La presidenta Claudia Sheinbaum viajará a Barcelona, España, el próximo 16 de abril, para participar en un foro internacional denominado Global Progressive Mobilization o Democracia Siempre. Según se ha informado, contará con la presencia de líderes como Gustavo Petro, Luz Inácio Lula da Silva, y el anfitrión, Pedro Sánchez.
Esta clase de foros internacionales no son algo más que espacios para la colaboración en distintos temas principales. Si bien no suelen conducir inmediatamente a acuerdos concretos, sí que sirven como impulso político para que los respectivos ministerios inicien conversaciones con miras a la concreción de proyectos específicos.
Ha llamado poderosamente la atención la referencia al “progresismo” y a la “democracia”. Resultaría interesante preguntarle a Sánchez qué entiende por democracia. Sin embargo, el caso español merece una atención por separado, y ahora me referiré a México.
La presidenta Sheinbaum y los obradoristas se jactan de ser “progresistas”. En el sentido contemporáneo de este término, se entiende como progresismo, en términos generales, a la corriente política cercana a la socialdemocracia que busca, ante todo, otorgar mayores libertades individuales. Un gobierno progresista pretende perseguir objetivos que conduzcan a aumentar el poder de los ciudadanos, en detrimento de las competencias del Estado.
¿Qué buenas prácticas progresistas podrá compartir Sheinbaum a sus homólogos? ¿La prohibición de los vapeadores a nivel constitucional, el desmantelamiento del juicio de amparo, la captura del Poder Judicial, la eliminación de los gobiernos autónomos, la reforma que hace posible que una institución del Poder Ejecutivo pueda congelar cuentas sin juicio previo, la violación de la Convención Interamericana en relación con la prisión preventiva oficiosa, la reducción de la inversión en salud y educación, o tal vez, la cláusula de “supremacía constitucional” que hace imposible que una minoría recurra a una controversia si la mayoría comete violaciones en el proceso? ¿O tal vez querrá dedicar un tiempo para hablar sobre los “avances democráticos” como el fraude de la sobrerrepresentación cometido en 2024?
No, por lo contrario, el obradorismo es la antitesis de un gobierno progresista. Lejos de haber pretendido extender los derechos de los ciudadanos frente a posibles abusos del Estado, ha aumentado el tentáculo del gobierno en detrimento de las posibilidades de los mexicanos para defenderse.
La presidenta Sheinbaum podrá repetir en España lo que todos los días anuncia en sus conferencias mañaneras. En sus propias palabras, México es la mejor democracia del mundo. Se equivoca. En contraste, ha sido testigo del mayor retroceso democrático y en materia de salvaguarda de los derechos humanos en los últimos años de la historia del país. ¿Reunión de líderes progresistas? Difícilmente.



