En Davos, Suiza, el gran tema de debate —además de Donald Trump / Groenlandia— es la inteligencia artificial: ¿Representa un peligro para la civilización? ¿O, de plano, no es para tanto y debemos ya considerarla simple y sencillamente un instrumento más para incrementar la productividad y hacer menos complicada la vida cotidiana? Ya se pondrán de acuerdo los capos de las finanzas globales.

Mientras tales personas discuten, usaré la inteligencia artificial para exhibir a gente tramposa del análisis político.

Pedí a Gemini, de Google, analizar el párrafo final del artículo de hoy, en Milenio, de Héctor Aguilar Camín, con base en la politología y en la física de los cristales de nieve.

Dijo Aguilar Camín: “He aquí la tragedia de México: en el régimen político creado por Morena, el crimen organizado es un componente necesario de la sangrienta estabilidad que vive el país”.

La física de los cristales de nieve y la politología prueban que el análisis de Aguilar Camín es pésimo; también, describen el reto que enfrentan la presidenta Claudia Sheinbaum y su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.

Las columnas más leídas de hoy

La memoria del cristal (el pasado: Felipe Calderón)

Un copo de nieve no tiene su forma por azar; su estructura final depende de todo el camino que recorrió desde las nubes hasta el suelo. Si en el inicio el cristal se topó con aire sucio (el fraude de 2006 y la irrupción de Genaro García Luna), esa impureza se queda grabada en el núcleo del cristal. No se puede entender la forma del cristal hoy sin mirar el polvo que lo originó.

El crecimiento por capas (la acumulación). Los cristales de nieve crecen por simetría y repetición. Una vez que se establece un patrón de violencia y corrupción, el sistema tiende a repetirlo para sobrevivir. La estabilidad sangrienta de la que habla el texto de Milenio caracterizó al sistema desde la guerra contra el narco de Calderón. Es simplemente el cristal de nieve que terminó de formarse sobre una cultura que en 2006 se pensaba superada: la del fraude electoral.

Aguilar Camín no entenderá

El colaborador de Milenio es lego en ciencia. Posee cultura, pero jamás se interesó en física, química, matemáticas... La presidenta Claudia Sheinbaum, científica de primer orden, podría darle a Aguilar Camín algunas lecciones elementales para que, en el futuro, redacte textos sensatos sobre lo que ocurre en la política, y ya no alegatos a favor del fanatismo ideológico.

Aguilar Camín no describe un fenómeno; utiliza una estructura narrativa de tragedia. Apela a una respuesta emocional y moral del lector. Su finalidad no es que entendamos el fenómeno de la inseguridad, sino que lleguemos a la conclusión de que el régimen actual es moralmente responsable de una alianza con el crimen, algo que no demuestra de ninguna manera.

‘Estabilidad sangrienta’ es una expresión efectista que se acerca más a un oxímoron retórico que a una categoría académica rigurosa. ‘Estabilidad’ y ‘sangriento’ son conceptos opuestos. Al unirlos, Aguilar Camín crea una etiqueta fácil de recordar que funciona solo como eslogan político diseñado para estigmatizar al gobierno actual.

¿Y el inicio de la avalancha?

En textos como el de Aguilar Camín, olvidar el caso de Calderón y García Luna no solo es un error histórico, sino que debilita la profundidad del análisis, que pierde objetividad.

Aguilar Camín describe la relación entre política y crimen como una ‘tragedia de Morena’, pero al omitir a García Luna y a Calderón ignora que el modelo de protección institucional a las mafias alcanzó niveles de secretaría de Estado en el gobierno que declaró la fallida guerra contra el narco.

García Luna no fue un funcionario menor: fue el arquitecto de la seguridad con Calderón. Se le sentenció en EEUU por proteger al Cártel de Sinaloa mientras simulaba combatirlo. Sin este antecedente, el análisis de Aguilar Camín parece sugerir que el problema nació con el gobierno actual, lo que es absolutamente falso.

La omisión es grave porque García Luna representa la prueba de que la guerra contra el narco fue, en gran medida, una herramienta para favorecer a un grupo criminal (Sinaloa) sobre otros. Al ignorar el pasado, el analista muestra memoria selectiva, lo que refuerza la idea de que su texto busca el ataque político, no la comprensión del fenómeno criminal.

Aguilar Camín, al enfocarse únicamente en el presente, pretende dañar al gobierno en turno. No es ético ignorar que el crimen organizado se incrustó en las instituciones hace décadas, con García Luna como su ejemplo más extremo de éxito.

La bola de nieve

En el análisis político, hacer a un lado el momento de inercia (la fuerza inicial que pone en marcha el desastre) invalida cualquier conclusión sobre el estado actual de la avalancha.

El pecado de origen. La estrategia de 2006 no nació de un diagnóstico de seguridad, sino de una necesidad de legitimidad política. La guerra contra el narco fue el mecanismo para que Felipe Calderón intentara obtener mediante la fuerza, la legitimidad que no le dieron las urnas. Al omitir esto, Aguilar Camín presenta la violencia como un diseño de Morena, cuando en realidad es el resultado de un sistema fracturado deliberadamente hace dos décadas para apuntalar una presidencia cuestionada.

El factor García Luna: La institucionalización del narco

En la actualidad, analizar el tema sin nombrar a García Luna es, por decir lo menos, intelectualmente deshonesto.

García Luna no fue un error de administración; fue el diseño del Estado durante seis años. Su condena en Estados Unidos por narcotráfico prueba que Calderón no estaba combatiendo al crimen, sino que su gobierno se convirtió en un brazo operativo del Cártel de Sinaloa.

El efecto alud: Aquella colusión destruyó la confianza en las instituciones y atomizó a los grupos criminales. Lo que Aguilar Camín llama estabilidad sangrienta hoy, es el manejo de las cenizas de un tejido social y de seguridad que García Luna y Calderón incendiaron.

Cuando un analista elige empezar a contar la historia desde el capítulo 5 (el presente), está ocultando las causas de raíz (capítulo 1).

Sin un principio, no habría alud: sin el desmantelamiento de los controles civiles y la militarización apresurada de 2006, no tendríamos la configuración criminal actual.

Usar términos como ‘régimen creado por Morena’ ignora que el crimen organizado ya era un actor político con capacidad de veto y control territorial mucho antes de 2018.

¿Es grave este olvido? Es crítico. Un análisis que ignora que el superpolicía del pasado era un empleado del narco no busca solucionar el problema, sino asignar culpas partidistas. Al borrar a Calderón y García Luna de la ecuación, se exime de responsabilidad a quienes soltaron la primera piedra de la avalancha y se pretende que el desastre actual ocurrió en un vacío histórico.

El momento de inercia

Para analizar el momento de inercia de la guerra de Calderón podemos usar conceptos fundamentales que explican por qué, una vez que se suelta la piedra, es casi imposible detener el alud.

La inercia es la resistencia de un cuerpo al cambiar su estado de movimiento. En 2006, México tenía una inercia de baja intensidad criminal. Al lanzar su guerra contra el narco, Calderón cambió el momento de inercia del Estado.

La masa creció: se crearon nuevas instituciones, se militarizó el presupuesto y se multiplicaron los grupos criminales (fragmentación).

Como el sistema desde 2006 giró bajo la lógica de la guerra, frenarlo requiere una fuerza opuesta colosal.

Existe lo que se conoce como momento lineal: el producto de la masa (cantidad de armas, dinero y hombres) por la velocidad (frecuencia de los enfrentamientos). Si García Luna usó la fuerza del Estado para golpear solo a unos cárteles, no eliminó el momento, solo lo redireccionó y lo aceleró.

Cuando la masa de criminales crece porque el sistema se vuelve una opción económica, y la velocidad de la violencia aumenta, el impacto total se vuelve imparable. Aunque se intente bajar la velocidad (abrazos, no balazos), si la masa sigue creciendo, el sistema sigue teniendo una fuerza destructiva enorme.

La teoría del caos: el efecto mariposa de 2006

Los sistemas sociales son sistemas dinámicos no lineales. Esto significa que una pequeña variación en las condiciones iniciales puede causar desastres masivos a largo plazo.

Si en la ecuación inicial de la seguridad se introduce la variable de que el jefe de policía (García Luna) trabaja para el enemigo, el resultado no es una suma, sino una exponencial de violencia.

El fraude electoral fue la chispa que alteró la condición inicial. Para compensar esa falta de equilibrio político, se inyectó energía (ejército) a un sistema que no estaba listo, creando una turbulencia que 20 años después sigue sin estabilizarse.

Física para la tragedia

Calderón puso la energía potencial (la nieve acumulada en la cima). García Luna le dio el empujón inicial (dirección y aceleración). Hoy, lo que vemos es la fricción de una masa de nieve gigante que es muy complicado detener solo con voluntad política, porque su inercia es muchas veces mayor que la fuerza de los frenos institucionales.

El punto de retorno

Para que el plan de Claudia Sheinbaum ejecutado por García Harfuch sea un verdadero punto de retorno, tiene que actuar como un sistema de frenado dinámico que contrarreste la inercia acumulada durante dos décadas. Es lo que está intentando la presidenta, desde luego enfrentando retos enormes.

Cambio de vector: de la fuerza bruta a la inteligencia

Si la guerra de Calderón fue un vector de fuerza perpendicular (choque frontal que generó más chispas y fragmentación), la estrategia de Sheinbaum busca ser un vector de precisión.

La ecuación de la inteligencia: En lugar de aumentar la masa del conflicto (más soldados), la presidenta busca identificar los nodos críticos de la red. Si se elimina el nodo central de una red criminal (finanzas o logística), esta pierde conectividad de forma exponencial, no lineal.

El factor reforma judicial: la estrategia de Sheinbaum busca aplicar aceite en los engranes oxidados de la judicatura para que la fuerza del Estado no se desperdicie en detenciones que no terminan en sentencias.

La fricción necesaria: recuperación del tejido social

Para detener un alud no basta con poner una pared (que puede romperse); se necesita aumentar la fricción del terreno para que la nieve pierda velocidad por sí misma.

Programas sociales como fricción: La apuesta de Sheinbaum es que, al dar alternativas económicas, se reduce la masa de nuevos reclutas que alimentan la bola de nieve.

Pero frenar una masa gigante requiere tiempo y distancia. Los efectos de los programas sociales tardan años en verse, mientras que la violencia del crimen organizado actúa en milisegundos. Así que se tiene que ir también a la estrategia policiaca.

El riesgo del punto de ruptura

Existe un concepto en ingeniería llamado fatiga de materiales. Tras 20 años de guerra, las instituciones policiales y el tejido social en estados como Sinaloa o Guerrero presentan fatiga.

Si el plan de Sheinbaum se enfocara solo en descabezar (como en los tiempos de Calderón), podría causar más fragmentación. Y, ya se sabe, fragmentación es igual a más caos: un cártel grande es un sistema predecible; diez células pequeñas son un sistema caótico. El reto es someter a los grupos sin causar una explosión de violencia descontrolada.

¿Estamos realmente en un punto de retorno?

Para que lo sea, el Estado debe demostrar que ya no hay empleados del narco en las altas esferas. Para ello se necesita un sistema de justicia civil sólido, y se está construyendo. Este sería el freno permanente que México no ha tenido desde 2006. Objetivamente hablando en eso está Claudia Sheinbaum.

Para cambiar un cristal de nieve, no se puede simplemente golpearlo (eso solo lo rompe en mil pedazos más pequeños y peligrosos, como ocurrió con la fragmentación de los cárteles). Se tiene que cambiar la temperatura y la presión del entorno.

El plan Sheinbaum: Inteligencia e investigación buscan ser ese cambio de temperatura que derrita la estructura criminal desde adentro, en lugar de intentar romperla a martillazos.