de Chicago documentó 64 intervenciones encubiertas de Estados Unidos para cambiar gobiernos entre 1947–1989. Su investigación muestra una estrategia sistemática de política exterior a través de financiamiento a oposiciones, propaganda, presión económica, golpes blandos y duros. Recientemente el secretario del Tesoro de EUA confirmó que ésta sigue siendo la estrategia de dicho país para influir en el cambio de régimen de otros países. En el 56º Foro Económico Mundial en Davos en 2026, Scott Bessent habló de las “fuertes presiones que funcionaron” en Irán para provocar manifestaciones masivas e inducir un cambio de régimen “sin disparos”. La estrategia consistió en aplicar sanciones económicas para provocar escasez del dólar y el aislamiento de Irán del sistema financiero internacional. Con esto se logró provocar una reacción de la población en contra del régimen.
Por si todo esto fuera poco, recordemos el reciente Honduras Gate en el que ex presidente de Honduras, Orlando Hernández -condenado por narcotráfico en Estados Unidos y después indultado por Trump de cara a las elecciones presidenciales- habla del diseño de una campaña para desestabilizar gobiernos considerados progresistas, como el de Colombia y México. En audios filtrados se menciona el apoyo de Estados Unidos, Israel y Argentina para crear una estructura de comunicación digital para desacreditar al gobierno mexicano mediante narrativas sobre seguridad, narcotráfico y crisis institucional ¿les suena? Concretamente se habla de una aportación de 350 mil dólares atribuida a Javiel Milei para financiar esa operación.
No obstante, estas y otras situaciones, Petro ha sido catalogado de conspiranoico con su “teoría de Fraude” (El País 6 de julio) situándolo en la misma línea del “Big Lie” desarrollado por Trump tras las elecciones de 2020 en el que mantuvo una narrativa de fraude sin evidencia suficiente. Pero volvemos a lo mismo, ¿cuánta evidencia debe haber para simplemente investigar cuando se le acusa a Estados Unidos de intervenir en elecciones? Aquí es donde se muestra un estándar completamente diferente cuando las acusaciones son en contra de otras naciones como Rusia y China.
El 6 de diciembre de 2024 el Tribunal Constitucional de Rumania, en una sentencia de solo cuatro páginas, anuló la elección presidencial de aquel país ante denuncias de injerencia rusa. Contrario a hablar de teorías de la conspiración, aquí instituciones como la International Foundation for Electoral Systems reconocen lo que no se quiere reconocer de lo que claramente ocurrió en Colombia y que cada día está siendo más estudiado en las elecciones de todo el mundo: “el uso extensivo de inteligencia artificial (IA), sistemas automatizados y campañas coordinadas de manipulación del ecosistema informativo sobre la integridad electoral, entre otros hallazgos de injerencia.” Lo cual como lo determinó el tribunal de Rumania “distorsionaron la percepción del electorado, privaron a los candidatos de condiciones equitativas de competencia y vulneraron el derecho de los votantes a emitir un voto informado.”
Con esta contundencia se repitieron las elecciones de aquel país sin permitir la participación de Călin Georgescu, quien da la casualidad de que era un candidato nacionalista muy crítico de la OTAN y de la ayuda a Ucrania. El candidato que participó en la elección extraordinaria ganador sí da la casualidad también de que sí cumplió el perfil de ser pro europeo. Llama incluso la atención que el caso ni siquiera fue admitido por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La Comisión de Venecia evitó respaldar la nulidad y se manifestó por mejorar los estándares probatorios en este rubro.
Sobre el caso de Colombia la Misión de Observación de la OEA solo hizo un “llamado a todos los actores, nacionales e internacionales, a conducirse con responsabilidad y respeto por la voluntad soberana del pueblo colombiano, que será quien determine democráticamente el futuro de su país.” Y aunque la diferencia entre de la Espriella y Cepeda fue solo de 0.98% no se abrió ninguna clase de investigación por parte del Consejo Nacional Electoral. Es de destacar que incluso un grupo de congresistas demócratas de Estados Unidos pidieron a autoridades de aquel país investigar posibles vínculos y operaciones relacionadas con de la Espriella. Ante este escenario de doble rasero la pregunta de Petro me parece legítima ¿por qué se puede anular una elección como la de Rumania con tan bajo estándar y no se puede siquiera analizar el caso colombiano con tanta evidencia y declaraciones abiertas de Trump?
Cada día hay más estudios que demuestran la manipulación emocional en redes sociales a propósito de los procesos electorales. Hay cientos de papers que hablan al respecto desde la ciencia política. La gran pregunta es ¿qué debe pasar para que las autoridades electorales se pongan seriamente a investigar esto?
En México a la comentocracia le pareció ridículo el debate sobre nulidad de elección por injerencia extranjera. Lo primero a decir es que es fue un debate un tanto absurdo si debía legislarse dado que el Tribunal Electoral no necesita una nulidad puntual porque existe la llamada nulidad de elección por violación a principios constitucionales. Lo segundo a decir es: ¿cómo les hacemos ver a quienes no les parece grave absolutamente nada de esto sobre las elecciones, pero si sobre el futbol lo que significa la defensa de la soberanía nacional?
Como advirtió Michael Walzer en Just and Unjust Wars, “toda violación de la integridad territorial o de la soberanía política de un Estado independiente se denomina agresión”; de ahí que sostenga que “la agresión es el nombre que damos al crimen de la guerra”. Hay que decirlo abiertamente, la injerencia extranjera en los procesos electorales es una declaración encubierta de guerra, un golpe de Estado blando.




